Mario Meoni

Meoni y la persistencia de los moderados: de Alfonsín al panperonismo de Fernández

“Vengo de un barrio muy humilde, de una familia casi pobre”, cuenta Mario Meoni. Es 2019, todavía no lo confiesa pero se prepara para competir, otra vez, por la intendencia de Junín, la ciudad que gobernó entre el 2003 y el 2015. A las semanas, ganó las PASO y trató de juntar las astillas de un panperonismo disperso pero no pudo: la remontada de Mauricio Macri, el sprint del “Si se puede” que no le alcanzó al jefe del PRO para evitar su derrota contra Alberto Fernández pero apuntaló la victoria de escuderos locales.

En Junín, Macri empujó a Pablo Petrecca y frustró el plan de regreso al pago de Meoni, una aventura que tenía algo de revancha y mucho de táctica. Su derrota de 2015 tras tres años convulsionados que incluyeron un ataque a la municipalidad, una apuesta política inicialmente exitosa con Sergio Massa y la expulsión de la UCR, el partido al que se afilió en los '80. El radicalismo había sido su militancia primera que incluyó tareas en el Plan Alimentario Nacional, las cajas P.A.N. del gobierno de Raúl Alfonsín.

Atravesó, en estos tiempos, los escalafones de la política: fue secretario de Leopoldo Moreau, por entonces uno de los jefes del radicalismo en la provincia, fue concejal y con la bandera de la Alianza llegó a diputado bonaerense en 1999. En la Legislatura de La Plata conoció a Massa, que bendecido por la lotería del cierre de listas y la oportunidad, y con los votos justos, ese año asumió una banca por el peronismo.

Volverían a verse o, mejor dicho, nunca dejarían de hacerlo.

De Cobos a Massa

En la amalgama del Frente de Todos, entre amnistías y reencuentros de Massa con los Kirchner y la irrupción de Alberto Fernández como oferta, Meoni jugó la carta local, una parábola de volver a empezar, de volver a mandar en la ciudad a la que se mudó de niño (nació y vivió sus primeros años en Ascensión, un pequeño pueblo del partido de Arenales). En Junin jugó al fútbol en el club Newbery, trabajó en el bar Picasso y se arrimó a la política en la UCR, por entonces un dominio exclusivo del multireelecto intendente Abel Miguel.

Como en toda fábula política, un día del 2003 con 38 años de edad, Meoni se convirtió en el verdugo de Miguel: lo venció y encarnó su propia temporada que duró más de una década.

Néstor Kirchner celebró esa osadía y lo incluyó en su grupo de protegidos, junto a otros intendentes jóvenes a los que solía premiar con obras y programas. La magia teórica del tercer movimiento histórico, la fusión ideológica según el mapa de alianzas que había diagnosticado Torcuato Di Tella. Por un lado radicales y peronistas de centro izquierda, nacionales y populares, con Kirchner a la cabeza y por otro una centroderecha en la que se ubicaba Mauricio Macri como el enemigo perfecto, un empresario, liberal, de centroderecha.

Meoni, en esa construcción, formó parte del scrum de dirigentes de la UCR que aportó la dosis radical a la Concertación Plural, que se cristalizó en la fórmula Cristina Kirchner-Julio Cobos. Pero ocurrió la 125, el “excell” de Martín Lousteau, la guerra gaucha, el todo o nada de los Kirchner y Meoni quedó enfrente: fue uno de los soportes del mendocino del voto no positivo, patrocinó las rebeldías chacareras en el noroeste bonaerense y sonó como potencial vice de un hipotético Cobos presidencial.

Fueron años bravos: Cobos se desinfló, la UCR implosionó y Meoni, aislado y criticado por la Casa Rosada, logró reelegir por poco en el 2011, con la boleta de UDESO, uno de esos artificios de la política criolla de difícil trazabilidad: radicales, peronistas, Ricardo Alfonsín candidato a presidente y Francisco De Narvaez para la gobernación.

Habitó, como muchos, como casi todos, varias trincheras pero a su modo estuvo en su lugar. ¿Quién cambia, qué se mueve cuando muta la política? ¿Cómo se ordenan las piezas de la política tras una crisis? ¿Quién cambia cuando todo cambia? ¿Cristina perdonó a Massa o al revés? Quizá, a su modo, la tesis Di Tella se corporizó en el FdT, el ancho universo de los peronismos y de los centros -donde se movía cómodo Meoni- para evitar la continuidad del gobierno de Cambiemos. Macri lo hizo.

Meoni fue, desde los bordes, sin la centralidad de los Massa, los Fernández, los Kirchner o los Kicillof, un sobreviviente de las conmociones políticas de las últimas dos décadas, de la Alianza a Fernández, de Cobos a Massa, y tuvo su último acto como ministro del acuerdo grande del FdT, un oficio que aprendió, entre tropiezos, críticas y tensiones. Un oficio que lo encontró en viaje, solo, bajo la lluvia, rumbo a Junín, la ciudad a la que no pudo volver.

PI