El medicamento que llegó un día después de su muerte
Delicia Málaga vivía en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires. Tenía 65 años cuando murió, a fines de enero de 2026. Luego que la operaran en octubre de 2025, por otra dolencia, los médicos le descubrieron un melanoma (cáncer de piel) que derivó en metástasis pulmonar bilateral, en la mama derecha y en el hígado.
Le indicaron tratamiento con pembrolizumab. Aunque las chances de sobrevida de Delicia eran bajas, según admiten sus hijas, la droga quizás hubiera detenido el avance del cáncer, además de mejorar su calidad de vida.
“Empezamos a investigar y a consultar precios. Cuando fuimos a la farmacia nos dijeron que costaba 20 millones de pesos cada dosis. Era imposible, pero mi mamá la necesitaba urgente porque la autorización para recibirla de PAMI (la obra social de los jubilados nacionales) podía demorar tres o cuatro meses”, cuenta Andrea, una de las hijas, en diálogo con el equipo argentino aliado al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés).
Gran parte de General Rodríguez se movilizó para ayudar: se había organizado un campeonato de truco y penales para recaudar fondos, como parte de la campaña “Todos por Delicia”. Pero el evento no llegó a realizarse: ella falleció antes.
Un día después de su muerte, PAMI autorizó el pembrolizumab. “En la farmacia dijeron que ya tenían el medicamento. Así que ni bien llegó, nos pusimos en campaña para ver quién podía necesitarlo”, dice Rocío, la otra hija de Delicia. Y a través del periódico local La Posta ofrecieron la dosis que les había quedado.
La beneficiada fue Ángeles, una mujer de 50 años a quien poco después de una operación, en octubre de 2025, le descubrieron un Linfoma T. “No funcionaron la quimio ni la radioterapia, así que la oncóloga prescribió pembrolizumab”, relata Ángeles por teléfono desde su hogar en el barrio porteño de Floresta. Dejó de trabajar por la enfermedad y se quedó sin obra social. Ahora sobrevive gracias a la contención de su pareja e hijos.
“Como es un linfoma muy raro, pembrolizumab no está en el nomenclador para esta enfermedad”, explica Ángeles, pero su oncóloga deposita su esperanza en ese medicamento.
Durante el último año, la puja comercial entre los laboratorios MSD, responsable de Keytruda, y Elea, que lanzó el biosimilar Pembrox, llevó a una reducción sustancial del costo del tratamiento del pembrolizumab. Pero sigue siendo demasiado alto para quienes no tienen obra social, como el 39% de la población argentina, según los datos oficiales del Censo 2022.
Comprarlo, sin ayuda del Estado o una obra social, cuesta más de 21 millones de pesos argentinos (15.000 dólares) por cada dos dosis en cualquier farmacia de Argentina, según datos oficiales. Esto, sin contar las demoras o trabas que colocan numerosas obras sociales, cada vez más complicadas para solventar compras de medicamentos tan costosos.
A pesar de la competencia, el costo de cualquiera de los medicamentos resulta todavía elevado y deriva en presiones sobre los médicos en distintas obras sociales. “Hemos tenido casos de obras sociales de provincias que han echado a médicos por haber recetado Keytruda. Las restricciones no terminaron con la llegada de PembroX porque sigue siendo una medicación cara”, relató un oncólogo entrevistado por los reporteros.
En ese sentido, la familia de Ángeles no puede cubrir el costo del tratamiento. “Cuesta 20 millones la dosis mensual, y necesito 10 de esas”, plantea Ángeles, que pudo aplicarse la dosis que le donaron las hijas de Delicia, y debía recibir la segunda al mes siguiente. La pidió en febrero en el Hospital Ramos Mejía, en donde se atiende. Dos meses después, aún no tiene respuesta del Estado.
“Los casos que atendemos en relación a pembrolizumab y a otros medicamentos tienen que ver principalmente con las demoras en la entrega por parte de obras sociales”, asegura Silvina Mercado, integrante de Apradoc, una asociación sin fines de lucro que ayuda a pacientes con cáncer. Agrega que la entidad triplicó su trabajo en relación a hace un año, debido a la alta demanda. La asociación ayuda a que cada paciente pueda comprar su medicamento a precio de droguería -sólo como un nexo entre las partes-, lo que evita que deban pagar sumas muy elevadas y muchas veces prohibitivas.