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Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión
La delgadez siempre fue presentada como una aspiración social, aunque detrás de ese ideal se esconde un problema que atraviesa generaciones. Ahora, además, a esa presión se le suman algoritmos, inteligencia artificial, influencers que dicen qué hacer, una industria farmacéutica que vende inyecciones “mágicas” y una sociedad cada vez más perdida entre lo virtual y lo real.
En ese contexto, la extrema delgadez de figuras como Demi Moore o Nathy Peluso volvió a instalar debates sobre los cuerpos, los modelos de belleza y las nuevas formas de presión estética.
Antes se llamaba dieta. Ahora se llama detox. O wellness. O hábitos saludables. Ya no se habla solamente de bajar de peso, sino de “desinflamar”, “limpiar el cuerpo”, “verse mejor”, “sentirse bien”. La lógica es más sofisticada, pero el mensaje sigue siendo el mismo: hay que achicarse.
Los detox están de moda hace rato. Se venden jugos verdes, ayunos intermitentes, desayunos proteicos y rutinas imposibles bajo la promesa de bienestar y éxito personal. La disciplina aparece como virtud máxima: si no vas al gimnasio, si no comés orgánico, si no controlás tu cuerpo, pareciera que también fracasás en todo lo demás.
Pero hacer dieta también es un privilegio de clase. Las comidas orgánicas que muestran las celebridades de Hollywood son, en Argentina, inaccesibles para gran parte de la población. Aun así, el ideal circula igual. Y muchas intentan alcanzarlo.
Una pregunta abierta en Instagram bastó para que aparecieran cientos de respuestas. “¿Cómo se sienten con su cuerpo hoy?”, decía la consigna. Mujeres de entre 20 y 75 años hablaron de frustración, cansancio, obsesión, tristeza e impotencia. Todas atravesadas por lo mismo, sin importar la edad.
“Estoy a dieta desde muy chica. Después nunca paré”, contó una de ellas. Otra relató: “Fui hace poco a una clínica médica. Le conté que venía haciendo dieta y me recetó Ozempic directo, sin preguntarme nada”.
Muchas describieron una relación conflictiva con la comida desde la infancia. “Hay algo que se repite: si estás mal, dejás de comer. Es una forma de tapar algo. La dieta es muy común, pero atrás hay otra cosa: obsesión, perfección, control. Y ahí aparece la dismorfia. Te mirás al espejo y te ves gorda, aunque no sea así”, explicó una entrevistada.
Otra resumió el efecto de las redes sociales en una frase brutal: “Tengo la mente destruida. El algoritmo me debe escuchar, porque me empieza a mostrar formas mágicas de conseguir el cuerpo perfecto”.
El algoritmo sabe lo que se busca aunque nunca se diga
Betina Lippenholtz, investigadora y coautora del libro Investigar con IA, explicó cómo funcionan esos mecanismos invisibles que terminan moldeando consumos, inseguridades y deseos.
“Las empresas toman información de cualquier plataforma: un like, una pausa, una búsqueda, un posteo, incluso una foto de bikini que miraste tres segundos. La inteligencia artificial aspira toda esa información y crea una fórmula para devolverte exactamente aquello que, aunque no lo hayas pedido, le dijiste que querías”, señaló. “La IA no escucha. Lee. Recibe datos y devuelve datos. Tu huella digital funciona como migas de pan”, agregó.
El resultado es un bombardeo constante de contenido personalizado sobre dietas, ejercicios, tratamientos estéticos y cuerpos perfectos. El algoritmo monetiza la inseguridad.
La prueba también llegó con la propia inteligencia artificial. Ante una consulta sobre cómo adelgazar rápido con inyecciones, ChatGPT respondió recomendando distintas drogas para bajar de peso, entre ellas Ozempic, explicó sus usos y hasta sugirió cómo conseguirlas. Los posibles efectos adversos solo aparecieron después de insistir con preguntas específicas.
Ozempic y la ilusión de una solución rápida
Ozempic nació como un medicamento para tratar la diabetes tipo 2, pero en los últimos años se convirtió en una de las drogas más buscadas para adelgazar.
Julieta Tkatch, médica especialista en endocrinología del Hospital Durand, explicó que el problema no está necesariamente en el medicamento, sino en el uso indiscriminado y en la expectativa que se genera alrededor. “Para la obesidad y ciertas comorbilidades es una herramienta muy buena. La droga es segura y efectiva, y vino a cambiar el paradigma en el tratamiento de la obesidad”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que muchas personas llegan al consultorio buscando una solución mágica. “El paciente tiene que entender que esto es un proceso. Vivimos en una sociedad resultadista, donde todo tiene que pasar rápido. Y bajar de peso no es la excepción”. Tkatch también remarcó cómo las exigencias estéticas alcanzan cada vez más a mujeres jóvenes. “Vemos chicas divinas haciéndose tratamientos innecesarios todo el tiempo. Esta droga también forma parte de ese universo estético”.
“No se trata de la comida”
En la institución La Casita, especializada en trastornos de la alimentación, trabajan con adolescentes y familias atravesadas por estas problemáticas. Una de las frases que aparece en sus redes resume gran parte del conflicto: “No se trata de la comida. Nunca lo fue”.
Paula Hernández, coordinadora del espacio, explicó que el culto a la delgadez se naturalizó al punto de convertirse en un ideal aspiracional permanente. “Cada vez más chicas consultan por este problema. Muchas vienen de familias dietantes o donde existe un culto muy fuerte a la delgadez. Además están atrapadas por las redes sociales y sienten que siendo flacas pertenecen”, explicó. Cuando se le preguntó si la delgadez sigue asociada a la felicidad, respondió sin dudar: “Absolutamente”.
“No somos sujetos, somos objetos”
Para Débora Tajer, doctora en Psicología, profesora de la UBA y psicoanalista, la presión sobre el cuerpo femenino no puede separarse de los mandatos históricos sobre la feminidad. “No es algo intrínseco a las mujeres, sino un entramado social y cultural que se transmite de generación en generación”, explicó.
“La sociedad patriarcal convierte a las mujeres en cuerpos: cuerpos para la procreación, para el sexo, para los cuidados. No somos sujetos, somos objetos valorados por el cuerpo. Por eso todo se deposita ahí”, sostuvo. Según Tajer, existe además toda una maquinaria económica construida alrededor de esa exigencia. “El cuerpo es un lugar donde se hacen negocios. Hay una oferta comercial permanente para que las mujeres intenten alcanzar un ideal imposible”.
Mientras tanto, entre filtros, algoritmos y promesas de felicidad instantánea, la relación con el cuerpo parece volverse cada vez más cruel. Como escribió Naomi Wolf en El mito de la belleza: “Nuestra insatisfacción sigue devorando nuestro tiempo, energía y alegría. Y generando dinero”.
LS/CRM