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QUÉ ESCUCHAR

Canciones de guerra

Elvis Costello

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Tal vez fue una canción de Casandra Lange, el alter ego de Charly García. En todo caso, la apelación a aquella augur troyana bendecida por Apolo con el don de la clarividencia pero maldecida luego por el mismo dios, de manera que nadie la entendiera, parece caberle plenamente a una de las pocas canciones argentinas que hizo lo que todavía hoy parece difícil: hablar de Malvinas desde sus contradicciones. Nombrar la Plaza de dos días antes. Decir que los pibes del barrio se escondían y escuchaban a Clash. Juntar “las transas, los canas, las panzas” con las “rancias cunas de poder”. Y, sobre todo, la falta de impostación; la ausencia de Manual del Alumno argentino para escupir aquello de “Los jefes de los chicos / toman whisky con los ricos / mientras los obreros hacen masa/ en la Plaza como aquella vez”. Finalmente, la ideología de aquellos que aseguraban (aún lo hacen) no tenerla: “No bombardeen Buenos Aires”.

En Ushuaia, donde se habla de una base militar, la percepción era otra. Allí sí vieron las bolsas con los cadáveres. No se trataba del miedo distante de la Capital sino de otra cosa. Curiosamente, el sentimiento de los que sintieron Malvinas como causa propia acabó limpiando de culpa y cargo a aquellos que como gobernantes habían sido siniestros y, como militares, inútiles. La reivindicación patriótica o anticolonialista, según el caso, quedó escindida del hecho de que la acción de esos torpes oficiales que imaginaron una guerra sin planificación ni pertrechos cercenó casi cualquier posibilidad futura de reclamo por otras vías.

El escritor Ian McEwan, que en su novela Máquinas como yo imaginaba una Gran Bretaña en crisis por haber perdido la contienda, pone en escena, con el personaje central de Lecciones, el pensamiento medio de un inglés de bien: no se podía apoyar a Margaret Thatcher pero, de todas maneras, era una guerra contra una sangrienta dictadura latinoamericana y ayudaría a derrocarla. Pero hay otro inglés medio, el retratado en la hermosa “Shipbuilding” (construcción de barcos), de Clive Langer y Elvis Costello (Declan McManus), que, en el mismo 1982, grabó el notable artista Robert Wyatt y, un año después, Costello, al frente de su grupo The Attractions y con dos luminosos solos de trompeta de Chet Baker, como invitado especial.

En esa canción había una pregunta inicial: “¿Vale la pena?” Y, luego, una frase esperanzada, en medio de la recesión thatcherista: “Un abrigo y zapatos nuevos para la esposa y una bicicleta para el cumpleaños del niño. Es solo un rumor que se extendió por el pueblo por las mujeres y los chicos. Pronto estaremos construyendo barcos”. La segunda estrofa era la que traía a cuenta la pregunta del comienzo: “El niño dijo: Papá, me van a reclutar / pero estaré de vuelta en Navidad. / Es sólo un rumor que corrió por la ciudad, / alguien dijo que alguno fue delatado / por decir que la gente muere / como resultado de esta construcción de barcos”. Langer había sido el guitarrista del grupo Deaf School y luego fundó Clive Langer and The Boxes.

Como muchos de los principales músicos del rock-pop británico de los ’60 y los ’70, se había formado en las escuelas de orientación artística creadas por el laborismo de posguerra. Más adelante compuso música para películas y se convirtió en productor. Pero en el 82 compuso una de las grandes canciones del género y lo hizo, como suele suceder, a partir de una idea fallida. “La canción se llamaba ‘Ten to Nine’ y pensábamos hacer un EP (extended play, un disco sencillo pero con cuatro temas) con versiones a cargo de cuatro cantantes diferentes”, contó a la publicación New Musical Express Mark Bedford, del grupo Madness y contrabajista en la grabación original.  “Uno de esos cantantes invitados era Elvis (Costello) y él modificó sustancialmente la letra. La canción fue otra y se transformó en ‘Shipbuilding’. Allí ellos pensaron en que la cantara Wyatt. Y su versión fue tan especial que se convirtió en un single. Y fue histórico”. 

Robert Wyatt

Wyatt había sido baterista, compositor y cantante de Soft Machine, uno de los grupos británicos más importantes de la escena del jazz y el rock de los ’70 y que tomaba su nombre de una novela de William Burroughs. Había perdido, más adelante, la movilidad de las piernas a causa de un accidente y había desarrollado una manera de tocar su instrumento sólo con las manos. Era comunista y, ya como solista, había grabado “La Internacional” y canciones de Violeta Parra y Quilapayún. Su versión se publicó en octubre de 1982, con “Memories of You” (un tema de 1930, con música de Eubie Blake y letra de Andy Rasaf) en su lado B. En “Shipbuilding”, Costello hacía los coros, Langer tocaba el órgano y a ellos se sumaban Bedford, Steve Nieve en piano y Martin Hughes en batería. David Bowie consideró esa grabación, en su lista para la revista Vanity Fair, en 2016, como una de las mejores de todos los tiempos. Y no era para menos. Wyatt, sin embargo, le restó importancia a su participación: “Geoff Travis, director de Rough Trade Records, me envió un cassette diciéndome que era una canción bastante buena y que debería cantarla”, contó a New Musical Express. “Así que la probé y sonaba bien. La instrumentación no tenía nada que ver conmigo. Elvis ya había grabado una voz para ella —una voz muy buena— y se iba a publicar igual, con él cantando. Fui al estudio y grabé la voz en un par de horas con el Sr. Costello como productor, y eso fue todo. No tenía ninguna expectativa. Lo único en lo que pensaba era en cantarla afinada”.

Además de las versiones de Wyatt y de Costello hay otras, muy diferentes entre sí, que vale la pena escuchar. June Tabor, una de las más brillantes compositoras e intérpretes entre quienes trabajan a partir –o alrededor– de las tradiciones folklóricas británicas, incluyó la canción en Ashore (Hacia la orilla), un disco donde recorre piezas que tratan la relación de las personas con el mar. La versión, íntima hasta el extremo de lo posible, es un dúo con el pianista Huw Warren. La Orquesta Nacional de Jazz de Francia, por su parte, incluyó “Shipbuilding” en su disco de homenaje a Wyatt, de 2009 –que no figura en Spotify,– y volvió a registrarla, esta vez en vivo y con la cantante Yael Naim, en la Cité de la Musique parisina, como parte del concierto de festejo de trigésimo aniversario, en 2016.

“Qué gran error volverte a ver”, escribió José María Contursi para “Como dos extraños”, un tango con música de Pedro Láurenz que Horacio Molina cantó para siempre.

Y la invocación bien podría ser tomada en cuenta para la mayoría de las secuelas. Una de ellas es la que el propio Costello grabó en 2013, “Cinco minutos con vos”. Allí se cuenta a Malvinas –o más bien a la dictadura– desde el lado argentino y Costello canta junto a La Marisoul, una estadounidense de origen mexicano que integra la banda La Santa Cecilia.

Diego Fischerman es autor del blog Apuntes (https://diegofischerman.blogspot.com/)

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