El 2023 ya llegó La interna del FdT

Cristina en modo jefa: se expande en el gabinete, aísla a Guzmán y marca rivales

Jorge Ferraresi, ministro de Alberto Fernández, con terminal directa en Cristina Kirchner, puede protagonizar el próximo movimiento de la vice en el ajedrez del Frente de Todos. Como muchos otros dirigentes, Ferraresi proyecta una derrota del oficialismo en el 2023 y frente a eso, podría hacer un repliegue preventivo a Avellaneda, el distrito del que es intendente -con licencia-. Un regreso para defender el territorio: de los otros y de los propios.

Ferraresi transitó, algún tiempo, una zona híbrida: una colisión con Máximo Kirchner -por lógicas de construcción en la provincia y por el avance de un camporista, el senador provincial Emanual Santalla- pareció distanciarlo del ecosistema K, pero nunca rompió con la vice. Habitó, en ese lapso, la embrionaria mesa política de Alberto Fernández con un puñado de ministros. Si alguno dudaba de su alineamiento, el lunes se clarificó: Ferraresi asintió, con su presencia, la metralla de Cristina sobre Fernández.

El ministro, al que en el PJ bonaerense imaginan en crisis en el gabinete nacional, cuenta con una ventaja comparativa que lo excluiría, en teoría, de un eventual reproche presidencial por avalar los cuestionamientos de la vice. Ferraresi no es albertista y, como está demostrado, el presidente solo le pide la renuncia a los propios. Cerca del ministro dicen que, salvo que Fernández diga lo contrario, seguirá en su cargo nacional y mantendrá el statu quo territorial: Alejo Chornobroff será el intendente en funciones aunque, en la práctica, el día a día la ejerce Magdalena Sierra, la pareja de Ferraresi, que dejó banca en el Congreso para convertirse en jefa de Gabinete del distrito.

Entre dones y castigos, Cristina incide en vivo. “Jorge, en Avellaneda movilizaste contra las empresas que te hacían juicio,. Bueno, a mí me gustaría que esa experiencia también la cuentes en el gabinete nacional a ver si pueden hacer lo mismo que vos y pueden mejorar las cosas”, le planteó la vice. En una frase fusiló la gestión que el ministro encaró estos meses para reconciliar a los Fernández. Fracasó, como otros, en sus oficios de celestino y pasó a integrar definitivamente el club de los ministros de Alberto que reportan a Cristina junto a, entre otros, Eduardo “Wado” De Pedro de Interior, Martín Soria de Justicia y Tristán Bauer de Cultura.

Dominios

Hay, en el diagnóstico del cristinismo, un pecado original de Alberto: el de elegir a su gabinete, con la libertad que le otorgó su vice, pensando más en expresar la idea de que era un staff propio, que no había imposición de Cristina, que en armar un equipo con volumen y potencia para gestionar una crisis que, además, se magnificó con la pandemia. En ese club se suele ubicar a Martín Guzmán: Fernández eligió a un economista, al que conocía hacía poco, porque tenía como mérito que carecía de trazabilidad que lo remitiera a Cristina.

Todos los que removidos de sus cargos, con la excepción de Roberto Salvarezza -que renunció post PASO y Fernández se la aceptó- habitaban el dispositivo albertista o, dicho de otro modo, no eran cristinistas. El club de intocables lo encabeza De Pedro, a quien cada vez que se sugirió que podría ser desplazado, desde el dispositivo K se avisó que eso sería interpretado como una declaración de guerra. La astilla que desataría la fractura del FdT.

Desde el planteo de sostener la unidad, Cristina fija sus dominios: así como abraza a Ferraresi, lo elogia y lo designa como mensajero para ir a decirle a los demás ministros que hacen las cosas mal, sistematiza la posición de que dentro del oficialismo no hay grises y no se acepta la doble nacionalidad. Por un momento, Ferraresi transitó esa dualidad. Ya no.

Es un mensaje que parece dirigido a Daniel Scioli, la nueva estrella del gabinete, aterrizado tras el Kulfas-Gate y a quien, un rato antes de ser oficializado, Máximo Kirchner lo saludó con una crítica por la derrota del 2015 que atribuyó a que designó, con antelación, a casi todo su gabinete. Este martes, Andrés “Cuervo” Larroque, sumó otro argumento: dijo que se perdió porque Scioli eligió de vice a Carlos Zannini. Cristina, en una charla en 2017, se salteó esas nimiedades: no explicó las razones de la derrota sino que dijo que Scioli era el candidato que le pidieron los gobernadores.

Las críticas de la vice -sin nombrarlos pero sin ningún lugar a dudas a quien estaba dirigida-, a Miguel Pesce, el titular del BCRA y a Mercedes Marcó del Pont, de la AFIP, aplican una lógica peculiar: cuestiona sus desempeños pero, además, cuestiona la falta de coordinación, una idea que recae sobre Guzmán, a quien en el último tiempo el presidente le cedió un control mayor del dispositivo oficial.

Un caso reciente: Guzmán, junto a Santiago Lopez Osornio, diseñó el esquema de segmentación de tarifas, proceso en el que no intervinieron ni Federico Basualdo, ni Federico Bernal ni, siquiera, el secretario de Energía, Darío Martínez, todos -los primeros más que el último- con terminal directa con la vice. Un asunto clave en materia política y fiscal recae sobre Guzmán, que parece empoderado aunque, en cierto modo, queda aislado.

Reacciones

Fernández tuvo como sobria reacción, para respaldar a algunos de esos apuntados, la gestualidad de reunirlos en Olivos el martes temprano y aparecer con ellos en Casa Rosada antes del mediodía. Agenda acordada, se dijo, pero un detalle para mostrarse con Guzmán y Pesce, que además están en tensión casi permanente. Se sumó, a la ronda mañanera, Scioli. Hubo, veladamente, respuestas a ciertas omisiones de la vice en su discurso y a cuestiones estructurales que vienen desde hace una década.

La respuesta más fuerte vino de otro lado: de las organizaciones sociales que se sintieron cuestionadas por la vice. La respuesta de algunos referentes, como el “Gringo” Castro del Evita y Daniel Menéndez de Barrios de Pie, tuvo una réplica a través de Larroque, que pareció atar los cabos: aseguró que Guzmán pactó con organizaciones sociales para que no digan que el acuerdo con el FMI significa un ajuste.

Mientras promete la unidad del FdT, Cristina traza una raya entre los propios y los otros. En este club ubica a los que, hace tiempo, están enfrente: con el Evita, por caso, está distanciada desde el 2016 y tuvo un acercamiento en 2019 como parte del reordenamiento del panperonismo para armar el FdT. Por el alineamiento del Evita con Alberto, y una histórica disputa territorial con La Cámpora, la vice terminó de ubicarlos en el cuadrante de rivales. Un anticipo de las alianzas y disidencias que proyecta hacia dentro del FdT.

PI