El crimen del presidente de Haití continúa envuelto en el misterio, sostienen que es probable que nunca se se sepa cómo fue

Joe Parkin Daniels, Tom Phillips

Bogotá, Colombia / Rio de Janeiro, Brasil —

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Giovanna Romero recuerda a su esposo, Mauricio, como un padre cariñoso que llamaba a la casa todas las noches cuando se encontraba por obligaciones de su trabajo fuera del país. Y así lo hizo, como acostumbraba, la noche del 6 de julio, desde un lugar que no logra tener presente con exactitud, para recordarle a ella y a sus hijos que los amaba y que se cuidaran.

“Volveré a llamar pronto”, prometió el soldado colombiano retirado, una promesa que nunca más podría cumplir.

La siguiente vez que Giovanna vio a su marido fue en las primeras horas del 9 de julio, por las imágenes de un video espantoso y devastador que fue enviado al teléfono móvil de su hija.

El video mostraba el cadáver del hombre de 45 años tendido en una calle, a unos 1600 kilómetros al norte de la ciudad capital de Haití, Puerto Príncipe. Se lo consideraba uno de los tres presuntos asesinos colombianos abatidos a tiros, después de que supuestamente asaltaron la casa y mataron al presidente de Haití, Jovenel Moïse.

“Fue entonces cuando todo esto comenzó a apoderarse de nuestras vidas”, dijo Romero, luchando por contener las lágrimas mientras rememoraba la última conversación telefónica con su marido, quien – ella insistió- no había hecho nada malo. “Ninguna persona puede imaginar lo difícil que es una situación como esta hasta que la atraviesa”, agregó. 

Giovanna Romero no es el única que sigue luchando por comprender los motivos y los autores intelectuales del asesinato de Moïse, que ha sacudido a la sociedad haitiana y ha causado conmoción en todo el mundo. Los investigadores en Colombia, Haití y EEUU estaban esta semana estudiando detenidamente el misterio que rodea a este asesinato internacional cada vez más desconcertante. Los supuestos perpetradores incluían más de 20 pistoleros a sueldo de Colombia; un ex guerrillero haitiano; un contrabandista de cocaína condenado e informante de la DEA llamado “Whisky”; un evangelista radicado en EEUU que sueña con convertirse en presidente de Haití; y una empresa de seguridad de Miami que aparentemente tomó su nombre de la serie de televisión 24 cuyo protagonista es un agente de contra terrorismo, Jack Bauer, que lucha contra los hombres malos en el mundo.

Horas después de que Moïse fuera asesinado a tiros en su dormitorio, en la madrugada del 7 de julio, uno de sus vecinos comparó la trágica saga  con una novela de Agatha Christie. Una semana después, el suceso se parece más a las ficciones de suspenso del escritor británico Frederick Forsyth.

Es un gran enigma”, dijo Robert Fatton, especialista en política haitiana en la Universidad estadounidense de Virginia que ha estado rastreando la trama policial con creciente perplejidad. “Cuanto más escucho las noticias contradictorias, más creo que nunca sabremos quién diablos hizo esto ... Tu conjetura es tan buena como la de cualquiera. Estamos en una situación completamente extraña”.

Las autoridades haitianas han afirmado que el enigma a resolver  gira en torno a Christian Emmanuel Sanon, un pastor de Florida nacido en Haití de 63 años quien, según dicen, voló al país caribeño el mes pasado en un jet privado.

La policía sostiene que Sanon tenía “objetivos políticos” que pretendía lograr y reclutó a una banda de hombres armados colombianos de una empresa de Florida llamada Counter Terrorist Unit Federal Academy, en aparente referencia al escenario ficticio de Jack Bauer en el drama televisivo 24. El viernes, The Washington Post informó que Sanon había esperado liderar una reconstrucción multimillonaria de su patria golpeada por la crisis, cuya historia moderna es un tapiz de desastres tanto naturales como provocados por el hombre, y estaba alentando una revuelta popular que obligaría al impopular presidente de Haití a abandonar el poder.

Sin embargo, muchos se muestran escépticos sobre la narrativa que se desarrolla en torno a Sanon, quien, según informes, ha negado su participación en el asesinato del presidente haitiano, que es el primero después del perpetrado al presidente Vilbrun Guillaume Sam en 1915, que abrió las puertas a la ocupación de EEUU por 19 años.

Fatton consideró que era “una locura” imaginar que una figura anónima como Sanon podría haber estado en condiciones de convertirse en el líder de Haití. “¿Por qué elegir a este tipo, que es completamente desconocido en los círculos políticos de Haití?” preguntó.

“Hay muchos haitianos en la diáspora que realmente creen que tienen la misión de salvar al país, pero nadie los toma muy en serio porque no tienen una base política y no tienen un partido político ”, él aclaró.

Fatton manifestó que su creciente percepción era que el asesinato había sido un trabajo interno encargado por “personas dentro de Haití que tenían algún tipo de interés en deshacerse de Jovenel Moïse”.

Fulton Armstrong, un experto en Haití de la American University en Washington DF, que dirigió la sucursal de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a principios de la década de 1990, aseguró que según su instinto el crimen era obra de lo que los funcionarios estadounidenses una vez llamaron las ERM de Haití: “las élites moralmente repugnantes”.

“Por lo general pienso en ellos como los patrocinadores y los guiños y asentimientos de la mayoría de las conspiraciones [en Haití]. Realmente tienen la capacidad de mover las cosas ... para comprarlas, producir comunicaciones, fabricar armas”, dijo, antes de admitir: “Pero, esto es un tiro en la oscuridad”.

En ausencia de hechos concretos, se ha difundido una profusión de teorías, incluidas afirmaciones sensacionalistas, que la policía haitiana ha descartado rápidamente, de que el arquitecto del magnicidio era de hecho uno de los principales políticos de Haití.

El miércoles, la emisora ​​colombiana Caracol comunicó que los investigadores sospechaban que el primer ministro interino de Haití, Claude Joseph, había ordenado el ataque y había asistido a una reunión con los presuntos asesinos de Moïse en las semanas previas a su muerte. El jefe de policía de Haití, Léon Charles, calificó la noticia como “una mentira”, mientras que su homólogo colombiano, el general Jorge Luis Vargas, afirmó que no tenía información que sugiriera que Joseph estaba involucrado.

El viernes, el general Vargas informó que los investigadores sospechaban que Joseph Félix Badio, un ex funcionario del Ministerio de Justicia de Haití, pudo haber ordenado el asesinato, por razones que aún no están claras.

En Haití, mientras tanto, hubo informes de que el exjefe de seguridad de Moïse, Dimitri Hérard, estaba recluido en régimen de aislamiento en medio del desconcierto de que ni uno solo de los guardaespaldas del presidente había resultado herido durante la redada mortal.

Giovanna Romero, de 43 años, todavía está luchando por comprender la muerte de su esposo, quien dejó su hogar en el sur de Colombia a principios de junio después de recibir una oferta de trabajo “totalmente legal” de parte de una ex colega del ejército llamada Dubernay Capador.

Romero sostuvo que Capador, una mujer de 40 años que también fue asesinada en Haití, le prometió a su esposo un trabajo como guardaespaldas que “podría conducir a cosas más grandes”. Después de empacar en un bolso bermudas y camisetas, Romero partió hacia el aeropuerto y voló a República Dominicana, desde donde viajaría por tierra a Haití.

El viernes, el jefe de policía de Colombia dijo que los investigadores creían que Capador y un segundo colombiano llamado Germán Rivera sabían muy bien que su misión era matar al presidente de Haití, por razones que aún no tienen respuesta.

Sin embargo, Romero insistió en que su esposo era inocente. “Mauricio -como seguramente te dirán los que lo conocen- nunca fue capaz de involucrarse a sabiendas en todo eso. Era un buen hombre”, insistió, pidiendo una investigación internacional sobre un crimen que ha trastornado su vida y ha desconcertado al mundo.

“Son las manchas las que duelen ... pero no tengo tiempo para llorar. Tengo que seguir adelante. La prioridad es que [su] cuerpo regrese a territorio colombiano”, dijo Romero. “Una vez que esté aquí, tal vez el nudo en mi garganta desaparezca”.