Un baño para 500 personas: las enfermedades se propagan en la población hacinada en el sur de Gaza

Ruth Michaelson

0

Haneen Harara se despierta todas las mañanas en Rafah, situada al sur de Gaza, pensando en las largas colas y aglomeraciones que se interponen entre ella y los productos básicos de supervivencia: comida, agua y atención médica.

Harara es cineasta y trabaja para una ONG neerlandesa. Se considera afortunada porque ella y 15 familiares llegaron a Rafah, en la frontera con Egipto, a tiempo para encontrar una casa en la que alojarse. Muchas otras personas tuvieron que refugiarse del frío invernal en carpas que se llenan de agua cada vez que llueve, ya que la ciudad se vio desbordada por la llegada de desplazados que huyen al sur.

“No tenés la sensación de que tu casa sea un lugar cómodo”, explica. “No es nada fácil encontrar refugio. Muchas personas viven en carpas que no ofrecen ninguna protección y que se llenan de agua de lluvia”.

Decenas de miles de personas se agrupan en torno a las escuelas y clínicas de Rafah gestionadas por la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), en un esfuerzo desesperado por encontrar refugio.

En los últimos días, algunos de los principales donantes internacionales de la UNRWA, entre ellos, Estados Unidos y Reino Unido, suspendieron la financiación a la agencia después de que Israel acusara a 12 empleados locales de la UNRWA de haber participado en los ataques de Hamas del 7 de octubre en los que murieron unas 1.200 personas y cientos fueron tomadas como rehenes.

La ONU abrió una investigación y despidió a nueve de los trabajadores. El director de la UNRWA, Philippe Lazzarini, indicó que la suspensión de fondos es “chocante” ya que las acusaciones se dirigen hacia un reducido grupo de trabajadores de la organización, que cuenta con 13.000 empleados. La agencia, el principal actor humanitario en Gaza, también proporciona alimentos, harina y servicios de saneamiento y desalinización a los palestinos de este territorio.

Incluso antes del actual conflicto, Gaza estaba considerada uno de los lugares más densamente poblados de la Tierra. Desde el 7 de octubre, los bombardeos y las campañas terrestres israelíes obligaron a la población palestina a desplazarse hacia el sur, lo que provocó un grave hacinamiento en Jan Yunis y Rafah.

Los testigos describen masas de personas que huyen utilizando cualquier medio que encuentran, con vehículos tan abarrotados que viajan con todas las puertas abiertas para que quepan más personas.

Antes de la guerra, Rafah, una pequeña ciudad de apenas 150 kilómetros cuadrados y empobrecida incluso para los estándares de Gaza, albergaba a unas 250.000 personas. La semana pasada, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) en Gaza informó de que más de la mitad de la población del territorio de 2,3 millones de personas se encuentra en Rafah.

Rafah como cuarto destino

La ciudad fronteriza no se libró de los ataques aéreos de Israel. Uno de ellos mató este mes a 16 miembros de una misma familia de desplazados. Los supervivientes contaron que antes de llegar a Rafah, se habían visto obligados a huir en otras tres ocasiones.

Harara, que huyó a Rafah hace unas semanas, explica que cuando llegó, 15 familiares se alojaban en una misma habitación. “Madres, padres, padres e hijos, con un solo cuarto de baño. Considerábamos que las cosas iban bien dadas las circunstancias”, cuenta. “Al cabo de cinco días nos vimos obligados a evacuar de nuevo, ya que había intensos bombardeos y sentíamos que corríamos peligro. Mi padre empezó a buscar un nuevo refugio, un nuevo hogar, cualquier cosa para escapar de los bombardeos, los misiles y las bombas. Ningún lugar es seguro en Gaza”.

Finalmente llegaron a casa de unos amigos de la familia, que les ofrecieron un lugar donde quedarse. Harara se tranquilizó, aunque la situación continúa empeorando en la ciudad. El hacinamiento en las calles, además de las colas de varias horas para conseguir comida y agua, provocaron que las enfermedades se propaguen rápidamente. Recientemente, las autoridades sanitarias locales informaron de un rápido brote de hepatitis A, una enfermedad que se contagia por contacto cercano.

“El primer paso para detener el brote es aislar al paciente, pero esto no es físicamente posible”, dice Tamara Alrifai, responsable de comunicación de UNRWA. “En los refugios donde la población desplazada vive hacinada o en los campamentos que se fueron improvisando a su alrededor, aislarlos no es una opción”.

El hacinamiento constante, que implica que miles de personas compartan unas pocas duchas y aseos, exacerbó los brotes de enfermedades cutáneas como la sarna y los piojos, agravadas por la imposibilidad de ducharse. “Nuestras últimas cifras muestran que por cada 2.000 personas hay una unidad de ducha, y 500 personas por cada aseo”, dice Alrifai.

“No hay metros cuadrados para montar carpas”

El doctor John Kahler, de la organización MedGlobal, que se fue de Gaza esta semana tras abrir una clínica en Rafah, indica que a diario ve aglomeraciones de hasta 700 personas frente a las puertas de su consulta. Calcula que trata a unos 140 niños al día, una parte minúscula de la población que necesita atención médica.

“Nuestra consulta estaba en la carretera de la playa, al oeste de Gaza. Cuando llegamos había carpas, pero quedaba espacio. Cuando nos fuimos, dos semanas más tarde, no había metros cuadrados disponibles para armar una carpa. La gente llegaba, fila tras fila de personas desesperadas, en carros tirados por burros y en coches cargados hasta los topes”, relata. “Era desgarrador. Vi a gente mirando un vertedero tratando de averiguar si podían despejar el espacio para armar una carpa para una familia de seis personas”.

Escasean los materiales de construcción, incluso los refugios más básicos. A medida que los soldados israelíes avancen sobre Jan Yunis, unos 10 kilómetros al norte, se espera que en los próximos días lleguen decenas de miles de personas más.

Según Alrifai, la semana pasada, varios miles de personas refugiadas en el complejo de la UNRWA en Jan Yunis comenzaron a desplazarse hacia el sur. Señala que en Rafah la población ya vive en condiciones de hacinamiento y que falta espacio para refugios y carpas. “La gente empezará a llegar a Rafah y se quedarán literalmente en la calle”, dice. “Lo estoy viendo en grupos de WhatsApp en los que compañeros llegan y preguntan dónde encontrar lonas de plástico o incluso una carpa. Mires donde mires ahora hay gente viviendo en la calle y en refugios improvisados”.

Traducción de Emma Reverter.