Cartas de un infiel, el llanto de Marilyn Monroe

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Y vos tan orgullosa, nunca me avisaste/Que tal vez fuiste mía aquel verano.

Las oportunidades - Andrés Calamaro

Camila le dice a su amante Luis que ya no podrá verlo más, que es mejor que no se encuentren porque a último momento el marido de ella decidió acompañarla al lugar donde iban a tener una nueva cita (el ritual se repetía una vez al año, durante viajes de trabajo de Camila y de Luis, en una ciudad lejana para los dos y tan deforme que se convertía en el lugar perfecto para la aventura). Que llegó la hora de decir chau, que ya basta.

“Dejémoslo aquí, quedémonos el recuerdo. Adiós, te quiero”, propone ella y lo invita a borrar todo lo que se escribieron hasta ese instante. Mails, mensajes de texto, chanzas, groserías, todo. Luis recibe ese pedido como un puñal en un corazón endeble de antemano, el soplido que hace tumbar el castillo de cartas, el viento que desintegra el diente de león. Sin embargo, todavía es tan contundente para él la ilusión que había creado alrededor de ese reencuentro ahora imposible –la espera como engranaje, la víspera como parte insoslayable del rito amoroso: no hay eso sin lo otro– que lejos de quedarse el recuerdo, como pretende Camila, el amante lo revuelve, lo evoca, lo estruja, lo escribe.

“Ese quedémonos el recuerdo con el que me invitas a consolarme es lo que se me ha ido volviendo un problema, porque para quedármelo necesito conservarlo en alguna parte: ya se sabe que los recuerdos que no se apoyan en imágenes, ni palabras, ni objetos se deshacen poco a poco en la memoria, pierden la nitidez, sus contornos se diluyen, sus colores se entremezclan y al final solo queda una mancha borrosa de luz contra esa oscuridad que termina por engullirlo todo”, apunta él. Y de repente toda esa clandestinidad soñada durante meses, grotesca a veces, íntima siempre, por momentos muy graciosa y por momentos de manual, se vuelve desvarío. Agua que va y que vuelve en un tiempo difuso al que, con su texto, Luis pretende retener: lo que pasó y lo que podría haber sido confluyen en una carta que él escribe con la intención de no mandar nunca. Un envase posible para una historia improbable.

A partir de ese momento él repasa en detalle en los días que estuvo con Camila –por una manía muy particular que tiene por contabilizarlo todo, Luis registra que son siete en total–, investiga la correspondencia que se enviaron otros amantes, como la del escritor William Faulkner con un amor prohibido, y piensa escenarios en los que las cosas terminan de otra manera entre él y Camila. Una despedida que se estira hasta hacerse bienvenida: el eco de un amor que pasa a ser memoria.

Con estas palabras preciosas lo escribe Luis: “Quedémonos el recuerdo, me dices, y con esta manía que tengo de identificar las últimas veces, me doy cuenta de que esa frase sea probablemente la última acción que conjugaremos en el plural de la primera persona, nuestra última aparición conjunta en primera persona de un tiempo presente. Probablemente sea preferible no quedarnos el recuerdo, aún no tengo claro qué bien puede hacernos conservarlo, pero si como me pides hemos de quedarnos el recuerdo, habrá que construirlo primero de una manera en la que quede, es decir, habrá que preservarlo de una manera en que podamos quedárnoslo. Solo tengo el lenguaje para embalsamar. Por eso me vas a permitir que te escriba esta carta que probablemente nunca te mande, me basta con saber que te estoy hablando, quiero escucharme un poco más hablando con esta voz que tenía para ti, la voz que tú hacías brotar. Es así de lamentable, cursi e indigno, quiero escucharme a mí mismo hablar con esta voz que pronto va a perderse en tu silencio, quiero hacer sonar un rato más este instrumento que tan bien he aprendido a tocar y que solo servía para que tú lo escucharas”.

Siempre me intrigó el poder de lo trunco como motor: la posibilidad y su elástico infinito, crujiente, sonoro. Todo eso que podría haber sido, pero. (¿Será que será suficiente con que uno elija?, se pregunta Andrés Calamaro en su canción Las oportunidades. Más adelante él, que en más de una letra pone a su yo narrador a pensar alrededor del quizás, lanza un reclamo con forma de titubeo: Y vos tan orgullosa, nunca me avisaste/que tal vez fuiste mía un verano).

Bueno, todo esto –incluidos mis propios desvaríos, mis propias posibilidades embalsamadas entre palabras– me tuvo bastante tomada por estas horas.

Las escenas y las citas pertenecen a la primera parte del libro Los días perfectos, de Jacobo Bergareche (salió por Libros del Asteroide en la Argentina hace poquito, una novela breve, al hueso, hermosa). En la segunda parte el narrador le escribe a su esposa, ya les contaré qué pasa. O tal vez no, quién sabe.

Me despido después de este comienzo que se parece bastante a una carta que no mandaría jamás. O a un mensaje borrado de esos que no quiero leer y prefiero recordar

Se quedan con una nueva edición –trunca, como siempre– de Mil lianas.

1. Crónica de medio siglo, Emma Barrandéguy. “Pero este hombre entiende de vacas, de pastos, de suelos, de aguadas. ¿Para qué sirve todo esto? Vagamente intuye, sin duda, que termina una época. Vagamente me doy cuenta de que debería tomar el relevo y mantener mi brazo en su brazo en los años por venir. Y a pesar de esto, a pesar del entierro que seguimos, de los gritos de la gente y los pitos policiales, a pesar de sentirnos perdidos como dos niños, somos en realidad dos niños a quienes unen parecidas apetencias, concertados en silencia para ofrecer al mundo de las formas, de las mujeres, de los débiles, lo que les haga falta para contentarse, apretando para nosotros contra el corazón nuestro orgullo de vivir, la alegría de los trabajos bien hechos y las charlas infinitas con los seres que los días nos ponen al costado. No necesitamos ahora sino juntar palabras para relatar lo visto, más tarde, ahora y lo que que nos resta vivir”

La cita pertenece a la novela Crónica de medio siglo, de Emma Barrandéguy (editorial La Parte Maldita, 2022) y ofrece una de las escenas más conmovedoras del libro: un padre y una hija recién llegados del interior caminan por el centro porteño durante los funerales de Hipólito Yrigoyen. 

La publicación revisa –podríamos decir: rememora– casi 50 años de historia argentina entre 1892 y 1943, mediante capítulos breves narrados por distintos miembros de una familia entrerriana. Los hechos públicos y los privados se entrelazan, se anudan, se funden para darle lugar a un relato mayor. Una polifonía armada de fragmentos, con una prosa diáfana, líquida, ágil.

Emma Barrandéguy nació en Gualeguay, el 8 de marzo de 1914. Fue maestra, periodista, escritora y traductora. En 1937 se estableció en Buenos Aires, donde trabajó por casi dos décadas en el diario Crítica gracias a la convocatoria de Salvadora Medina Onrubia, de quien luego sería su secretaria privada.

La editorial La Parte Maldita ya había rescatado otro libro imprescindible de esta autora, Habitaciones, y ahora llegó la nueva edición de Crónica de medio siglo, obra publicada originalmente en la década de los ‘80.

El libro Crónica de medio siglo, de Emma Barrandéguy, fue publicado recientemente por la editorial La Parte Maldita. Más información, aquí.

2. Impostores por streaming. En Argentina empezamos a atravesar un par de feriados que se pegan al fin de semana y muchos tendrán más tiempo libre de lo habitual por estas horas. Yo misma, ilusionada con esa libertad –siempre condicional– hice una lista de cosas que vengo postergando y quiero aprovechar para ver. Una de ellas es la miniserie documental Quién maneja los hilos, en Netflix, porque como ya les conté varias veces soy fanática de la vida y de la obra de impostores, falsificadores y artistas del engaño (de hecho, escribí por acá una saga con las historias de varios de ellos. Sí, en algún momento volverán: dedos cruzados).

Pensando en eso recordé que hace poco publicamos en elDiarioAR un listado con diez series de ficción y documentales con historias de estafadores que tal vez les pueden llegar a interesar. Un fenómeno, por otra parte, que se multiplica en las plataformas de streaming: miniseries, largometrajes, reconstrucciones, documentales de investigación periodística que cuentan estas historias de estos personajes descarados y a la vez muy atractivos. Por si andan buscando material para estos días, les dejo la nota por acá.

El listado con diez series y documentales sobre impostores y grandes estafas para ver por streaming se puede leer por acá. Más historias de simuladores, falsificadores y artistas del engaño, aquí.

3. Blonde. Esto, en realidad, es un adelanto que salió a la luz en las últimas horas. Pero las imágenes –aviso que duran menos de un minuto: material no apto para personas ansiosas– son tan prometedoras que vale la pena ir agendando. Netflix anunció que el próximo 23 de septiembre llegará a las pantallas Blonde, la esperada biopic que contará la vida de Marilyn Monroe con la actriz Ana de Armas como protagonista.

En el breve anticipo que circula y en algunas fotos que brindó a la prensa la plataforma de streaming, la actriz llora frente a un espejo, las lágrimas le cubren la cara, hasta que al final estalla en una carcajada.

El largometraje, que tendrá su estreno internacional en la próxima edición del Festival de Cine de Venecia previsto para agosto, está basado en un libro homónimo de la escritora estadounidense Joyce Carol Oates.

Según adelantaron de manera oficial los realizadores, la historia “reimagina la vida de Marilyn Monroe, uno de los íconos más antiguos de Hollywood. Desde su volátil infancia como Norma Jeane hasta su ascenso a la fama y sus enredos amorosos, Blonde desdibuja los límites entre la realidad y la ficción para explorar el gran contraste entre su figura pública y privada”.

El estreno de la biopic Blonde fue anunciado por Netflix para el 23 de septiembre. La novela homónima de Joyce Carol Oates fue editada en español por Alfaguara.

4. Banda sonora. Vuelvo al comienzo de esta entrega. En el libro que estoy leyendo el narrador dice que toda historia de amor tiene su banda sonora “o aspira a tenerla”. “Hay canciones que se convierten en el tema principal de esa primera etapa en que el amor se vive aún como en una película, nos esmeramos en encontrar esa canción que podamos llamar nuestra canción, aquella capaz de atrapar el espíritu de ese tiempo y retenerlo, como una gota de resina sobre la que se posa una mariposa, la atrapa y al cabo de millones de años cristaliza, se hace ámbar translúcido y dentro exhibe para siempre preservada la imagen de esa mariposa como una extraña gema”, apunta Luis y después cuenta que su amante Camila eligió en una rockola que musicalizaba sus días de clandestinidad las canciones Cosmic Dancer, de T. Rex; Let’s Get It On, de Marvin Gaye; Wonderful World, de Sam Cooke, y Play With Fire, de los Rolling Stones. Por viscosas, por elocuentes, por clásicas, todas ellas se suman a nuestra lista compartida, nuestro concierto en medio del desconcierto.

¡Hasta la próxima!

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