El ajedrez de Cristina: del renunciamiento a la victoria del PJ como última trinchera

Cristina Fernández de Kirchner.

Cristina Kirchner volvió a patear el tablero. Y, esta vez, la pieza que movió fue a ella misma. Un año y ocho días antes de que termine su mandato como vice, despejó la principal incógnita del mapa electoral del año próximo: avisó no solo que no será candidata a presidente, sino que en un movimiento con múltiples efectos colaterales, dijo que no estará en ninguna lista.

Debe, antes que nada, eliminarse el factor emotivo: el “renunciamiento” anticipado de Cristina no puede atribuirse a un impulso. La sorpresa es, siempre, para los otros. La vice es, antes que nada, una política de acciones estratégicas, lo que no quiere decir que siempre sea eficaz. Su anuncio es, antes que nada, un sacudón en la galaxia política. Su renuncia a futuro puede, por ejemplo, precipitar otras dimisiones electorales. La de Mauricio Macri, que se nutre de moverse en espejo con la vice, en el PRO. O, en el ecosistema del FdT, convertirse en una salida elegante para Alberto Fernández.

Dispara, en simultáneo, una especulación: que se trata de un renunciamiento que intenta sembrar un operativo clamor. Hay sectores, en el FdT, que lo leen así aunque la propia historia de la vice contraría esas interpretaciones. En 2015, como ella lo contó en su discurso de este martes, post sentencia, recordó que Daniel Scioli le ofreció ser candidata y ella dijo que no. Un tiempo antes había dicho aquello de que “no se hagan los rulos”.

La refutación de la teoría de la renuncia en busca de un 17 de octubre propio tiene un anclaje de naturaleza política. Cristina puede correrse de la pelea por ser candidata pero eso no implica, de ningún modo, correrse de la condición de jefa del mayor dispositivo político, y militante del peronismo. “Sin ser candidata, acumula poder y refuerza su centralidad más que siendo candidata”, leen en dos trincheras, distantes, del mundo PJ.

Aparece, ahí, una lectura adicional. Cristina, al asumir que su destino judicial es irreversiblemente negro, tiene una sola instancia de preservación: la política. Y, más específicamente, la victoria electoral. Ser candidata, en términos objetivos, no parece ser una de las variables que pueda contribuir a una victoria peronista en el 2023. Perder, es cierto, siempre es una posibilidad. Cristina la cotejó en el 2019 y estimó que su nombre no alcanzaba. Menos, parece, alcanzar cuatro años después luego de que acertó en la maniobra para ganar vencer a Macri pero fracasó, a datos de hoy, con el FdT como experimento de gobierno.

La vice juega, en simultáneo, otra carta: parece decir que si el problema de la Justicia, la grieta y el peronismo es ella, augura un tiempo donde -como hizo en el 2015- plantea refugiarse en el sur, sin fueros. La idea de vulnerabilidad es, a simple vista, engañosa: Cristina puede transmitir, además, el planteo de que si a ella, dos veces presidenta, la figura más poderosa del sistema político argentino puede ocurrirle lo que le ocurre, ¿qué le queda al resto?

“¿Vos quién pensás que la va a pasar peor dentro de un tiempo, si a Cristina la condenan y esta justicia maneja todo? ¿Vos o ella?”. Es una doble pregunta, retórica, que una persona del ecosistema Cristina le hizo a este cronista la media tarde del martes, horas antes de una sentencia que consideraba cantada. La vice cree, por momentos, que hay una desconexión entre la gravedad de lo que ella entiende que ocurre, y la mayoría de los argentinos.

Es una explicación de porqué clausuró las manifestaciones del FdT a Comodoro Py. “Ya no importa que se movilice el peronismo. Acá falta que reaccione la gente, el resto...”, dijeron en el entorno estrechísimo de la vice.

Sin su nombre en la grilla de candidatos del 2023, Cristina abre además un campo de acción, el mismo que le piden algunos dirigentes del FdT, respecto a poder ampliar el universo de alianzas y acuerdos. ¿Sin Cristina, es más probable que un dirigente como Juan Schiaretti acerque posiciones con el FdT?

Al giro pragmático que la vice aplicó el último año, en el que el más notable -reforzado por la urgencia- fue entregarle el manejo de la economía a Sergio Massa, se debe sumar su renunciamiento anticipado que, por otro lado, abre el juego de las candidaturas para el año próximo. Muy simple: de mínima, Cristina ganaba sin dudas cualquier primaria dentro del FdT. Sin Cristina, esa certeza se vuelve más difusa.

Puede, según la lógica de creer a Cristina como el epicentro de todos los problemas, que el anuncio de que no hay chance de que en el 2023 sea candidata, puede ser una “buena noticia para la economía”, a partir de la lógica siempre lineal del mundo empresario que ve a la vice como mala palabra.

El día de su primera condena judicial, Cristina movió una carta política.

PI

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