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PERFIL

Ali Larijani, el político pragmático de Irán que más negoció con Europa

Ali Larijani, en septiembre de 2025, en Teherán.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —

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Hace ahora dos décadas, Ali Larijani pasaba horas y horas de conversaciones con Javier Solana, entonces jefe de la diplomacia de la Unión Europea. En Viena, en Bruselas, en Ginebra, el iraní era la esperanza de una solución diplomática para frenar el programa nuclear de Irán y llegar a un pacto con Estados Unidos. No sucedería hasta el final del segundo mandato de Barack Obama, pero en aquellos años de transición Larijani era la principal vía para mantener el diálogo abierto.

En Bruselas, Larijani tenía entonces fama de fino y muy cortés diplomático. Las negociaciones en 2006 avanzaban lentas a la espera de un contacto directo con Washington, pero estaba claro que el negociador nuclear era el mediador pragmático que necesitaban los europeos y los estadounidenses. Sus intentos de llegar a un compromiso le llevaron a un enfrentamiento con parte del régimen iraní entonces.

El Ministerio de Defensa israelí asegura ahora que mató a Larijani en un ataque nocturno este martes en Teherán. Irán todavía no respondió a este anuncio de manera oficial, pero dos altos cargos iraníes aseguraron al New York Times que creían que Larijani estaba muerto. Si se confirmara la muerte de Larijani, el régimen de Teherán habría perdido uno de sus posibles negociadores para acabar con la guerra.

Alí Larijani y Javier Solana, en Roma, en octubre de 2007.

Imagen de moderado

Después de una carrera presidencial fallida en 2005, Larijani endureció algunas de sus posiciones para intentar integrarse mejor en el régimen, pero conservó la imagen de moderado frente al entonces presidente Mahmud Ahmadinejad, a quien criticaba por las formas, más que por las políticas duras. 

Larijani fue esquinado por Ahmadinejad, pero decidió presentarse al Parlamento en 2008, donde fue presidente desde entonces y hasta 2020, y siguió siendo una voz reconocible en el exterior. Seguía teniendo conexión con los europeos. Visitó España dos veces, como negociador y como portavoz del Parlamento.

En las entrevistas con la prensa occidental, Larijani hablaba sobre todo de la prosperidad económica que quería para Irán. Su país tenía la capacidad de convertirse “en una sociedad con confianza en sí misma y un nivel aceptable de bienestar para todo el mundo”, según decía en 2008, en una entrevista en el Financial Times. Sus ideas pasaban por tener más expertos y menos ideólogos a cargo de los problemas del país, y se presentaba como un centrista que estaba de acuerdo en algunos puntos con reformistas y fundamentalistas.

Entonces, al final de la Presidencia de George W. Bush, Larijani mostraba cierto optimismo sobre la vuelta del multilateralismo y comentaba cómo ya se notaba otro tono en los candidatos a las presidenciales de Estados Unidos en 2008, Obama y el republicano John McCain. “No tienen otra opción. Quieren restablecer relaciones con los países en la región que están muy enfadados con Estados Unidos”, decía Larijani, que esperaba que Irán jugara un papel para la paz.

Ya con el Gobierno de Obama como interlocutor, Irán firmó acuerdos con Estados Unidos sobre su programa nuclear en Lausana y en Viena en 2015, y esto abrió una nueva etapa que se truncó la llegada de Donald Trump al poder.

Gobernante de facto

El consejo de los ayatolás no dejó a Larijani ser candidato a las elecciones presidenciales en 2021 y en 2024, en parte por sus conexiones y las de su familia con Estados Unidos. Pero, dada su capacidad de camaleón para tratar con distintas facciones, en verano de 2025 fue nombrado como líder del clave Consejo de Seguridad Nacional. En enero de este año, fue el encargado de la represión violenta de las últimas protestas ciudadanas y luego de intentar contener la ira popular por las torturas y ejecuciones, con al menos 3.000 muertos (algunas organizaciones civiles estiman que los muertos pudieron ser hasta diez veces más). El New York Times verificó videos de fuerzas policiales disparando contra los manifestantes y otros ejemplos de brutalidad. Las órdenes las daba el ayatolá y las ejecutaba el Consejo de Seguridad liderado por Larijani.

Desde febrero, tras el ataque de Estados Unidos e Israel, Larijani era el gobernante de facto de Irán, a costa del actual presidente, el más moderado Masoud Pezeshkian.

“El líder supremo tenía total confianza en él. Viene de una destacada familia de clérigos cercana incluso al ayatolá Jomeini”, explican fuentes iraníes a elDiario.es. “No es comparable a la figura del líder supremo actual o el anterior porque tiene una posición religiosa, pero su posición está al nivel del presidente o presidente del poder judicial... Un líder político único, muy sabio”. Estas fuentes no confirman la muerte de Larijani, según informa el periodista Javier Biosca.

Si bien salió en televisión para decir que Estados Unidos “pagaría” por el ataque que mató al ayatolá Ali Jamenei y ha cuestionado varias veces “la inteligencia” de Trump, Larijani seguía siendo una figura con la que Washington habría podido negociar. Él tomó la iniciativa hace un año, poco después de la toma de posesión de Trump, para pedir la reapertura de negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. A la vez, también fue él quien canceló en octubre la cooperación con el Organismo Internacional de la Energía Atómica, que hacía informes periódicos sobre la capacidad de Irán de fabricar una bomba nuclear.

Larijani se había opuesto ahora a la elección de Mojtaba Jamenei como líder supremo y había presionado a los clérigos para que escogieran a alguien más moderado que pudiera cosechar más apoyo popular y diplomático, según el New York Times.

Larijani, nacido en 1958 en Irak, provenía de una familia de clérigos privilegiados. Su padre y su abuelo fueron ayatolás. Él hizo una carrera secular y estudió Filosofía y Matemáticas en la Universidad de Teherán. Era un especialista en el filósofo alemán Immanuel Kant, sobre el que escribió su tesis doctoral y varios libros.

Su familia siempre ha estado más conectada con el exterior que otras figuras del régimen. Su hija, Fatemeh, médica y ciudadana británica, terminó la especialización en la Universidad estatal de Ohio, en Estados Unidos, y ahora daba clase como neurocientífica en la Universidad de Emory, en Atlanta. Este enero, fue despedida después de las protestas en el campus de iraníes-estadounidenses por la represión liderada por su padre. Grupos de iraníes en el exilio denunciaron la “hipocresía” de varios familiares de Larijani y de otras figuras del régimen que viven una vida cómoda en Estados Unidos y el Reino Unido.

Para los europeos, Larijani seguía siendo un posible interlocutor aunque su retórica sonara ahora más dura que la de hace años. Lo que siempre tuvo claro fue su mensaje a Estados Unidos de que su país no era fácil de conquistar ni de convencer. “Irán no es un juego de niños. Irán es un rival duro”, decía Larijani en 2008. “No es Irak”.

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