“Ninguna vida es descartable”, fue una de las consignas
Miles de personas participaron de la Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista
Una multitud de personas llenó las calles y marchó este sábado desde Plaza Congreso hasta Plaza de Mayo en la segunda Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista LGBTI+, convocada por las organizaciones que integran el Frente Nacional Orgullo y Lucha junto a distintos movimientos de derechos humanos.
Sus motivaciones fueron numerosas, pero lo que a todos une es el descontento con el gobierno actual, y en particular con el presidente Javier Milei.
Sole González vendió camisetas del orgullo antifascista en la marcha. Pertenece a una iniciativa, llamada Fuega, para apoyar a la comunidad lesbiana. “Todo lo que es la comunidad LGBT está muy afectada porque hay mucha violencia”, dijo. “Literal que nos están matando a las personas trans, a las personas no binarias, a los gays, a las lesbianas. Mataron a tres compañeras lesbianas, las vendieron por lesbianas, y todo eso hay que combatirlo de alguna manera, sin desestar en la causa”, agregó.
La primera Marcha del Orgullo Antifascista se celebró el 1 de febrero de 2025 después de que Milei vinculara la homosexualidad con la pedofilia en el Foro de Davos, y declaró, “La ideología de género en su versión extrema constituye abuso infantil, son pedófilos”. La marcha atrajó a cientos de miles a más de un millón de personas a las calles en toda Argentina.
“Hoy, como hace un año atrás, nos movilizamos en apoyo a los reclamos de la comunidad LGTB y más para vivir una vida libre de violencia y de discriminación y porque se garanticen los derechos a la salud, a la educación, a la gobierno, al trabajo, en igualdad de condiciones y sin discriminación”, explicó María Paula García, coordinadora de igualdad y diversidad para Amnistía Internacional.
Sin embargo, la marcha fue mucho más allá de los derechos LGBTQ+. Los manifestantes portaban pancartas que exigían una serie de cambios, desde el llamado a detener la violencia policial hasta el cuestionamiento de los cambios posibles en la ley de glaciares.
Lolo Planas es un jubilado de una asamblea de Padua. Dijo que su grupo tiene miembros con hijos en el movimiento y que se apoyan mutuamente. Como muchos otros asistentes, Planas también asistió a la marcha del año pasado, que, según él, atrajo a una multitud mucho mayor. Aun así, habló del valor de formar parte de una protesta de este tipo.
“Si alguno de mis hijos hubiera tenido una identidad sexual minoritaria y hubiera tenido la valentía de defenderla y de luchar por lo que sentía y por lo que quería ser, estaría aún más orgulloso”, expresó Planas. “Y eso se siente mucho acá, gente que ha sabido con mucha adversidad aplanarse y defender lo que creía justo y eso nos hermana”.
Esta marcha también incluyó demandas específicas, como la prevención de los crímenes de odio y la reforma de la legislación laboral. Muchos repartieron volantes llamando a una huelga general el 11 de febrero cuando el Senado debata el proyecto del oficialismo.
“Es fundamental que, además de que el Estado no promueva los discursos de odio y no promueva la discriminación y la violencia, garantice políticas de promoción y protección de educación sexual integral, de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y que garantice políticas para que todas las personas puedan vivir libremente sin violencia”, destacó García.
González se sintió animado por la comunidad que vio y dijo que, mirando hacia adelante, es importante “que tengamos que seguir militando, que tengamos que seguir estando en la calle, que no tengamos miedo, porque somos un montón, y que juntos vamos a sacar a este obvio fascismo”, concluyó.
La marcha se replicó en todo el país bajo las consignas “Acá no sobra nadie. Ninguna vida es descartable”. La Comunidad Homosexual Argentina (CHA), 100% Diversidad y Derechos, Abosex –Abogados por los Derechos Sexuales– y las secretarías de Género nacional y de la Ciudad de Buenos Aires fueron algunas de las 49 organizaciones que se sumaron a la convocatoria.