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Efemérides

Día del Cartero: ¿por qué se celebra el 14 de septiembre?

Día del Cartero y la Cartera: cuando la correspondencia excedía los treinta kilos de peso, los carteros repartían en triciclos, motocicletas o camiones. Año 1949.

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El 14 de septiembre de 1771, durante el período colonial, Bruno Ramírez fue designado como el primer cartero de Buenos Aires. La figura del trabajador encargado de distribuir correspondencia ya existía en España y comenzó a incorporarse también en los territorios americanos.

La tarea era sencilla de definir pero mucho más difícil de realizar. Había que trasladar cartas y documentos entre distintos puntos de una ciudad en la que las distancias, los caminos y los medios de transporte hacían que una comunicación pudiera tardar días o semanas en llegar a destino.

Durante los siglos siguientes, el correo se convirtió en una parte de la infraestructura del Estado. La organización del servicio fue modificándose a medida que crecían las ciudades y aumentaban los intercambios. En 1858 se incorporaron las estampillas y se reglamentaron el servicio de carteros, las tasas postales y el uso de buzones.

El oficio también quedó ligado a distintos momentos de la historia argentina. Domingo French, antes de convertirse en una figura vinculada a la Revolución de Mayo y a las Invasiones Inglesas, había trabajado como cartero.

De la carta al paquete

La expansión del teléfono, el correo electrónico y, más tarde, las aplicaciones de mensajería redujeron drásticamente la necesidad de utilizar una carta para comunicarse. Lo que durante siglos dependió de un cartero pasó a viajar en segundos de una pantalla a otra.

Pero el correo no desapareció. Cambió el tipo de cosas que transporta. La correspondencia personal dejó de ocupar el centro de la actividad y crecieron otras tareas vinculadas con documentos, notificaciones, compras y paquetes. La transformación de los hábitos de consumo convirtió a la distribución de mercadería en una parte importante de la actividad postal.

La tecnología modificó también la relación con el tiempo. Una noticia que antes podía tardar días ahora llega de inmediato, pero hay objetos, documentos y notificaciones que todavía necesitan de alguien que los lleve físicamente hasta una puerta.

Un oficio que conoce el territorio

Hay una parte del trabajo del cartero que ninguna aplicación puede hacer por sí sola. Es la de conocer una dirección, reconocer una casa, ubicar una calle y encontrar a una persona.

Una dirección escrita en un sobre puede parecer suficiente. Para quien reparte, muchas veces no lo es. El trabajo supone recorrer físicamente ese territorio y resolver los problemas que aparecen entre una dirección y una puerta.

Por eso el oficio conserva una dimensión cotidiana que suele quedar fuera de las estadísticas del servicio postal. El cartero camina calles, sube escaleras, atraviesa barrios y construye, con el paso del tiempo, un conocimiento preciso del lugar en el que trabaja.

Más de 250 años después del nombramiento de Bruno Ramírez, la tecnología modificó la velocidad y el tipo de comunicaciones que circulan por el país. Pero hay mensajes y objetos que todavía necesitan hacer el mismo recorrido de entonces: salir de un lugar, atravesar una ciudad o una provincia y llegar a las manos de otra persona.

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