El Papa fulmina desde el hospital al secretario de Ratzinger y al artista acusado de abusos Marko Rupnik

Jesús Bastante

en religiondigital.com —

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Francisco vuelve a casa, después de diez días ingresado en el Policlínico Gemelli para ser operado del abdomen. Una convalecencia difícil, que ha mostrado un Papa mucho más frágil de lo acostumbrado (hasta hoy no se han difundido imágenes suyas), y obediente a las recomendaciones de los médicos, pero que seguía trabajando.

Para muestra, un botón: este mediodía, el Bolletino de la Santa Sede oficializaba lo que era un secreto a voces, y expulsaba al secretario de Benedicto XVI, Georg Gänswein, a quien envía de regreso a su diócesis de origen, Friburgo, sin cargo alguno.

El prelado, que ocupaba en la actualidad un apartamento de 300 metros cuadrados muy cerca de la residencia papal de Santa Marta, tendrá que abandonar el Vaticano el 1 de julio, en lo que varias fuentes consideran un golpe de autoridad papal contra el arzobispo alemán, considerado uno de los líderes del sector ultraconservador de la Curia.

Con todo, al menos por el momento, Francisco ha querido ser prudente antes de dilucidar el futuro de Gänswein. Así, aunque se había especulado con un arzobispado en Alemania (algo a lo que se negaron tanto el secretario de Ratzinger, que quería seguir presionando desde el interior de los muros vaticanos, como los propios obispos alemanes) o un destino diplomático (Costa Rica era el elegido), lo cierto es que existen razones que aconsejan esperar antes de confirmar si Gänswein puede detentar la confianza del Papa o, como se ha comprobado con la publicación de sus ‘Memorias’, ésta se ha roto definitivamente.

“Con fecha 28 de febrero de 2023, monseñor Georg Ganswein terminó su mandato como Prefecto de la Casa Pontificia. El Santo Padre dispuso que monseñor Ganswein desde el 1 de julio vuelva, por el momento, a su diócesis de origen”, apuntó un lacónico comunicado de la Santa Sede, que oficializa una situación que era real desde hace tres años, cuando Gänswein permitió que el cardenal Sarah firmara un libro ‘a cuatro manos’ con Benedicto XVI en el que se criticaban con dureza algunas reformas de este pontificado.

Junto al ‘caso Gänswein’, Roma ha puesto fin, con apenas minutos de diferencia, a otro escándalo, que afectaba en este caso a la Compañía de Jesús, y a uno de sus miembros más conocidos, el artista esloveno Marko Rupnik, acusado de violar a decenas de mujeres en su país natal y que esta mañana ha sido expulsado de los jesuitas.

En una rotunda carta enviada a sus víctimas, el consejero general de la Compañía, Johan Verschueren, anuncia esta medida, que se toma “debido a la obstinada negativa a observar el voto de obediencia”.

Y es que Rupnik, que tenía prohibida las salidas de su centro en Italia, y mucho menos participar en proyectos artísticos mientras se dilucidaba su condena, viajó en mayo a Mostar (Bosnia-Herzegovina) y Hvar, en Croacia, donde participa en proyectos de restauración.  El último viaje de Rupnik ha sido la gota que colmó el vaso del padre Johan Verschueren, quien ayer denunciaba que “se trata de una seria transgresión de las medidas restrictivas impuestas al P. Rupnik”.

Este mediodía, el propio religioso hacía pública la salida de Rupnik de la Compañía, tras haber rechazado “la última oportunidad” concedida para entrar en un “camino de la verdad”. Rupnik dispone ahora de 30 días para presentar un recurso. Transcurrido este plazo, la expulsión será definitiva.

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