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En plena crisis de salud mental

“Sanar”, “soltar”, “atraer abundancia”: el negocio de las terapias sin título ni matrícula

Crecen las terapias alternativas a la par de la emergencia en Salud Mental.

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Si escuchás palabras como “soltar”, “sanar” o “atraer abundancia”, tocá tu bolsillo. Podés estar siendo víctima de estafa y abuso psicológico, advierten los profesionales. Alimentadas por la crisis socioeconómica y la extendida consigna del “amor propio”, crecen las terapias alternativas en medio de una emergencia en salud mental sin precedentes. Los guías espirituales ofrecen soluciones rápidas para problemas complejos que ignoran y están ocasionando severos daños psíquicos en pacientes que mejoran un tiempo y vuelven a caer, o desarrollan cuadros psicóticos.

El Colegio de Psicólogas y Psicólogos de La Plata contó a elDiarioAR el caso de una paciente con un cuadro de depresión “delicado” que llegó recientemente a la institución en busca de ayuda. Ana Inés –nombre ficticio para preservar su identidad– es una abogada platense de mediana edad que comenzó a deteriorarse después de dos años de tratamiento “alternativo”. Había llegado a una “psicóloga social” por recomendación de una amiga, que le había prometido resultados rápidos, una propuesta atractiva frente a tratamientos convencionales que pueden ser largos y costosos. Cada vez que faltaba a una sesión, la terapeuta apelaba a la culpa para convencerla de que continuara pagando. Cuando Ana Inés le contó su episodio más grave —un abuso intrafamiliar—, la terapeuta le indicó que cortara el vínculo con toda su familia. Con el tiempo, quedó aislada de su entorno y llegó a la institución atravesando un cuadro depresivo severo.

“Hemos visto casos de personas que se separan de sus parejas, pierden trabajos, se alejan de sus familiares o llegan a situaciones extremas difíciles de reparar”, dijo a elDiarioAR Andrés Di Prinzio, presidente del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Distrito XI, con sede en La Plata. Llegan a estos casos por denuncias de los afectados y por un rastreo que empezó a arrojar páginas web donde personas sin título se presentan como psicólogos, con matrículas inventadas. El punto de inflexión, señala, fue la pandemia.

Pero ahora, con la emergencia en salud mental, crisis socioeconómica y la poca disponibilidad de psicólogos, el aumento de casos, advierten, es exponencial. “La gente entonces termina yendo al primero que se le ocurre, al primer pseudo-terapeuta por ahí”, advirtió al diario Río Negro Guido Beltrami, presidente del Colegio de Psicólogos de la Zona Andina de Río Negro.

Rápido, caro y sin garantía

Si bien no hay un registro de quienes ofrecen estas terapias alternativas, sí está medido el hueco por el que crecen. Las internaciones por salud mental en el sistema público subieron 42% desde 2023 y las consultas ambulatorias 23% en el último año, según el 2º Informe Federal de Salud Mental que coordinó la Universidad Nacional de Lanús y se presentó en el Senado el 28 de agosto. El estudio fue realizado sobre 14 jurisdicciones donde vive el 70% del país.

Además, la mitad de las personas que hoy no están en tratamiento dice que lo necesita, y el 43,44% señala lo económico como principal obstáculo, según el relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA. Enfrente espera una oferta instalada a fuerza de marketing, que tampoco es barata –una sesión de registros akáshicos o una constelación individual arrancan en 65.000 pesos y trepan hasta 133.000, más del doble que el arancel mínimo sugerido para una consulta con matrícula, fijado en 29.940 pesos– pero que ofrece resultados inmediatos.

Ana Inés hizo un tratamiento de "constelaciones familiares" y terminó en un grave cuadro depresivo.

Todas buscan aliviar rápido y la mayoría termina en “culpabilizar al sujeto de ese sufrimiento y hacerlo responsable”, explicó Ana Clara Cañabate, presidenta del Colegio de Psicólogos de Alto Valle Este. “Se funda en la lógica de que hay que tener voluntad para encontrar la salida por sí mismo. Somos seres sociales y necesitamos un sostén”, advirtió. El alivio, además, dura poco porque toman solo el sesgo de la sugestión, y “nadie está más ávido de que lo sugestionen que quien está sufriendo”, señala Di Prinzio.

Hace años que estas prácticas dejaron de ser marginales. Siete de cada diez argentinos hicieron al menos una durante el último año —reiki, registros akáshicos, limpieza energética del hogar con sahumerios, carta astral—, contra cinco de cada diez en 2022, según un estudio de la consultora Voices!. Quienes ya las hacían pasaron de combinar dos a tres. El antropólogo del Conicet Nicolás Viotti las ubica dentro de un mismo movimiento. Explica que la astrología, el tarot y “el amplio y complejo mundo postpsicológico” delimitan “una zona de la cultura contemporánea que está reconfigurando las separaciones convencionales entre cuerpo, mente y espíritu”, escribió en Nueva Sociedad. El antropólogo observa un hecho social con “revelevancia social abrumadora”, aunque las miradas convencionales quieran encontrar “solo una colección de prácticas dispersas, pseudociencias, eclecticismo o una religiosidad soft”.

El problema, sin embargo, no es la práctica sino quién la ejerce. Hay psicólogos matriculados que usan la meditación o la respiración, aclaró Di Prinzio. “Pero no es lo mismo que lo implemente una persona que no cuenta con un marco regulatorio. Estas terapias no tienen ni colegio ni marco”. Sin código de ética ni secreto profesional, tampoco hay dónde reclamar. “Alguien puede convencer a una persona de que transfiera una propiedad porque así se va a curar”, ejemplificó.

La ley protege el título, no la práctica

Presentarse como psicólogo sin serlo es un delito penal, pero la palabra “terapeuta” no está reservada a nadie. “La oferta es confusa porque se utiliza la palabra terapeuta o psicólogo espiritual, psicólogo social, y no es verdaderamente un profesional habilitado”, explicó Beltrami. Para formarse como constelador, según la Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina, no hacen falta requisitos académicos previos, ni siquiera el secundario. Argentina tampoco tiene ley de terapias complementarias: se presentaron tres proyectos desde 2018 y ninguno se votó.

Por eso, cuando llegan a la Justicia, estos casos llegan con otro nombre. En Mercedes, Corrientes, un allanamiento por ejercicio ilegal de la psicología terminó en junio con tres años de prisión en suspenso. “Basta con presentarse públicamente como profesional de la salud sin contar con la debida titulación”, explicó el fiscal Adrián Casarrubia. En Santa Fe imputaron a una falsa psicóloga que atendía desde 2019 con un diploma apócrifo. En Esquel, el Colegio de Chubut denunció a una mujer que atendió al menos a diecisiete pacientes en un centro de terapias alternativas. Decía tener un curso en Psicología Corporal. “Nada tiene que ver con la disciplina de la psicología, pero tiende a confundir”, señaló el procurador Ismael Cerda.

Argentina atraviesa una emergencia en salud mental sin precedentes, con un aumento de los suicidios de más del 22%.

A su vez, el Estado está bajando drásticamente el presupuesto en Salud Mental. La ley obliga a destinar el 10% de la cartera de Salud y este año la inversión llega al 1,42%, según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. La única línea del Ministerio de Salud destinada a implementar esa ley quedó con 48 millones de pesos, un 91,6% menos que en 2025. Autoridades de catorce provincias advirtieron en el Senado que debieron “asumir con recursos propios responsabilidades que anteriormente contaban con apoyo de Nación”. La reforma que el Gobierno impulsa allí elimina el piso del 10%.

La pareja de Ana Inés la convenció de abandonar las sesiones con la “psicóloga social”. Ella llegó al Colegio para preguntar si las constelaciones familiares eran una práctica de la psicología, pidió una entrevista presencial y ahí contó los dos años completos, el aislamiento, la culpa. Llegó muy deteriorada en su salud mental.

El Colegio no pudo hacer mucho. La mujer que la atendía trabajaba de manera virtual. Le ofrecieron contención, un profesional matriculado y asesoramiento jurídico para ir a la Justicia. “No podemos obligarla. Es una persona adulta y tiene que decidir hacerlo”, dijo Di Prinzio.

LN/MG

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