Decidido a matar, Andrés Calamaro pisó este miércoles el escenario del Movistar Arena a las 21:15 y, casi sin decirnos nada, tiró directo al corazón con “Crímenes Perfectos”. ¿Cuántos músicos pueden darse el lujo de soltar así una de las canciones más importantes de su repertorio? The answer, my friend, is blowin' in the wind.
A ese primer disparo le siguió una ráfaga no apta para cardíacos que pululó entre los hits menores de edad –“Cuando no estás”, “Rehenes”–; los clásicos de siempre, como “Loco” o “Te quiero igual”, cuyo estribillo debe al diseñador Claudio “Clota” Ponieman, recientemente fallecido; y el recuerdo a Los Rodríguez con “Para no olvidar”, una canción “difícil de cantar”, según el propio Calamaro.
También hubo lugar para la siempre épica “Carnaval de Brasil”, de La Lengua Popular —disco que, aunque parezca mentira, en septiembre pasado cumplió 18 años—, y ese secreto a voces llamado “Cuando te conocí”, que a pesar de haber sido single del doble Honestidad Brutal (1999), Calamaro recién empezó a tocar en vivo este año. Otro lujo de pocos.
“Me arde” inauguró el bloque más rockero del concierto. La banda –integrada por Germán Wiedemer, Julián Kanevsky, Brian Figueroa, Mariano Domínguez, Andrés Litwin, Andrés Ollari y Pablo Fortuna– mostró todo el oficio, la lija y el terciopelo que un equipo que juega de memoria necesita para desandar la que tal vez sea la canción más stone de Andrés.
Para poner en contexto: la Calamaro Band habrá totalizado 41 conciertos al cabo del Tour 2025, que cerrará el próximo 13 de diciembre en el festival Santiago Rocks de Chile. La gira empezó allá lejos y hace tiempo con un doblete en Junín (29 y 30 de marzo) y, en el ínterin, le permitió animar la segunda fecha del Quilmes Rock; ser federal; recorrer territorios inexplorados como Bélgica, Dinamarca e Irlanda; plantar bandera en el mismísimo Bataclán de París; revalidar su condición de leyenda en España; y renovar votos con públicos que siempre le creen y esperan, pasando por Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil y Uruguay.
Pero volviendo a las canciones, no está demás decir que tras dejar la carne en la arena Andrés y compañía apelaron a la eléctrica “A los ojos”, del primer disco de Los Rodríguez, y a la salmonera “Output-Input”, que –como ya es habitual– se entremezcló con el riff de “Smoke on the water” (Deep Purple) para seguir dando rienda a la locura.
La calma que antecede al huracán llegó con “Los aviones”, donde el septeto que acompaña a Calamaro fue todo virtuosismo para navegar entre el jazz y la salsa, generando así un clima intimista en un mar de más de 15 mil almas. Concluyó con la existencialista “Nacimos para correr”, el único no-hit de la noche.
Para reavivar la llama llegaron los hermanos biónicos, Chano y Bambi Moreno Charpentier, que aportaron emoción a una renovada versión de “Donde manda marinero”, y esa invitación permanente al baile –incluso para los que no sabemos ni podemos– conocida como “Tuyo Siempre”.
“Mi enfermedad” hizo cumbre entre un público ya extasiado, que iba de abuelos a nietos. La familia que no puede ir a la cancha, curiosamente, unida por la canción que alguna vez Diego Armando Maradona eligió para musicalizar su primer regreso al fútbol. Qué decirles…
“El Salmón”, con la participación del guasón Facundo Soto, fue un show en sí mismo. Con perfil más bajo que los Moreno Charpentier o Pato Sardelli –quien sumó su voz y virtuosismo guitarrero en “Paloma”–, Soto supo estar a la altura de la canción y el momento. Aplauso, medalla o lo que corresponda ahí.
Pero antes del cierre a todo trapo (y corazón) con el cantante de Airbag, Calamaro siguió con su impudorosa ostentación de repertorio y se despachó con tres canciones que más de uno hubiera querido escribir: “Alta suciedad”, “Sin documentos” y “Estadio Azteca”.
Entre la emoción desatada por “Paloma” y los bises, se dio el inesperado cántico contra el titular de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, que no tardó en transformarse en uno de los virales de la semana. En este caso, la autoría del hit es difusa, pero –aclaramos– nada tiene que ver con “El Salmón”, que al volver a escena prefirió no dejarse manchar por la pelota y seguir hablando con la música.
Así fue como coronó un espectáculo a prueba de balas con una contundente versión de “Flaca”, inspirada en la hipótesis viral del músico y productor Allcaraz sobre “cómo sonaría Calamaro si hubiese nacido en Manchester”, y ese ineludible saludo a los amigos ausentes conocido como “Los chicos”, que el dueño de la lengua popular supo fundir con “De música ligera” (Soda Stereo).
Su última parada en Argentina, previo al cruce de la Cordillera, será el Hipódromo de La Plata, el próximo 6 de diciembre. Y no, no amamos lo suficiente a Calamaro (NALSAC).
CC