Panorama Político
Milei y Bullrich se miden: el que parpadea pierde
Patricia Bullrich presta el oído a diario. Los mensajes llegan en primera persona o vía terceros, en sus oficinas, su despacho en el Senado, cafés o salones VIP. Voces de la Asociación Empresaria Argentina, ejecutivos de Vaca Muerta, dueños de medios, banqueros, influyentes de las ONG liberales y estamentos judiciales deslizan que “el rumbo” está en riesgo con Javier Milei y le piden que presente su candidatura presidencial.
La senadora comparte con Javier Milei la capacidad de leer el escenario y activar el juego corto. No sólo reaccionan ante los acontecimientos, también los provocan.
Más de una vez durante seis décadas de vida pública, Bullrich pareció quedarse sin nada o tuvo que retroceder casilleros. Sobrevivió a su propia temeridad.
En cambio, el émulo de Eliseo apenas lleva diez años en política. Avanza a los empujones, ensordece con sus gritos e insultos, lo acompaña el viento de la historia, cuenta con padrinos a los que les entregó áreas enteras del Gobierno, pero nunca abandona la cornisa.
La economía entró en recesión luego de tres años de motosierra cruel sobre los que menos tienen y ni siquiera está garantizado lo que se supone que es el fuerte del ultra: el financiamiento externo para mantener calmo al dólar en el año electoral. El ambiente está siempre alterado. Si no se habla de una grosería de Milei o del 3% de Karina, surge una estafa con una cripto, o Adorni, o Espert, o Santiago, o los Menem. El círculo rojo está preocupado.
El émulo de Eliseo apenas lleva diez años en política. Avanza a los empujones, ensordece con sus gritos e insultos, lo acompaña el viento de la historia, cuenta con padrinos a los que les entregó el Gobierno, pero nunca abandona la cornisa
La virtud de la gambeta en el juego corto porta su contracara. A Milei y a Bullrich los gana la ansiedad. Aunque son conscientes de que a ninguno le conviene quedar como autor de la ruptura, ambos escapan al consejo de sus mesas chicas de ir con el freno de mano puesto y no acelerar los acontecimientos, a la espera de que el rival se equivoque.
Los Hermanos Milei barajaron algunos meses la idea de avanzar a 2027 con Bullrich arriba del barco, y así ampliar la potencialidad electoral de La Libertad Avanza. En los bocetos optimistas del oficialismo, una senadora con capacidad para desmarcarse, como forma de contener fugas “institucionalistas”, podría darle a la candidatura de Milei un plus para lograr la reelección. Ese boceto ya fue descartado.
Se repite de alguna manera la dinámica que llevó a la enemistad con Victoria Villarruel. Primero fue Karina la que instaló la semilla de la desconfianza y circunscribió a la vicepresidenta a su despacho en el Senado. Javier mantuvo el pulso un tiempo para simular normalidad, incluso más allá de que su compañera de fórmula lo describiera como “pobre sanguchito”, pero aguantó sólo algunos meses y pasó al insulto público. “Bicho Cruel”, le hizo decir a Majul.
Con Bullrich, la desconfianza se materializó a comienzos de año, cuando Karina intervino el grupo de whatsapp del bloque de senadores de La Libertad Avanza. La secretaria general de la Presidencia empezó a monitorear acciones y dar órdenes; instaló el miedo en la bancada ultra. Con un mandato de seis años por delante en el Senado (recién terminaría con el fin del próximo Gobierno), Bullrich tomó nota y se sentó a esperar los traspiés parlamentarios del karinismo.
El axioma “¿cuál es el problema de que la doctora Bullrich piense distinto, si los liberales no somos manada?” dio lugar en los últimos días a desacuerdos que se ventilan en público, al punto de que se complica siquiera compartir encuentros frente a terceros. En algunas de las reuniones de gabinete a las que la senadora acudió como invitada, Javier o Karina escenificaron desplantes hirientes. “Están peor de lo que te imaginás”, le dijo la senadora a un empresario.
Los Menem (Karina) salieron a marcar la cancha y sugieren a quien los quiera escuchar que se consumó una traición. “Pato” está bastante sola en el gabinete, pero no le preocupa. Sus activos están afuera. Con Santiago Caputo tuvo acuerdos tácticos, pero sus intereses hoy divergen. A Luis Caputo, Bullrich le reprocha la penuria económica interminable y el mal cálculo de haber anunciado los mejores 18 meses de la historia en abril pasado, cuando se desató una recesión sin final a la vista.
“En 2024 bajamos la inflación, pero hace dos años que no tenemos una buena noticia para dar”, es citada Bullrich. Transmite estar convencida de que lo que queda del mandato será “igual o peor”, y los mensajes de un líder desencajado, en España, en la Fundación Faro, por Radio Mitre o en la Universidad Di Tella, no hacen más que acelerar el deterioro.
Los Milei se tientan con aislar a Bullrich como se hizo con bastante eficiencia con Villarruel. A la vicepresidenta se le cortaron las terminales y se la empujó a quedar como una pieza solitaria a la que le queda la opción invalidante de articular con la oposición. La repetición del esquema no luce sencilla en Bullrich, una mujer con más experiencia y contactos, que además no carga el estigma de haber escrito libros junto a terroristas de Estado ni haberlos visitado en la cárcel.
La cuenta que hacen en Casa Rosada y comparten en el macrismo acuerdista es que Bullrich como “plan B” cosecha, hoy por hoy, apenas un sexto de la intención de voto del Presidente. El combo oficialista tiene a Milei en unos 35 puntos y a Bullrich, en unos seis. “Y no es lo mismo que Patricia vaya por afuera, como opositora, percibida como una figura que pone en riesgo la victoria de Javier. Ahí puede bajar a lo que sacaría cualquier ‘moderado’, y hay que ver si la reciben en otro lado”, evalúa una fuente mileísta.
La repetición del esquema no luce sencilla en Bullrich, una mujer con más experiencia y contactos, que además no carga el estigma de haber escrito libros junto a terroristas de Estado ni haberlos visitado en la cárcel
¿Es posible el despegue?
El laboratorio electoral de Bullrich concibe factible despegarse en los próximos meses de un gobierno que se mostró, desde el día uno, autoritario, despectivo del funcionamiento de la democracia, y gozó el virtual abandono de cualquier acción de gobierno que no fuera la motosierra y conseguir los dólares del FMI o de Donald Trump.
La dirigente que abandonó el PRO en noviembre de 2023, tras ser vilipendiada por Milei como nunca le había ocurrido, para actuar dos años largos como una soldada oficialista dispuesta para todo servicio. Recién en los últimos meses, tras la intervención del bloque de senadores de LLA por parte de Karina, “Pato” comenzó a interesarse por hacer pública su disidencia.
Si se hunde Milei, ¿no se hunde Bullrich? Ahí entra a jugar la osadía de la senadora que vio cómo se reconvirtió Galimberti de jefe montonero a empresario, cómo Menem se devoró a los renovadores de Cafiero, cómo se desmoronó De la Rúa y toda una generación política, cómo las aventuras personalistas de Cavallo y Carrió perdieron el rumbo, cómo se licuó Macri… y ella, que estuvo al lado de todos esos nombres, sigue dando batalla.
Con el pronóstico de que Milei no tiene más para dar en el terreno económico y de que los escándalos de corrupción tienden a crecer, Bullrich sabe que es mejor aguardar a que el Presidente descargue su ira contra ella.
“Toda la vida es mejor que nos echen antes que dar un portazo”, admite una voz dispuesta a acompañar una candidatura presidencial bullrichista.
La dirigente que abandonó el PRO en noviembre de 2023, tras ser vilipendiada por Milei como nunca le había ocurrido, para actuar dos años largos como una soldada oficialista dispuesta para todo servicio
En el campamento de la senadora, estiman que hoy el bloque de apoyo al oficialismo se divide entre 10 puntos para Bullrich y 25 para Milei, situación bastante más pareja que lo que narran en Casa Rosada. “Es una relación dos a uno, con tendencia al empate”, dice la fuente, que vislumbra un giro completo si se llega a la situación de ruptura.
Sin un calendario electoral ni un modo de votación establecidos —con o sin primarias, elecciones unificadas o separadas en Provincia de Buenos Aires—, ni el bloque de derecha ni el peronismo pueden anticipar candidaturas ni estrategias.
Para más incertidumbre, Bullrich tiene un papel relevante en la negociación en el Senado para eliminar las primarias obligatorias. Se trata de un mandato de Karina, quien con buen tino cree que sin ese instrumento podría complicarle la existencia al peronismo, en caso de que Cristina y Kicillof profundicen su enfrentamiento.
Con bloques tan desarticulados del PRO, la UCR y los provinciales —todos ellos, muy permeables a las inquietudes del establishment de que un Milei en recesión puede arruinar “el rumbo”—, el número en el Congreso para derogar o suspender las PASO que dice tener al alcance de la mano Diego Santilli es una quimera. En los papeles, a Bullrich le convendrían las primarias, contra Milei u otro, para darle volumen a su candidatura, lo que dispara la sospecha entre los Menem y en el propio Santilli —interesado en el tema por su propia postulación bonaerense— de que está obstruyendo las negociaciones.
En un escenario en el que hay mayor rivalidad interna en los campos oficialista y opositor, la ausencia de primarias podría dar lugar a una competencia entre cuartos (Milei, el “Plan B”, Cristina-Massa y Kicillof), a lo que, en rigor, habría que sumar un quinto a repartirse entre una opción moderada (Hernán Lacunza o un “outsider”) y la izquierda.
A un año vista, los cálculos electorales en un tablero tan dividido alimentan las mesas políticas, pero son poco útiles.
SL
slacunza@eldiarioar.com