Opinión

Parecidos pero no tanto: algunas notas de la narrativa de Javier Milei en el espejo de Donald Trump

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Con la caja de resonancia común de las llamadas “nuevas derechas” o derechas radicales en el mundo, Donald Trump y Javier Milei tienen algunos puntos de encuentro y también de diferencia en la construcción de su posicionamiento público.

Antes de ser candidato a la presidencia por el partido Republicano en 2016, Trump ya era un magnate de los bienes inmuebles, pero no era un magnate más.

El empresario de las torres color oro se dedicó a hacer negocios mientras construía con ese y otros materiales su propia marca personal.

Como plataforma para instalar públicamente su mirada, Trump condujo durante más de diez años el programa televisivo “The Apprentice” (El aprendiz), en el que distintos hombres de negocios competían por dinero y un contrato en sus empresas.

A diferencia de Trump, Milei empezó a hacerse conocido como panelista de un programa de televisión que destacaba sus principales rasgos, pero que estaba lejos de ser su propio programa.

A lo largo de su carrera trabajó como economista en ámbitos de poder pero no era al momento de la elección una de las personas más poderosas del país como el ex presidente norteamericano.

Quizás bajo la inspiración del programa televisivo de Trump, y como forma de alimentar una narrativa en torno a sus ideas, Milei comenzó a sortear su dieta parlamentaria.

A simple vista podía parecer una contradicción que siendo una de las personas señaladas por la revista Forbes como de las más ricas del mundo, el ex presidente de Estados Unidos llegara a la presidencia en 2016 con un discurso que apuntaba contra el establishment político, cultural y mediático.

Y a esa contradicción se le sumaba una más. Además de ser multimillonario, se presentaba como outsider desde adentro de uno de los dos grandes partidos -los partidos del establishment- estadounidenses.

El presidente recién electo en Argentina llega a la política poco tiempo antes de lo que llega a la presidencia y lo hace formando su propio partido.

Sin embargo, en algo que también podría marcarse como contradictorio con su discurso anticasta, se alía con el que era hasta entonces el líder de uno de los dos grandes partidos del país y también una de los referentes del poder económico en la Argentina, el ex presidente Mauricio Macri.

Tal vez el discurso de Trump no hubiese podido sostenerse sin el resto de la lógica comunicacional que le dio forma a su liderazgo, sin su expresividad provocadora y una narrativa visual fastuosa.

La imagen repetida de sus campañas 2016 y 2020 lo mostraba rodeado de banderas estadounidenses en el público y con un avión privado o de la Fuerza Aérea de Estados Unidos detrás.

Milei se mostró durante toda la campaña en caminatas territoriales más parecidas a las de la estética de Matteo Salvini en Italia, pero como en el caso del estadounidense su discurso estuvo cargado de agresividad y no exento de contradicciones.

La hipérbole parece ser el recurso favorito de los dos políticos. Mientras que Milei se sacaba fotos con la motosierra y declaraba en sentidos opuestos con diferencia de días, Trump llamaba al coronavirus “el virus chino”, se refería a los demócratas como la “pesadilla socialista” o justificaba el levantamiento del muro fronterizo con México diciendo que los inmigrantes ilegales mexicanos eran “corruptos, delincuentes y violadores”.

Durante el camino a la elección de 2016 el ex presidente “etiquetaba” con sobrenombres sarcásticos a sus competidores manteniendo siempre, y disciplinadamente, los mismos calificativos. Ahora mismo se burla de la debilidad de su contrincante Joe Biden.

Como aquella frase de Walt Whitman que dice “¿Que me contradigo? Sí, me contradigo. Y ¿qué? (Yo soy inmenso…y contengo multitudes)”, las contradicciones y excesos del nuevamente candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Republicano, más que restarle parecen sumar a la construcción de su narrativa.

No se sabe qué camino discursivo adoptará Milei en la presidencia ni si los mismos condimentos le servirán a modo de articulador de sus puntos ciegos como pasó en la campaña.

Resta ver qué pasará con el nuevo presidente argentino cuando sus decisiones ya estén en marcha de cara a toda la sociedad.

A diferencia de Milei que con componentes conservadores y negacionistas dice ser el primer presidente “liberal libertario” de la historia, frente a la opción globalista y universalista y bajo la promesa de “Hacer grande a América de nuevo”, Trump puso en práctica un discurso que en lo económico hace eje en el proteccionismo y en lo cultural tiene tintes identitarios, antiminoritarios y xenófobos.

Desde Twitter y veces a horas de la madrugada Trump escribía algunos de los que serían los titulares de diarios del día siguiente y establecía enfoques para las discusiones públicas. Tanto fue su poder de fuego desde esa red social que hasta fue suspendido en su cuenta por riesgo de “incitación a la violencia” después del asalto al Capitolio en el que varias personas murieron y otras resultaron heridas. En 2021 lanzó su propia red social, Truth social.

Al estadounidense las redes sociales le sirvieron durante su gobierno para esquivar la intermediación de algunos de los grandes medios y a Milei lo ayudaron a potenciarse y a crecer a través del uso que él hace de las redes pero también de la formación de comunidades que replican y reelaboran su mensaje.

Tanto con su estilo electoral como el gubernamental de campaña permanente, Trump hilvanó un discurso antagónico generando un nuevo lazo de identificación entre una parte de los estadounidenses. Milei entró a jugar como contendiente electoral hace muy poco y logró trazar una nueva línea en la polarización discursiva que habrá que ver cómo sigue materializándose en el gobierno.

Después de su presidencia, el líder republicano que sigue siendo el favorito de su partido marcó un hito en las últimas décadas de la comunicación y la política de su país. En palabras de Henry Kissinger, Trump tal vez sea “una de esas figuras en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era…”. La historia de Javier Milei recién empieza.

 JW