Un refugio global de semillas
Mauro Colagreco, el chef que viajó hasta la “Bóveda del Juicio Final”
Mauro Colagreco es uno de los mejores chefs del mundo y ganador de tres Estrellas Michelin. El 4 de marzo de 2026, el chef argentino hizo un viaje junto a UNESCO para visitar Spitsbergen, la isla habitada más septentrional de Europa que tiene la particularidad de albergar una de las reservas más importantes de semillas del mundo.
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard y los Archivos Mundiales del Ártico (AWA, por sus siglas en inglés) se encuentran a 1.000 km del Polo Norte, en el archipiélago de Svalbard, Noruega. En un posteo de redes sociales, Colagreco describió el lugar como “catedrales subterráneas de hielo y silencio dedicadas a preservar la biodiversidad natural y cultural del mundo”. Allí, el chef argentino depositó una variedad de cebolla proveniente de la zona de Menton, Francia, considerada un “emblema” de ese país. “Esto no es más que una ocasión para recordar que la gastronomía comienza con una semilla”, terminó su posteo.
Las instalaciones son conocidas como la “Bóveda del Juicio Final”, la “Bóveda del Fin del Mundo” o el “Arca de Noé de semillas” porque fue construida para resguardar distintas especies provenientes de 249 países. El objetivo es poder utilizar dichas muestras para resembrar áreas afectadas por plagas, guerras, epidemias e incluso, catástrofes naturales como consecuencia del cambio climático. Según información de la Real Embajada de Noruega en Argentina, el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (ICARDA por sus siglas en inglés) ubicado en la ciudad de Alepo, se convirtió en el primer banco genético de semillas en recuperar muestras de su “copia de seguridad” depositadas en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard para poder continuar con el cultivo de alimentos, tras el conflicto en Siria de 2015.
En 2008, el gobierno noruego inauguró la “Svalbard Global Seed Vault” como una contribución a la biodiversidad del planeta y una forma de asegurar el abastecimiento de alimentos para el mundo. Se requirió un costo aproximado de US$ 9 millones y la validación del Órgano Rector del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La bóveda está construida a 130 metros de profundidad en el interior de una montaña. El hormigón armado, acero y aluminio la protegen de posibles terremotos, explosiones nucleares y del aumento del nivel del mar. También, se utilizó un tipo de roca que mantiene temperaturas bajo cero.
La bóveda cuenta con una capacidad de 4,5 millones de muestras, hoy son 1.378.238 de 6,521 especies almacenadas. La instalación fue estratégicamente pensada para el archipiélago de Svalbard por su baja actividad tectónica y a 130 metros sobre el nivel del mar, lo que garantiza que el suelo esté seco. Según la FAO, la bóveda es considerada la mejor póliza de seguro para el suministro mundial de alimentos, alberga semillas en un entorno controlado (-18 °C/-0,4 °F). El techo de la Bóveda además de ser una obra de arte (Repercusión Perpetua, Dyveke Sanne) sirve ante una catástrofe para poder ser identificada a la distancia. Sobre los aspectos administrativos, la Bóveda de Semillas es financiada por el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega y operada por el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NorGen). La actividad está supervisada por un consejo internacional específico (Global Crop Diversity Trust) establecido para su asesoramiento y cooperación global única, un ejemplo del multilateralismo. Entre los países que han mandado semillas, se encuentra Corea del Norte que a diferencia del resto, sus cajas son de madera y comparten espacio con las cajas plásticas de Estados Unidos.
Esta entidad es uno de los edificios más seguros del mundo, ofrece un servicio de resguardo gratuito pero no para cualquier tipo de plantas, Noruega prohíbe explícitamente muestras ilegales o modificadas. Bajo el sistema de “caja negra”, las plantas se disponen en cajas plásticas selladas que son enviadas al Banco de Semillas por los depositantes voluntarios como bancos genéticos (ya sean públicos y privados), sometidas a filtros especiales de seguridad en el aeropuerto y son abiertas sólo por el depositante que previamente ha firmado un contrato con la entidad en cuestión.
Mauro Colagreco no fue el único argentino que visitó este lugar. En 2015 el entonces embajador Juan Manuel Ortiz de Rozas (hijo del diplomático Carlos Ortiz de Rozas y fundador del CARI, think tank nacional de política exterior) fue invitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega.
Argentina todavía no ha depositado directamente ejemplares de semillas en la bóveda aunque, un total de 27 bancos genéticos internacionales enviaron 5526 muestras de material recolectado en territorio argentino.
Según datos de la Real Embajada de Noruega en Argentina, la Bóveda de Semillas es un lugar seguro, desmilitarizado y protegido ambientalmente. En caso de falla eléctrica, el “permafrost” –que es la capa de suelo permanentemente congelada que facilita la conservación de bajas temperaturas– actúa como un refrigerante natural asegurando la supervivencia de las semillas.
La Bóveda de Semillas funciona como una suerte de fortaleza en clara similitud con la “Fortaleza de la Soledad”, la base secreta de Superman. Ambas instalaciones están ubicadas en el Círculo Polar Ártico, excavadas dentro de una montaña y preservan, como dijo Colagreco, la memoria y la cultura.
Es que el auge de la agricultura moderna, la unificación de la producción de alimentos de tipo industrial y la pérdida masiva de biodiversidad cultivada pusieron en peligro de extinción a la Oignon rose de Menton,un ingrediente clave en los platos de Mirazur, el restaurante insignia de Colagreco. Según la FAO, el 75% de esta variedad desapareció en cien años por las grandes áreas de monocultivo, nueva maquinaria agrícola y tecnología eficiente de fertilización y riego como el surgimiento de cultivos transgénicos (organismos genéticamente modificados). En el texto debajo del posteo, el chef junto a UNESCO dieron testimonio del compromiso con promover el cultivo y la preservación de la biodiversidad, el emblema de la cebolla rosa de Menton.