El Gobierno y la “crisis”

Menem negoció con el PRO y la UCR para blindar a Adorni y aprobar el Super RIGI

“Citen a comisión y terminen con el tema”, lanzó, conciliador, el jefe del bloque PRO, Cristian Ritondo, en un momento de las negociaciones. Martín Menem necesitaba ganar tiempo, no sólo para descomprimir la presión por la expulsión de Manuel Adorni, sino también para diferenciarse de Patricia Bullrich, quien venía de liberar el campo del Senado para el avance del ataque contra el jefe de Gabinete. El riojano pedía una tregua momentánea y la consiguió con la promesa de un debate en comisión: a cambio de boicotear el quórum de la sesión opositora del martes, el oficialismo le daría a los aliados una vía de escape para sus reclamos. 

El PRO y la UCR no estaban tan cómodos con la idea de avanzar con la moción de censura contra Adorni como sus compañeros del otro lado de Pasos Perdidos. En Diputados, los ex socios de Juntos Por el Cambio se removían incómodos ante la posibilidad de que los títulos de los diarios los acusaran de haberse plegado a la “agenda kirchnerista”, por lo que buscaban una salida elegante que les permitiera evitar el otro título incómodo. Es decir: que se hubieran plegado a blindar a Adorni en medio del avance de la causa que lo investiga por enriquecimiento ilícito. 

Menem negoció una salida: vía Nicolás Mayoraz, el riojano convocó a la comisión de Asuntos Constitucionales para tratar, el martes 30 de junio, el paquete de pedidos de interpelación y el pedido de moción de censura contra Adorni que la oposición buscará aprobar, en la sesión de este martes 23 a las 14 horas, en la Cámara de Diputados. Con un gesto, el presidente de la Cámara de Diputados se aseguró de que ni el PRO ni la UCR dieran quórum a la sesión opositora y, en cambio, sí dieran quórum para la suya al día siguiente.

Las dos convocatorias salieron al mismo tiempo. Por un lado, la invitación a la comisión de Asuntos Constitucionales. Y, unos minutos después, el pedido de sesión para el miércoles para aprobar el Super RIGI. Con una sola maniobra, Menem consiguió ordenar a los aliados para blindar a Milei y sostener la agenda del Gobierno en el Congreso. En LLA suspiraban satisfechos. 

El poroteo del “encubrimiento”

En la oposición pegaron el grito en el cielo apenas vieron las convocatorias. “Otra maniobra dilatoria para encubrir a Adorni. ¿Los bloques ‘amigables’ se prenderán en esta jugada? ¿Seguirán arrodillados frente al gobierno?”, provocó el jefe de bloque peronista, Germán Martínez, a través de sus redes sociales. 

Martínez venía juntando los votos para la interpelación de Adorni desde la semana pasada. Junto a la Coalición Cívica y el ala más combativa de los representantes de gobernadores radicales agolpados en Provincias Unidas, el peronismo venía intentando sumar fuerza para llegar a las 129 voluntades que le permitieran abrir el recinto el martes. Los avances en el Senado, en donde se debatirá el pedido de moción de censura este jueves, habían dado impulso a la iniciativa opositora. Los gobernadores peronistas mileístas, como Raúl Jalil (Catamarca) o Gustavo Sáenz (Salta), no le cerraban la puerta a avanzar contra Adorni, y en la oposición se permitían fantasear con una mayoría ajustada. 

La maniobra de Menem, sin embargo, desbarató los planes. Sin la UCR y el PRO, el peronismo se queda solo con la izquierda y un sector de Provincias Unidas. No todos, porque el acuerdo del riojano hace dudar sobre las intenciones de algunos de los gobernadores que habían prometido su participación. Es el caso de los cordobeses Ignacio García Aresca y Alejandra Torres, que responden a Martín Llaryora, y de la santafesina Gisela Scaglia, que responde a Maximiliano Pullaro

“Son parte de la jugada para que Adorni no venga a dar explicaciones”, masculló una diputada peronista, que todavía estaba llamando por teléfono a gobernadores y diputados aliados del Gobierno hasta tarde a la noche. El ojo está puesto en los peronistas Jalil, Sáenz y Osvaldo Jaldo (Tucumán), cuya postura será clave para la sesión del martes: si los gobernadores peronistas deciden acompañar, la oposición tiene una chance de llegar a los 129. Si no, quedará en soledad, con 120 presentes apuntando los cañones contra los que decidieron faltar o “llegar tarde” para proteger a Adorni. 

La lógica del principio de revelación, esta vez aplicada a los aliados del Gobierno. 

Avanza el Super RIGI

El verdadero desafío de Menem, sin embargo, es poder mostrar un Congreso activo frente al escándalo Adorni. El primer paso lo dio Javier Milei el viernes, cuando decidió ensayar una primera reacción ante los continuos reclamos internos para que corriera a Adorni de la toma de decisiones: no lo echó, pero comenzó a desprenderse en cuotas de su influencia en el Gobierno. 

La designación de Adrián Ravier como vocero presidencial y de Fabian Fernández como secretario de Comunicación y Prensa fueron un primer paso destinado a reacomodar la gestión. Pero, para que esta reestructuración interna surta efecto, el Gobierno necesita mostrar que recuperó la iniciativa parlamentaria. Que no solo está a la defensiva, negociando fondos con gobernadores para proteger a su funcionario acusado por enriquecimiento ilícito, sino que tiene agenda propia. 

Por este motivo es que la maniobra de Menem fue un juego de dos movimientos. Blindar a Adorni, al menos temporalmente, y convocar a una sesión para avanzar en dos iniciativas que el Gobierno pueda capitalizar políticamente: el pago a dos fondos buitre que venían sosteniendo un litigio con la Argentina por el default de 2011 y, a su vez, el Super RIGI. 

El oficialismo se muestra confiado en que, si logra conseguir quórum para este miércoles, tendrá votos de sobra para avanzar con la media sanción del nuevo Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, esta vez destinado a proyectos de más de mil millones de dólares para actividades orientadas a la inteligencia artificial o infraestructura digital. La iniciativa recibió duras críticas de diversas organizaciones y fundaciones que, como CEPA, FIDE y Fundar, denuncian que los beneficios impositivos, fiscales y cambiarios aportan concesiones ilimitadas, sin parangón en otros países del mundo, a cambio de casi ninguna contrapartida productiva para el país.

La sesión fue convocada para el miércoles al mediodía, y Menem pretenderá ofrecer ese día una demostración de fuerza. Buscará mostrar cómo el Gobierno, aún en sus momentos de mayor debilidad política, puede avanzar con reformas estructurales que regirán en la Argentina por los próximos 30 años. 

MCM/CRM