Polémica en los comicios provinciales

Llaryora se declaró ganador ante Juez: el demorado escrutinio en Córdoba golpeó la aspiración nacional de Schiaretti

Las elecciones provinciales en Córdoba quedaron envueltas en escándalo por el demorado escrutinio provisorio de los votos, que se esperaba que terminara recién durante la mañana del lunes. Con el conteo apenas pasando el 90 por ciento a las 2 de la madrugada, el peronista Martín Llaryora, delfín del gobernador Juan Schiaretti, aventajaba por casi tres puntos al opositor Luis Juez y se dio por ganador: los porcentajes eran de 42.73 a 39.79, una diferencia que en votos se traducía en 56 mil votos, restando conocer unos 200 mil. 

La incertidumbre política acaparó la atención cuando se frenó la recarga automática de los sufragios, que a la medianoche pasó a ser manual, según decidió la Justicia Electoral provincial. En Córdoba no hay PASO y se vota con boleta única de papel.

Si bien la tendencia parecía irremontable para la oposición abroquelada en Juntos por el Cambio, la escasa distancia entre los dos principales competidores fue un duro golpe para las aspiraciones presidenciales de Schiaretti. El gobernador saliente ni siquiera apareció sobre el escenario del búnker de Hacemos Unidos por Córdoba cuando Llaryora salió a “festejar” –pasada la 1 de la madrugada– un triunfo que no estaba confirmado del todo. 

En la vereda de enfrente, Juez evitó reconocer la derrota, habló de “mala calidad institucional”, “improlijidad” y le envió un duro mensaje al mandatario al recordar la elección que perdió en 2007 por apenas 11 mil votos: “Schiaretti entró por la puerta del baño y se va a terminar yendo por la puerta del baño”, dijo el senador nacional, acompañado por Patricia Bullrich, la presidenciable del PRO que viajó especialmente desde Buenos Aires.

La ex ministra de Seguridad intentó capitalizar por su lado la performance de Juez, sobre todo después del revuelo interno que causó el coqueteo de Horacio Rodríguez Larreta con Schiaretti para sumarlo a un frente electoral opositor. “Uno siempre piensa que en la Argentina la calidad institucional está ligada a la voluntad política de hacer las cosas de manera transparente. Juntos por el Cambio siempre quiere cuidar la democracia”, apuntó Bullrich. “El país entero está esperando y preguntándose porqué el sistema falla cuando hay poca calidad institucional”, agregó.

Un cuarto de siglo en el poder

Llaryora también tenía el desafío de extender el dominio de 24 años del peronismo, desde que José Manuel de la Sota ganó el poder en 1999, cuando desbancó a la UCR que gobernaba desde el retorno a la democracia. Por primera vez en un cuarto de siglo no estuvieron los apellidos de Schiaretti y De la Sota en las boletas. 

“A esta altura tendríamos que tener todos los resultados y no los tenemos”, dijo Llaryora al hablar tras la extensa jornada de escrutinio. No mencionó, como Juez, a la Justicia Electoral, a cargo de Marta Vidal. Al igual que el PJ en el poder, la magistrada está hace 25 años en el cargo. Este año tiene en agenda retirarse del puesto. “Todo el mundo tiene las actas y la tendencia es irreversible. Somos los más perjudicados”, cuestionó el delfín de Schiaretti, y adelantó que la diferencia final será de tres puntos.

Schiaretti siguió el discurso de Llaryora sin ser visto, desde un palco vidriado en el búnker armado en el hotel Quórum, ubicado en el norte de la ciudad de Córdoba. Estuvo acompañado por su esposa, la senadora Alejandra Vigo, y su flamante compañero de fórmula, Florencio Randazzo, que había llegado más temprano desde Buenos Aires. La foto soñada del binomio presidencial levantándole la mano al ganador de la noche para intentar “nacionalizar” su gestión no pudo ser.

Llaryora intentó hacerle un favor en ese sentido: “Hoy empieza una cuenta de cero. Una elección muy difícil en la cual tenemos que recordar a aquellos que comenzaron, como José Manuel de la Sota y ni qué hablar de quien espero que sea el próximo presidente de la Argentina, mi amigo Juan Schiaretti”, expresó. Pero remarcó lo inevitable del cambio generacional en el peronismo local, acostumbrado a “alambrarse” muy alto la provincia: “De hoy en más empieza una nueva era. Somos una nueva generación. Empieza otra provincia”, dijo.

Más allá de los discursos, la victoria fue pírrica para el peronismo. Si bien habría retenido el gobierno, perdió el control de la Legislatura y del Tribunal de Cuentas, dos tramos de la boleta en las que ganó JxC. “Hemos hecho una elección descomunal”, festejó Juez, que dejó de lado su verborragia y optó por un discurso moderado. Entre líneas, también sabía que la tendencia en contra era irremontable.

El apretado resultado distó mucho de la foto que se comenzaba a definir con las bocas de urnas, que daban una victoria segura del oficialismo. Durante el primer tramo de la carga de datos, Juez adelantó a Llaryora. Lo hizo hasta las 21, cuando el escrutinio provisorio cambió de color, aunque el peronista nunca despegó del todo. La expectativa oficialista era estirar la diferencia hasta, por lo menos, cinco puntos, según había recogido elDiarioAR en la previa.

Más allá de la polémica por el escrutinio, un dato extra de la elección fue la polarización entre Llaryora y Juez: sumaban más de 80 puntos juntos. Otro destacado fue que el voto en blanco era la tercera opción del electorado, con 4.91%. La opción libertaria y de la izquierda, muy detrás. Y séptimo quedó el kirchnerismo.

MC