Ni antivacunas ni negacionistas, pero con dudas: el desafío de poner la tercera dosis a la población sana y joven

Marta Borraz

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A sus 37 años, Silvia podría ya pedir cita para vacunarse con la tercera dosis frente al Covid-19, pero “de momento” no lo hará. Prefiere esperar para tomar la decisión porque tras el visto bueno de Sanidad y las comunidades a la administración del refuerzo para todos los mayores de edad, solo le asaltan las dudas. “Yo confío plenamente en las vacunas, sin ellas esto hubiera sido el fin, pero no sé si se ha explicado bien por qué es necesaria una tercera, de forma indiscriminada para todo el mundo, cuando además van apareciendo nuevas variantes”, dice Silvia, que insiste en dejar claro que en ningún caso perdió la fe en los fármacos.

Su caso ilustra el desafío en el que se puede convertir la inoculación de los refuerzos a población joven y sana, los menores de 40, autorizada el pasado 13 de enero. Las comunidades están ya abriendo las citas por tramos de edad, mientras las autoridades sanitarias llaman “a seguir vacunando, porque las vacunas salvan vidas”, apuntó la ministra de Sanidad, Carolina Darias. Sin embargo, la exitosa estrategia de vacunación española parece ir camino de afrontar este reto en un escenario marcado por la incertidumbre, los nuevos debates sobre la vacunación, una sexta ola explosiva con récord de contagios y el hartazgo que arrastra la población tras dos años de pandemia.

Que alcanzar altos niveles de vacunación en la población general o hacerlo tan rápido como se hizo hasta ahora puede no ser fácil es algo en lo que coinciden los expertos, aunque insisten en que habrá que esperar a tener los datos sobre la mesa para asegurarlo: “Creo que puede haber dificultades para conseguirlo y que va a haber que hacer mucho esfuerzo y un llamamiento importante porque en esas edades la percepción del riesgo es menor, a pesar de que también sufren la pérdida de anticuerpos. Hay que hacer un llamado a la solidaridad, igual que se hizo con las dos primeras dosis, por nosotros y por los demás”, señala Inmaculada Cuesta, firmante de la Estrategia de Vacunación frente al COVID-19 y secretaria de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (ANENVAC).

La tercera dosis va a buen ritmo en mayores de 40, de los que ya casi un 70% se han vuelto a vacunar. Y por encima de los 70 años, la población con más riesgo a enfermar gravemente y morir de COVID, la adherencia está siendo muy buena y un 89% ya tiene la dosis de refuerzo. El estudio presentado esta semana por el Instituto de Salud Carlos III apunta a que el tercer pinchazo multiplica considerablemente los anticuerpos –por diez en el caso de ómicron– en mayores de 65 años.

Pero en las franjas de edad más bajas se encuentra la población que ya de por sí más reticencias ha mostrado a las inyecciones. Casi dos de cada diez no se han vacunado todavía con pauta completa: el 16,7% en el caso de la población de 30 a 39 años y el 17,8% del grupo entre 20 y 29. A esto se suman las dudas y el escepticismo que arrecian en personas que, como Silvia, ya tienen las dos dosis y no desconfían de la vacuna. La amalgama de motivos que hay detrás son diversos.

El batacazo de la sexta ola

A Sandra (nombre ficticio), fisioterapeuta de profesión de 34 años, le parece que “no es ético ni inteligente” revacunar a población joven y sin patologías “mientras una gran parte del planeta no tiene puesta ni la primera”, dice en referencia a que hoy los vacunados con tres dosis en los países ricos superan a la población con una en los empobrecidos. Carmen, por su parte, es una de las mujeres a las que la vacuna ha provocado desajustes del ciclo menstrual: “Me viene la regla cada dos semanas. Fui al ginecólogo, pero estaba todo correcto, así que investigando vi que le pasaba a más mujeres. Esta es la única razón, que no sé cómo una tercera dosis me afectaría hormonalmente”, explica.

Los expertos señalan a varios elementos que pueden dificultar la estrategia de tercera dosis universal o hacer que lleve más tiempo: en primer lugar, la explosión de contagios de la sexta ola, que ha frustrado las expectativas de normalidad tras el éxito de la campaña de vacunación. Lo cierto es que las vacunas amortiguaron en hospitales y número de fallecimientos el efecto de la subida de la curva, que es precisamente su finalidad, pero “había una imagen de que con esto todo iba a acabar; y aunque la transmisión disminuye con las vacunas, no la frenaron del todo y eso puede generar desazón”, cree el epidemiólogo Pedro Gullón.

A esto se une que una gran cantidad de población se infectó recientemente, y que puede dudar de si administrarse la tercera dosis, y a que tienen una sensación de menor peligro. De fondo, se están dando debates científicos en torno a la estrategia de vacunación a raíz de la llegada de ómicron, aunque más con la vista puesta en el largo plazo y en sucesivas dosis. “No sé si tiene mucho sentido revacunarnos una y otra vez. ¿Cuándo vamos a parar? En mi caso, además, me contagié ahora en Navidad”, esgrime Sandra.

Actualizar las vacunas

Hay estudios recientes que sugieren que la respuesta de la tercera dosis frente a la infección por la nueva variante desciende significativamente, pero la buena noticia es que el refuerzo resiste mejor contra la enfermedad grave, que aunque en mucha menor medida que las personas de riesgo, no están exentas de sufrir el resto.

En este contexto, cada vez más investigadores ponen el foco en la necesidad de actualizar las vacunas frente a ómicron y hay quienes dudan de que universalizar la tercera dosis sea imprescindible para garantizar la protección de la población joven y sana ante la caída de anticuerpos. No así en los mayores de 65 años o con patologías asociadas, para los que hay consenso en la necesidad de los refuerzos. “Entramos en un terreno de mucha incertidumbre y hay debates que hacen que ahora mismo las cosas no estén tan claras, y cuando esto ocurre, se genera evidentemente más duda vacunal”, señala Gullón.

Es el caso de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), que tras mostrarse favorable a la tercera dosis universal a mediados de diciembre, cuestiona ahora que “haya un gran beneficio” en aplicar un refuerzo generalizado en población sana y joven “con el mismo tipo de vacuna” y “en tiempos tan cortos” porque “ya está protegida de la enfermedad sintomática y de la hospitalización con la doble pauta”, señala Marcos López Hoyos, su presidente. El inmunólogo aclara que defienden las vacunas “a ultranza”, pero pide cautela de cara a una estrategia de vacunación continuada.

Apuntan estas voces a la inmunidad celular, más lenta en su activación pero más duradera que los anticuerpos, que suponen la respuesta inmediata y que van cayendo con el tiempo. “Creo que ahora tenemos que preocuparnos de, cuando indiquemos dosis de refuerzo, saber a quiénes, por qué y en qué dosis”, cree López Hoyos. Desde el punto de vista de salud pública, las estrategias suelen partir de una visión poblacional y global, más que individual ante la inviabilidad de conocer el grado de inmunidad de cada persona.

Cuesta ahonda en esta idea: “Desde el punto de vista de la estrategia se ha planteado la tercera dosis como importante con el objetivo de restaurar los anticuerpos y volver a situar a la persona vacunada en una zona de seguridad inmunológica. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: uno cuando coge el coche se pone el cinturón de seguridad independientemente de que el riesgo de tener un accidente sea mayor o menor, no lo valora en función de si va a ir por un sitio en el que hay muchos o pocos accidentes. Hoy por hoy, esta es la mejor manera de hacerlo”.