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El aula detrás de los números

El día que nadie supo cuánto es 8 por 2: retrato de la crisis educativa que revelaron las prueba PISA

Las pruebas PISA 2025 mostraron que para la mayor parte de los estudiantes secundarios una simple multiplicación resulta imposible de resolver.

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“Cuánto es 8 por 2”, preguntó finalmente Adriana González a sus alumnos de 14 años de un colegio público de La Plata, después de intentar sin éxito una ecuación y un problema matemático básico. Los adolescentes hablaban entre sí, cambiaban de banco, jugaban a la pelota, se maquillaban, se teñían el pelo o la miraban incrédulos. Al día siguiente se conocerían los resultados de PISA, con Argentina entre los peores países de la región, sobre todo en matemática. Para Adriana, docente desde hace dos décadas, no sería una sorpresa: “Lo vivimos hace años, todos los días”. Escribió entonces “ocho por dos” en el pizarrón y volvió a preguntar, esta vez a un adolescente que tenía dificultades para avanzar y la miraba desde su banco.

“El problema con matemática es doble, porque primero los chicos no comprenden los textos y, en simultáneo, no retienen los conocimientos básicos. Si multiplicar les cuesta, dividir es más difícil; por ejemplo 32 dividido 2 pocos pueden resolverlo rápidamente”, explica a elDiarioAR Adriana González, docente en dos colegios de La Plata a los que asisten chicos y chicas de ingresos medios y bajos. “En segundo año tenemos chicos que todavía no leen”, señala, y agrega que algunos solo escriben en imprenta mayúscula y no pueden leer letra cursiva. Según los resultados PISA que cita, el 76% no alcanza los conocimientos básicos en matemática y el 60% no logra los resultados esperados en interpretación de textos. “La dificultad aparece cuando deben resolver solos, porque en clase el docente los ayuda a interpretar porque solos no pueden”, explica.

En segundo año tenemos chicos que todavía no leen

Adriana González Docente en La Plata

Argentina obtuvo en PISA 2025 su peor resultado en matemática desde que participa, con 367 puntos, y los peores desde 2006 en lectura (389) y ciencias (393). El deterioro en matemática es sostenido desde 2009 y solo el 24% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo, frente al 36% en 2006 y al 65% del promedio de la OCDE. El 76% no puede resolver una proporción ni calcular un promedio y Argentina quedó 75° entre 91 sistemas. En América Latina terminó octava entre 13, detrás de Uruguay (405), Chile (403), México (388), Costa Rica (387), Perú (382), Colombia (381) y Brasil (377), mientras Uruguay logró su mejor marca histórica en Ciencias (445) y fue el único país sudamericano que la OCDE ubicó entre los que mejoraron.

Según los resultados PISA que cita, el 76% no alcanza los conocimientos básicos en matemática y el 60% no logra los resultados esperados en interpretación de textos.

Veinte años de meseta

Argentina obtuvo en PISA 2025 entre 11 y 13 puntos menos que en 2022. La serie histórica muestra una caída sostenida. La proporción de alumnos que alcanza el nivel mínimo en matemática cayó del 36% en 2006 al 31% en 2018, 27% en 2022 y 24% ahora. “Si miramos los resultados de los últimos 20 años, lo que encontramos es más un estancamiento en niveles bajos que un deterioro profundo”, explica a elDiarioAR Cecilia Veleda, socióloga de la educación e investigadora principal de CIPPEC.

El 76% de los chicos de 15 años no alcanza ese piso y el país quedó 75° entre 91 sistemas, octavo en la región. “Significa que un estudiante de 15 años no está pudiendo resolver problemas adaptados para su edad: una regla de tres, despejar una X, calcular un promedio”, señala Martín Nistal, de Argentinos por la Educación, en comunicación con elDiarioAR.

Veleda, que dirigió el Instituto Nacional de Formación Docente entre 2015 y 2019, ubica el núcleo en la docencia: hay 31 institutos de formación por millón de habitantes, contra cuatro a seis en el resto de la región. “Es indudable que la cantidad atenta contra la calidad”, dice.

Un estudiante de 15 años no está pudiendo resolver problemas adaptados para su edad: una regla de tres, despejar una X, calcular un promedio

Martín Nistal Argentinos por la Educación

El salario es la otra mitad. Según el economista Alejandro Morduchowicz, en 2025 los docentes ganaban en términos reales menos que en 2005, cuando se sancionó la Ley de Financiamiento Educativo para mejorar sus ingresos. Adriana González, profesora de Matemática en dos colegios de La Plata, trabaja 45 horas y media semanales, entre secundaria y educación superior, con jornadas que llegan de 7.30 a 21.30. “Si tuviera más horas en el día, trabajaría más para llegar bien a fin de mes”, dice. Daniel Filmus, exministro de Educación, describe el mismo escenario. “Hoy están teniendo dos o tres trabajos. Tienen que hacer otra cosa porque no les alcanza con la tarea docente”, sostuvo en declaraciones al programa QR.

Argentina obtuvo en PISA 2025 su peor resultado en matemática desde que participa, con 367 puntos, y los peores desde 2006 en lectura (389) y ciencias (393).

Para Veleda, mientras no mejore la situación de la docencia, “por más inyección de recursos, libros o computadoras que haya, no va a haber manera de mejorar los resultados”. El otro factor es la inclusión sin aprendizajes: “Se logró que haya más chicos dentro del sistema, pero no se logró hacerlo con conocimientos”, resume Nistal. Filmus lo admitió: “Hubo algún momento en que se pensó que la incorporación de más chicos a la escuela pasaba por exigir menos”.

Si miramos los resultados de los últimos 20 años, lo que encontramos es más un estancamiento en niveles bajos que un deterioro profundo

Cecilia Veleda Socióloga de la educación e investigadora principal de CIPPEC

Como repartir 24 alfajores

El lunes pasado, Adriana entró al aula y volvió a escribir conceptos ya trabajados en el pizarrón porque, explica, “no hay retención del material y no se puede avanzar”. Después planteó un problema sencillo y dividió la pizarra en dos. Al recorrer los bancos, observó que algunos copiaban de sus compañeros en imprenta mayúscula lo que habían tomado de la profesora, porque no entendían la letra cursiva. Otros habían reproducido el pizarrón como una foto en la hoja. “No hace falta que dividas la hoja como yo divido la pizarra”, tuvo que aclararles. “Recién cuando se te termina el renglón, vas al renglón de abajo”.

“Es muy grave lo que está pasando”, dice Adriana. Desde que empezó a dar clases en 2007, explica, cada año encuentra menores conocimientos. “A partir de 2017 empezó a ser mucho más grave, y tras la pandemia se hizo irremontable”, señala. La falta de retención obliga a volver constantemente sobre contenidos ya vistos: “Das algo y a los dos días ya se olvidan. Vemos contenido que debería darse a alumnos de 4 o 5 años más chicos”.

El problema planteado en el pizarrón pedía repartir 24 minialfajores en paquetes con la misma cantidad, sin venderlos sueltos ni todos juntos. “De los 34 alumnos del curso, entre cuatro y cinco resuelven solos un ejercicio así”, cuenta Adriana. Ese día no lo resolvió ninguno. Para la docente, la dificultad no está solo en quienes tienen problemas con matemática, sino en que “el resto del curso se descontrola”, lo que impide dedicar tiempo a quienes más lo necesitan. Puede hacerse un acta, explica, pero “nunca tienen consecuencias entonces no tiene sentido”.

Adriana bajó la exigencia a la tabla del 2. Cuánto es 8 por 2, le preguntó al adolescente que la miraba desde el banco. El chico no sabía. Adriana le explicó que era el doble de 8 y le preguntó cuánto era el doble de 8. Tampoco pudo responder. Le propuso entonces sumar 8 más 8 y el chico escribió la cuenta en la hoja para poder resolverla. Tenía las tablas anotadas. Buscó, encontró que 8 por 2 era 16 y volvió a la suma. Cuánto es 8 más 8, repitió Adriana. El chico todavía dudaba.

La cuenta que no cierra

A ese deterioro se le sumaron dos años y medio de ajuste. El presupuesto educativo nacional cayó cerca del 45% respecto de 2023 y toca el 0,75% del PBI, la mitad que hace una década. En las provincias, que aportan tres de cada cuatro pesos del gasto, cerca del 90% del presupuesto son salarios. “Cuando hablamos del impacto de los ajustes, principalmente estamos hablando de ajustes en los salarios”, explica Nistal.

El Ministerio de Capital Humano atribuyó el resultado a “una cultura educativa instaurada durante años por los gobiernos kirchneristas” y exhibió como política de fondo el Plan Nacional de Alfabetización y el Plan Nacional de Matemática. Pero el primero se aprobó en mayo de 2024 y pone el foco en el primer ciclo de la primaria; el segundo se firmó en marzo de 2026 y arranca en cuarto grado y el ciclo básico de la secundaria. Los chicos que rindieron PISA tenían 14 años cuando se aprobó el primero y ya cursaban los últimos años de la secundaria cuando se firmó el segundo.

El plan de alfabetización recibe $580.852 millones este año, pero el 82,1% paga la extensión de la jornada escolar, aprobada en 2022, y la formación docente cae 25,2% en términos nominales. Además, en mayo, horas antes de la marcha universitaria, el Gobierno le quitó $35.288 millones. A dos años de creado, no tiene medición de impacto. “Tengo la sensación de que la educación no genera rédito político inmediato y por eso no se le pone el esfuerzo necesario”, resume Adriana. “Muchas veces los docentes tenemos la sensación de que no logramos nada, de que estamos siempre dando vueltas sobre lo mismo”.

Los resultados muestran que las desventajas sociales no tienen por qué definir el destino educativo de los estudiantes. Algunos países lograron avances notables a pesar de partir de situaciones especialmente difíciles

Andreas Schleicher Director de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE

Esta semana, luego de conocidos los resultados de PISA 2025, expertos de América Latina debatieron en un ecuentro Organizado por Argentinos por la Educación y la Fundación Varkey. Allí, una de las participantes fue Andreas Schleicher, director de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE, quien aseguró: “Los resultados muestran que las desventajas sociales no tienen por qué definir el destino educativo de los estudiantes. Algunos países lograron avances notables a pesar de partir de situaciones especialmente difíciles. Esto demuestra que los sistemas educativos pueden encontrar formas de desarrollar el talento de los estudiantes más desfavorecidos”.

Schleicher explicó también como no alcanza con culpar a la pandemia para entender los resultados PISA: “La caída de los resultados comenzó antes de la pandemia y continuó después, por lo que el COVID-19 no alcanza para explicar esta tendencia. El uso de dispositivos digitales puede ofrecer una explicación más convincente, al menos en parte. En países como Argentina y Uruguay, gran parte de los estudiantes señala que ya no puede concentrarse porque alguien en su clase está usando un teléfono celular”.

LN/MG

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