Se saturan los amortiguadores de la crisis

Matías Maito

12 de mayo de 2026 10:18 h

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El proceso de crecimiento sin empleo continúa siendo el rasgo central del escenario actual. La actividad económica viene mostrando una tendencia moderada al alza, pero el crecimiento no se traduce en una mejora equivalente del empleo de calidad. Este desacople responde al patrón sectorial del modelo en curso: los sectores más dinámicos tienen baja capacidad de generación de puestos de trabajo, mientras que las ramas más intensivas en empleo siguen debilitadas. 

En las crisis recientes del mercado de trabajo aparece un mecanismo distinto al de los años noventa. Mientras que entonces el deterioro se canalizaba principalmente en un aumento del desempleo, en los últimos años la principal expresión se da a través del crecimiento de los empleos refugio

En los ‘90, entre el 70% y el 80% de los trabajadores activos en situación de crisis laboral eran desempleados y solo el 20% o 30% restante se insertaba en empleos refugio. Esa composición comenzó a modificarse a partir de los 2000 pero sobre todo en los años más recientes, cuando estas modalidades pasaron a ser opciones con más facilidades de acceso. La emergencia de la economía de plataformas de trabajo, especialmente aquellas vinculadas al transporte de personas y productos, contribuyó decisivamente con este proceso, y también lo hicieron la expansión de la tercerización, el monotributo y otras formas de contratación flexibles.

De esta manera, bajaron las barreras de entrada al empleo precario pero subieron las que habilitan el acceso al empleo de calidad. Conseguir un empleo se volvió más fácil, pero conseguir uno con salarios y condiciones adecuadas, cada vez más difícil.

En particular, luego de la pandemia el número de trabajadores insertos en empleos refugio superó al de desocupados (1.8 millones contra 1.7 millones de personas, respectivamente) cuando en los años ‘90 eran apenas el 25% de ellos (650 mil contra un total de 2.7 millones de desocupados). 

Entre las principales características de los puestos creados desde 2023 se destaca que la mayoría son cuentapropistas informales; que trabajan principalmente en servicios de preparación y venta de comidas y bebidas y, en menor medida, en comercio, construcción y servicios; que el trabajo se realiza sobre todo en la propia vivienda, o en la calle y el espacio público; y que la la mitad de esos nuevos trabajadores se encuentra entre el 20% más pobre de los ocupados.

A esto se suma el deterioro de los ingresos. Incluso cuando el salario de los trabajadores formales del sector privado logró mostrar cierta estabilidad en los últimos meses, esa foto no alcanza para describir la situación de los hogares. Los salarios siguen ubicados en niveles históricamente bajos, alrededor de un 20% por debajo de los de 2015, y el peso de los gastos fijos aumentó de manera significativa desde fines de 2023. 

El problema no pasa solo por el salario que el trabajador cobra al inicio del mes, sino por cuánto dinero le queda después de pagar sus gastos fijos: alquiler, electricidad, gas, transporte, etc. Es en ese ingreso disponible donde el ajuste se siente con mayor intensidad. En el sector público, la contracción es aún más profunda: la pérdida salarial acumulada desde fines de 2023 alcanza el 18%.

Frente a esta crisis, la expansión de los empleos refugio permitió que la desocupación no creciera al mismo ritmo que se destruía empleo de calidad. Pero ese mecanismo empieza a mostrar límites. La caída del empleo formal continúa, los salarios no se recuperan y las ocupaciones precarias ya no alcanzan para compensar el deterioro porque su capacidad para absorber a trabajadores excluidos del empleo formal o a aquellos que necesitan de un segundo o tercer ingreso, no es ilimitada. En cierto momento, los trabajadores comienzan a competir por una demanda estancada y la cantidad de oferentes supera a la demanda. 

Entonces, si el Uber llega rápido y es barato, si el mismo conductor además ofrece comida preparada desde su casa, es porque esa economía de subsistencia está llegando a un punto de saturación. Después de eso viene el desempleo.

*Matías Maito (CETyD - EIDAES - UNSAM)