Jaqueado por la Justicia y sin apoyos en el oficialismo, el Pata Medina intenta resistir

Medina, en un acto en La Plata en 2017. Volvió a la prisión domiciliaria tras violar la prohibición que tenía de concurrir a actos de la Uocra.

A cuatro años de la intervención de la Uocra seccional La Plata, la posibilidad de normalización sindical no aparece como un escenario cercano. A los que imaginaban algún tipo de renovación en la dirección del gremio, varios sucesos ocurridos en las últimas semanas les hicieron perder esas esperanzas. La reaparición pública de su ex secretario general, Juan Pablo “Pata” Medina fue la confirmación de que el histórico líder de la construcción no tiene intención de entregar el poder, ni siquiera a su hijo Cristian, que también en algún momento aspira a la sucesión. Medina estuvo preso más de tres años y están procesados a la espera del juicio por “por extorsión, asociación ilícita y lavado de dinero”. Hasta tanto ese proceso no se resuelva no podría aspirar a retomar el control que supo tener. Pero las restricciones que le plantea esa situación judicial no parece frenarlo y la interna con los sectores que fueron tomando poder en su ausencia se pone cada vez más violenta. 

Cuando el Pata Medina fue excarcelado en febrero de 2021 ya llevaba un año de prisión domiciliaria y monitoreado. Los jueces le habían prohibido desplegar cualquier actividad gremial en la Uocra. Entonces, en caso de inclumplirlo volvería a estar en su casa con la pulsera electrónica. Hace dos semanas, el Pata convocó a un acto cerca de la vieja sede de la Uocra en la esquina de 44 y 4, con los seguidores de los sectores propios y los de su hijo. Anunciaban un encuentro de unidad tras las diferencias familiares. “Vamos a hacer una asamblea donde sellaremos de una vez por todas el destino de los miles de trabajadores y trabajadoras. Hoy no es un día más, hoy es un día que va a quedar grabado en cada uno de nuestros corazones”, anunciaron en redes en un claro desafío a la Justicia. En esa concentración masiva, el Pata mostraba su decisión: sabía que iba a volver a su prisión domiciliaria pero estaba dispuesto a pagar ese precio para no entregarse mansamente.

“La prohibición es inconstitucional y por eso lo recurrimos. A un sindicalista no se le puede oponer la posibilidad de ejercer funciones sindicales. ¿Qué relación puede tener que realice funciones sindicales con que se fugue o que manipule la prueba? Por eso decidimos presentar el caso ante la CIDH y la Corte Suprema. Hay jurisprudencia que nos respalda. Esto aún no está resuelto”, le explicó el abogado de Medina, César Albarracín, a elDiarioAR. "¿Cómo van a imponerle una sanción porque hizo una actividad política? El no podía hacer actividades sindicales dentro de la Uocra”, refuerza el abogado. La defensa de Medina se agarra de que el escrito de excarcelación prohíbe actividades en los locales del sindicato y el acto se hizo en una ex sede de la Uocra, no en la actual, algo que los jueces no compartieron.   

La extendida hegemonía de los Medina está amenazada desde hace un tiempo por Iván Tobar, dirigente de la agrupación Azul y Blanca y jefe de la barra de Estudiantes de la Plata. Tobar, que se hace llamar “El General”, tiene un prontuario frondoso y es el hombre al que la dirección de Gerardo Martínez recurrió para intentar encontrarle un sucesor al Pata. Tobar, que estuvo preso por intentar matar a un ex jefe de la barra, tiene una pasado sindical que no inició en el gremio de la construcción. Fue delegado en el sindicato de Comercio, lo denunciaron por supuesta extorsión en el Mercado Central de La Plata y llegó a la Uocra gracias al Pata Medina. Pero desde que el antiguo líder cayó preso, Tobar dejó de serle fiel al Pata y entendió que era el momento de ir por el poder vacante. 

Primero hizo acuerdos con hinchadas santafesinas, que le dieron poder de fuego. Luego acordó con el primer interventor, Carlos Vergara y se fue adueñando de los locales sindicales que habían quedado en manos del sector de Medina. Con el paso del tiempo, su influencia se extendió a la destilería y la central termoeléctrica de YPF en Ensenada, dos de los viejos bastiones de Medina. 

Desde que Medina salió de la cárcel, la interna con Tobar se recrudeció. Hubo varios episodios violentos que terminaron con tiros y cuchillazos. El 3 de agosto, en la sede del predio de la Uocra que funciona en Tolosa, un grupo de personas la baleó el frente. Un mes antes la habían querido prender fuego. Este ataque sucedió horas después de incidentes entre un grupo cercano a Medina y policías bonaerenses, cuando fueron a pedir trabajo en la obra de remodelación que se realiza en la estación de trenes de La Plata. En junio, en Ensenada, un grupo supuestamente vinculado con Cristian Medina, intentó incendiar la casa de un dirigente que apoyó la intervención. Todo terminó en un enfrentamiento que dejó un herido de bala. 

En medio de todos estos cruces, se difundió por redes un video en el que un grupo de enmascarados armados, que se presentaban como cercanos a Medina, amenazaban al juez y a los fiscales de la causa contra el Pata. El video resultaba demasiado burdo para ser cierto y desde el entorno de Medina acusaron a Tobar.

En esa pesada interna, Tobar parece tener la mayoría de los apoyos políticos. Al de Gerardo Martínez se le suma el que recibió los últimos días de los referentes del Frente de Todos. El 26 de septiembre, Axel Kicillof apareció en una foto en Ensenada con los referentes de la Azul y Blanca, entre ellos Tobar. Fue en una recorrida de campaña por la Central Térmica de Barragán, acompañado de Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollan. Y del otro lado, por más que Medina invoque a Cristina Kirchner, la ex presidenta no volvió a mencionarlo desde que dijo que era “un personaje nefasto”, allá en 2017. De hecho, en mayo de este año, Medina quiso entrar a un acto para dejarle una carta a Alberto Fernández y a Cristina y le prohibieron la entrada.

También varios empresarios de la construcción de La Plata ya hicieron saber a la intervención que la vuelta de Medina al sindicato no sería bien recibida y que pone en riesgo futuras inversiones. Si bien ninguno blanqueó preferencia por Tobar, no hay muchos más candidatos para apostar. 

“El tiene que entender que lo que ya sucedió es parte del pasado. Si tiene orgullo y dignidad tiene que dar un paso al costado. Entiendo que hasta que no haya un líder nuevo no podremos conseguir cierta paz social y normalizar la situación. Pensé que iba a venir a hacer el Pacto de la Moncloa (NdeR: los acuerdos firmados en España luego del franquismo para garantizar la transición democrática) y que luego se podría seguir adelante y elegir nuevas autoridades pero me equivoqué”, le explica a este diario el actual interventor de la Uocra de La Plata, César Trujillo, también secretario general de la seccional Mar del Plata. Según explica, parte de su tarea será cortar con las bolsas de trabajo que en la práctica resultaban como una suerte de administración de premios y castigos, en la que siempre estaban beneficiados los que se alineaban con el Pata Medina. “Vamos a cortar con ese tipo de mecanismos, que generaban un punterismo que queremos desterrar. Pero por lo que estuvimos viviendo en los últimos tiempos, no veo un horizonte cercano en el que la situación esté normalizada”, agregó.

Desde que lo detuvieron en septiembre de 2017. Medina pasó por los penales de Marcos Paz y Ezeiza. Se le abrieron distintas causas en el fuero provincial y federal. En tres procesos fue sobreseído. Pero una de ellas, en la que lo acusaron varios empresarios de la construcción de La Plata, fue elevada a juicio y aún no tiene fecha de realización. En esa causa también están implicados varios miembros de la familia Medina. El hijo, Cristian Medina, la esposa del Pata, Fabiola, la hija de ésta, Marianela Pagnoni, el cuñado David García y la pareja de uno de los hijos del Pata, Lara Muñoz. Además de dos miembros de la Uocra y los titulares de una empresa de catering que el Pata, según la acusación, imponía en las obras en las que sus afiliados trabajaban. 

AM/WC

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