Cada 16 de enero, en Estados Unidos y otros países del mundo se conmemora una de las efemérides más singulares del calendario: el National Nothing Day, una jornada creada, paradójicamente, para no celebrar absolutamente nada.
Sin desfiles, homenajes ni actos oficiales, la fecha propone una pausa simbólica frente a la saturación de conmemoraciones y celebraciones que ocupan gran parte del calendario.
El día fue impulsado en 1972 por el publicista Harold Pullman, con la idea de ofrecer un respiro colectivo y reivindicar el valor de no hacer nada en particular.
A diferencia de otras efemérides, no cuenta con eventos organizados ni actividades promocionales, y su espíritu radica precisamente en la ausencia de consignas y obligaciones.
Con el paso de los años, el National Nothing Day se convirtió en una curiosidad cultural que gana visibilidad en redes sociales y medios, donde se lo menciona como una invitación a bajar el ritmo, tomarse un descanso y reflexionar sobre la necesidad —o no— de marcar cada jornada con una causa o celebración específica.
En tiempos atravesados por la hiperconectividad y la agenda permanente, esta efeméride atípica funciona como una rareza que propone, al menos por un día, celebrar la nada.