Gloria Steinem: palabras para después de mi muerte
Ella entró en el set especialmente diseñado para dar idea de intimidad –en el centro de un espacio amplio y despojado, un estrado circular, dos sillones– con el andar vacilante de una persona de 92, apoyada en su bastón. Pero, ya desde sus primeras frases, puso en evidencia que su lucidez y su sentido del humor funcionaban a pleno. Gloria Steinem, la imparable activista feminista, periodista, conferencista, creadora de múltiples organizaciones para defender los derechos de las mujeres, cofundadora de la revista Ms. –es decir, ni mrs. ni miss; no señalando el estado civil– se avino a la entrevista para la serie Last Famous Words, que arrancara en la plataforma Netflix el año pasado, con la conducción del también productor Brad Falchuk.
Directamente inspirado –pagando los correspondientes derechos– en el ciclo de danés La última palabra, de la Cadena TV2 que se inauguró en 2020, la producción de Netflix comenzó a emitirse en 2025. La primera entrevistada fue Jane Goodall, la conocida y admirada zoóloga británica, de 91, grabada en marzo de ese año, y fallecida en octubre. El programa fue emitido dos días después. El segundo protagonista, Eric Dane, enfermo de ELA, reporteado en noviembre de 2025, murió en febrero de 2026 y sus declaraciones fueron difundidas con similar rapidez. Por cierto, debido a sus características, Últimas palabras célebres no es un programa de consumo instantáneo, pero ha ido ganado público en el tiempo, además de los debates que ha suscitado en los medios.
Las entrevistas duran alrededor de 45 minutos y se realizan secretamente: muy pocas personas conocen la identidad de las figuras hasta el momento en que son emitidos esos diálogos. Y al cierre del intercambio, el entrevistador deja a solas al personaje famoso de turno para que pronuncie sus últimas palabras dirigidas a una audiencia futura.
Entre un tanto meloso en el tono, expresión compungida para las preguntas implicando un contenido dramático, e intentando vanamente inducir a Gloria Steinem según el cuestionario que –se notaba– minuciosamente preparado, Falchuk no logró opacar ni la lucidez ni la franqueza ni el sentido de la ironía de su entrevistada. Presentada como “el rostro del feminismo durante más de 50 años”, Steinem reaccionó: “Espero no haberlo sido. No es correcto, se trata de un movimiento diverso, incluso debo decir que las mujeres negras apoyan más algunos temas que las blancas”. Durante el transcurso del programa, la gran luchadora por el derecho al aborto se manifestó decepcionada, enojada con la situación actual bajo el gobierno de Trump. En particular, con las limitaciones al derecho al aborto en algunos estados, después de la caída de Roe versus Wade.
Incentivada por Falchuk, Gloria hizo un repaso de su infancia en un hogar itinerante durante el invierno, donde su padre Leo Steinem, encantador pero irresponsable, debió ser sostenido por su esposa Ruth Nuneviller, una talentosa periodista vocacional que no tuvo otra alternativa abandonar su promisoria carrera. Renuncia que le costó una depresión profunda durante años, que la condujo a más de una internación en psiquiátricos. Como su hermana 9 años mayor ya cursaba en el Smith College, frente a la separación de sus padres, Gloria, desde los 11, se vio obligada cuidar a su madre. Así fue que tuvo una asistencia irregular a la escuela primaria.
Y, de algún modo, la gran frustración de su madre, plantó en ella una semilla de rebeldía: “La sensación de insatisfacción, de no haber podido desarrollar su talento que percibimos en nuestras madres, fue determinante para mí. Me di cuenta tiempo después de que yo perseguía el sueño de ella, a quien consideraban en esa época la loca del vecindario. También advertí que las personas que se han dedicado muy jóvenes a cierto tipo de tareas de cuidado, no suelen tener hijos”. Ella, Gloria Steinem, no se lamenta de no haber sido madre, se manifiesta contenta con sus decisiones de vida. Pero, más adelante, cuando habla de su único casamiento a los 66 con el hombre que amaba en ese momento, David Bale –padre del actor Christian, que enfermó y murió 3 años después de la boda– ríe pícara: “Por parte de los hijos de mi marido, tengo unos nietos maravillosos que no me los merezco”.
Sé bonita y no te calles
Entre los hitos de su vida más significativos que repasa, después de haber cursado Ciencias Políticas en el Smith College, figura un romance que protagonizó muy joven, y que cortó cuando comprendió que se esperaba de ella: el rol de esposa, madre y ama de casa. A los 22, partió, beca mediante, hacia la India, pero en el camino supo que estaba embarazada. Y estando en Europa en los años 50, cuando la interrupción del embarazo era ilegal por doquier, encontró en Londres a un médico que la ayudó y le regaló un lema: “Hacé de tu vida lo que desees”. Ya en la India, se vistió de sari y se lanzó a seguir los pasos de Mahatma Gandhi, trabó buenas relaciones con sus discípulas, ahondó en la cultura de ese país donde permaneció dos años.
Antes de comprometerse hasta el caracú con el movimiento feminista, GS tuvo experiencias que –sumadas a la marca que dejaron en ella los tremendos efectos de la frustración sufrida por su madre– la fueron acercando a las ideas feministas. Por ejemplo, cuando alguien la recomendó a un editor de la revista Life y fue a verlo a su oficina, él, sin moverse de su asiento detrás del escritorio, le zampó: “No queremos una chica linda, queremos una escritora”. Por ejemplo, y ya en otro orden de cosas, cuando la revista Show le pidió una sobre las conejitas del Playboy Club y ella se hizo pasar por aspirante a camarera. Con su natural belleza y su capacidad para adaptarse, no le costó conseguir ese lamentable trabajo en el que aguantó 11 días. “Me involucré con la vida de esas mujeres, algunas trabajando para darle de comer a sus hijos, humilladas, mal pagadas. Una chica negra tenía que soportar que la llamaran conejita chocolate. Ellas se sorprendieron de que escribiera en forma crítica sobre las condiciones laborales. La nota llamó la atención, sirvió como denuncia. Y yo seguí manteniendo relaciones con algunas de estas mujeres”.
Cuando la Revista Vogue la llamó “la cara más bella del feminismo”, la incordió el prejuicio subyacente que sostenía que las feministas eran todas feas, dentro del concepto convencional de belleza. “Mucha gente pensaba: si tuvieras un hombre no serías activista. Me molestó que me eligieran por mi apariencia, no por mi trabajo”.
Naturalmente, en esta edición de Ultimas palabras célebres se dedicó un espacio a la creación, en los tempranos ’70, de la revista Ms. Que tuvo como cofundadora a Steinem, ya reconocida periodista y ensayista, asimismo convertida en carismática oradora, bien lejos de la anticuada máxima francesa: “Sois belle et tais toi” o del dicho español “Calladita estás más guapa”.
Pasando de largo por la solemnidad impostada de Falchuk, Gloria se divierte contando que, más allá de los problemas que tenía con la ciudadanía su novio Bale, en realidad la razón por la que aceptó pasar por ese trámite, fue que su muy amiga Wilma Mankiller, primera jefa de la nación cheroki, les ofreció una ceremonia de su tribu: “¿Quién habría podido resistirse? De modo que esa noche, en su jardín, caminamos cinco veces alrededor del fuego”. Y luego, cerca del final de la entrevista, bajando bien a tierra, le responde a su entrevistador que para entretenerse mira Dance Moms, desfiles de moda en la televisión.
Se pone más seria cuando le toca decir las palabras de cierre, esas que podemos escuchar ahora que Gloria ha muerto: en resumen, pide por una auténtica democracia global y expresa el anhelo de ser recordada como alguien que intentó que el mundo fuera un poco más equitativo, más compasivo, más alegre.
Robin Morgan, siempre fuiste compañera
La poeta feminista Robin Morgan murió a los 85, el 5 de septiembre pasado, tres días después de su socia y amiga Gloria Steinem. Profundamente involucrada con los movimientos por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y a favor el feminismo desde fines de los ’60, RM había sido de muy niña una estrellita de la radio y la TV.
Feminista a carta cabal, en 1968 participó en la organización de la primera manifestación con el concurso de belleza Miss América. Años más tarde dirigió la publicación de la antología Sisterhood is Powerful (La hermandad es poderosa). Creo el término herstory (modificando history -la historia contada por los hombres, según su acertado pensar- para darle un primer plano a la historia de las mujeres, contada por las mujeres. Escribió una veintena de libros, entre poesía, ensayos, memorias. Jefa de redacción de la revista Ms., fundó –con GC y Jane Fonda– el Women Media Center, consagrado al lugar de las mujeres en los medios, su capacitación, su representación. Enfermó de Parkinson en 2010, detalle que no le impidió seguir escribiendo, dando entrevistas y discursos.
Amiga de Simone de Beauvoir, entra tantas amigas: las diosas las crían y ellas… En los ’80 fundó el think tank Sisterhood Global Institute. De ella dijo Gloria S: “Su arte nutrió mi compromiso político; su feminismo me educó. Ella me enseñó que lo personal es político”. Robin Morgan escribió un largo poema que -en muchos de sus versos- se convirtió en un himno feminista recitado a coro en las manifestaciones de aquellas fechas: Quiero una revolución que sea como una amante, la anhelo. Poema hermoso y radical hasta la médula, que dice así en sus tramos finales: “Que enloquezcamos todas juntas, hermanas mías,/que nuestra agonía al dar a luz esta revolución/ signifique la muerte de todo dolor./ Que comprendamos que no podemos ser reprimidas./ Que yo aprenda a sobrevivir hasta que mi parte esté terminada./ Que me dé cuenta de que/ soy un/ monstruo./ Soy un monstruo./ Soy un monstruo./ Y estoy orgullosa”.
MS/MG
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