Coronavirus

Segunda ola: advierten que retomar las medidas de higiene y prevención es tan importante como la implementación de políticas estatales

A poco más de un año de la llegada del coronavirus a la Argentina, el país comienza a enfrentar el impacto de la segunda ola. Esta nueva etapa de la pandemia tiene algunos condimentos negativos, como la circulación de variantes más contagiosas o el relajamiento de los cuidados básicos. Pero también nos halla mejor parados en otros aspectos, ya que hoy tenemos un mejor conocimiento del virus que permite tomar medidas más acertadas y, por supuesto, gracias a la llegada (lenta pero constante) de las vacunas. 

De esta manera, mientras que ayer, miércoles, hubo un récord de 16.056 casos positivos de coronavirus, la cifra más alta desde fines de octubre, también se está avanzando en la campaña de vacunación. Ya se han aplicado 3.891.932 dosis y esta semana están llegando al país varias partidas más de la Sputnik V, la de Oxford/AstraZeneca y la de Sinopharm, lo que sitúa a la Argentina entre los primeros 20 países que recibieron más de 5 millones de vacunas hasta el momento.

Sin embargo, como los especialistas suelen remarcar, la vacuna es una herramienta fundamental para combatir la pandemia, pero no es la única: forma parte de un conjunto de estrategias que buscan reducir la transmisión del virus. Entre las que el Gobierno ha venido implementando en los últimos días, están el cierre de fronteras, la implementación de restricciones nocturnas y la decisión de diferir la segunda dosis de la vacuna con el objetivo de inmunizar a más cantidad de gente en menos tiempo. Para analizar las ventajas y limitaciones de estas medidas, elDiarioAR conversó con especialistas de distintas disciplinas que reflexionaron sobre el escenario actual y lo que se viene.

“Con el incremento de casos de las últimas semanas, podemos decir que ya estamos en la segunda ola. Es lo que pasó en todo el mundo y sabíamos que iba a llegar”, afirma el contador y senador provincial de Corrientes, Martín Barrionuevo, quien diariamente realiza gráficos sobre la evolución de la pandemia. El legislador hace hincapié en el relajamiento de los cuidados básicos, como distanciamiento social, uso de barbijo y alcohol en gel. “Como sociedad, nos hemos tomado vacaciones del virus en el verano. Esas vacaciones se terminaron. Tenemos que reforzar los cuidados y evitar reuniones sociales. Si las hacemos, que sea en espacios abiertos o bien ventilados. Esto es importante porque vamos hacia un crecimiento muy marcado de casos”, indica.

El bioinformático Rodrigo Quiroga, investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), también realiza desde el comienzo de la pandemia análisis periódicos sobre el impacto de las estrategias sanitarias. Coincide con Barrionuevo en que los números parecen indicar que la segunda ola ya llegó y explica: “Hay varios factores que inciden en el aumento de casos, entre ellos, el relajamiento en los cuidados, la circulación de nuevas variantes y la apertura de actividades. No solo empezaron las clases presenciales, sino también cines y boliches. Hoy los tiempos de duplicación andan en 24 días. Si dentro de 24 días, llegamos a tener 28 mil casos diarios, vamos a estar muy complicados”.

¿Qué harías si fueras presidente?

La semana pasada, el Gobierno nacional anunció el cierre de fronteras con Brasil, Chile y México para evitar la circulación masiva de las nuevas variantes, motivo por el cual ya se habían suspendido los vuelos desde Reino Unido a fin de año. Esto era algo que un grupo de científicos y científicas habían reclamado con una carta a mediados de marzo. “Lo que se implementó está bien aunque me hubiera gustado algo más estricto y que hubiera sido en enero. Tampoco me convence que no haya aislamiento en hoteles para quienes dan negativo en el PCR, porque sabemos que en los primeros días pos-infección el porcentaje de negativos es alto. Me parece que se está tomando mucha precaución con los costos políticos, sociales y económicos que pueden tener las medidas pero no se está teniendo en cuenta el costo de no tomarlas”, considera Quiroga.

Por otra parte, las restricciones nocturnas, como el cierre de locales gastronómicos y recreativos a la 1 o 2 de la madrugada, y la reducción de reuniones a un máximo de 10 o 20 personas, que se habían implementado en enero y luego se levantaron, están volviendo a ponerse en marcha en distintas provincias. “Las restricciones tienen que venir inicialmente por el lado de la nocturnidad, que va a tener un menor impacto en la economía, porque afecta a un sector puntual al que se puede atender de forma focalizada. De todos modos, creo que las medidas que se han tomado hasta ahora lo que hacen más que nada es advertir que estamos entrando en una situación complicada. Todavía no se han tomado medidas estrictas”, indica Barrionuevo.

Pero, si se volviera a aplicar una cuarentena estricta, ¿qué nivel de acatamiento tendría? Un estudio de opinión realizado en enero por el equipo de investigación SocPol, de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), mostró que si el Gobierno decidiera volver a las restricciones de abril del año pasado, el 55% estaría de acuerdo, otro 35% las respetaría en desacuerdo y solo un 10% no las respetaría. A su vez, el sondeo indagó sobre qué medidas tomaría la persona encuestada si fuera presidente y las salas de terapia intensiva comenzaran a llenarse. Allí, un 40% se pronunció en favor de medidas muy estrictas y otro 23% avaló las cuarentenas intermitentes.

Daniel Feierstein, doctor en Ciencias Sociales e investigador del CONICET, quien participó del armado de las preguntas y difundió el estudio a través de su cuenta de Twitter, explica los resultados. “Lo que se vio es que hay una mayoría de la población que está de acuerdo en que se implementen restricciones ante la segunda ola. Se hicieron otros estudios similares y todos dan cifras que rondan entre el 55 y el 65%. El problema es que esa mayoría se cree menos de lo que es porque se ha instalado una sensación generalizada de que todo el mundo está harto. Esto tiene que ver con que hay una minoría muy intensa, del 10-15% de la población, que plantea que no acataría ninguna restricción y hace que muchas veces el Gobierno termine implementando la opinión de la minoría para no enfrentar el costo político”, señala.

Para el investigador, este escenario plantea un desafío importante: qué va a ser el Estado con ese porcentaje que dice que no va a acatar las restricciones. Además, considera que el rol de los medios de comunicación y las redes sociales es clave para amplificar esa minoría, pero que también se debe “a una actitud de cierta debilidad del Gobierno, que anuncia medidas que después no se sostienen o no se controlan”. 

Más vacunados y más variantes

Hace unos días, la ministra de Salud Carla Vizzotti consensuó junto a su pares de las carteras provinciales diferir por tres meses la aplicación de la segunda dosis de las vacunas contra Covid-19 para proteger a la mayor cantidad de personas lo antes posible y reducir las hospitalizaciones y muertes. Esta estrategia se tomó a raíz de la experiencia de otros países, de estudios sobre la efectividad de las vacunas y de los retrasos que está habiendo en la producción a nivel mundial.

“Es una decisión acertada en el escenario actual de escasez de vacunas. En el caso de AstraZeneca, se vio que diferir la segunda dosis hasta 12 semanas incluso aumentaba un poco su eficacia. Por otro lado, la dosis 1 de la Sputnik es muy similar a la única dosis de la vacuna de Johnson & Johnson, que fue probada en regiones donde circulan las variantes nuevas con una efectividad del 78%. Entonces, sabemos que la efectividad va a ser un poco menor que con las dos dosis, pero aun así es elevada. Recordemos que las vacunas del Calendario Nacional tienen menos de un 80% de efectividad”, explica la bióloga Belén Almejun, integrante del equipo Ciencia Anti Fake News y del colectivo Ciencia Nuestra.

Todo lo que podamos demorar el contagio y acelerar la vacunación de mayores de 60 va a significar miles de vidas salvadas

Quiroga coincide con la investigadora en que se trata de una medida muy positiva. “Todo lo que podamos demorar el contagio y acelerar la vacunación de mayores de 60 va a significar miles de vidas salvadas”, apunta. Por otro lado, señala que para ver el impacto de la vacunación en la curva de contagios todavía falta bastante, ya que habría que llegar a un 25 o 30% de la población vacunada. “Donde sí se podría empezar a ver algún impacto es a nivel de las internaciones del personal de salud o de personas mayores. En Chile, se está viendo ahora que el porcentaje de contagios en mayores de 70 cayó a partir de que llegaron a vacunar al 70% de esa población”, cuenta.

Este lunes, un reporte del Consorcio Proyecto PAIS, creado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, confirmó que se detectaron casos de las variantes de Manaos, Reino Unido, Río de Janeiro y California sin nexo epidemiológico ni contacto estrecho con viajeros. Se trata de variantes del coronavirus asociadas a una mayor tasa de transmisión. “Son casos que se están investigando pero todavía no son las variantes prevalentes en la población. Sin embargo, en Brasil y Reino Unido se diseminaron rápidamente, por eso hay que prestarles atención. Hoy se sabe que las variantes de Manaos y California bajan un poco la efectividad de las vacunas pero que éstas siguen siendo efectivas”, afirma Almejun.

Qué otras medidas podrían tomarse

En términos generales, las estrategias que el Gobierno ha implementado hasta el momento para reducir el impacto de la segunda ola (excepto lo de diferir la segunda dosis), son similares a las que se han tomado en otros momentos de la pandemia. “No hay mucha más vuelta, sabemos cuáles son las que funcionan”, opina Quiroga. De todos modos, siempre se puede avanzar un poco más. “Hay que reforzar los protocolos en los colegios pero no creo que deberían ser los primeros en cerrar. Habría que volver ya a los bares y locales únicamente al aire libre. Por otro lado, las restricciones nocturnas pueden tener un impacto fuerte sobre la curva de contagios siempre y cuando se controle su cumplimiento. Cuando uno intenta prohibir algo pero se ‘permite’ lo clandestino, termina siendo peor”, sostiene.

Feierstein se expresa en el mismo sentido: “es crucial que cualquier medida que se anuncie se haga cumplir, porque sino estamos en una situación donde creemos que hay algo pero no lo hay, como pasa con la idea de cuarentena, que hace rato no tenemos”. El investigador remarca que es importante no caer en la disyuntiva de priorizar el impacto económico sobre el sanitario. “Ya hemos visto en otros países que cuando priorizás la economía, perdés en las dos áreas porque en una situación de colapso del sistema de salud no hay forma de que prospere la economía. Por eso, si existiera la viabilidad sociopolítica de tomar medidas de restricción severas por un plazo corto (15-20 días), creo que se lograría un cambio importante en la situación, pero sería necesario un acatamiento masivo”, apunta.

En tanto, Almejun plantea que hoy hay varias ventajas respecto a lo que pasaba hace un año atrás, no solo por las vacunas, sino también por haber reforzado el sistema de salud, aumentado la capacidad de testeo y aprendido mucho sobre cómo se contagia el virus. “Hoy sabemos cosas que el año pasado no estaban claras, como que se transmite por aerosoles, esas gotitas que se generan al respirar y pueden permanecer en suspensión durante horas. Por eso es tan importante la ventilación. También hay que reforzar el plan Detectar y sería bueno que el Estado penalice a las empresas que obligan a ir a trabajar a los contactos estrechos de casos positivos, algo que sucede mucho”, afirma la investigadora.

Finalmente, el senador correntino vuelve a algo básico pero muchas veces olvidado: no naturalizar las muertes. “En la Argentina están muriendo unas 185 personas por día por Covid. En la última semana, pasamos de una media de 6 mil casos a una media de 10 mil, lo que implica un aumento de esas muertes –dice Barrionuevo. –Por eso, todo lo que hagamos para desacelerar la curva vale la pena y requiere un compromiso de los distintos niveles del Estado pero también, y fundamentalmente, de la sociedad. Lo primero que hay que hacer es negociar con nosotros mismos. ¿No queremos cerrar la economía? Bueno, empecemos a cuidarnos en serio”.

NL