Presunto esquema de corrupción

Servidor clave y chats bajo la lupa: la Justicia avanza sobre los Kovalivker en la causa ANDIS

elDiarioAR

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La causa que investiga un presunto esquema de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) ingresa en una fase clave con la apertura del servidor informático secuestrado en la Droguería Suizo Argentina, empresa propiedad de los hermanos Jonathan y Emmanuel Kovalivker. Para el fiscal federal Franco Picardi, el análisis de ese material puede resultar determinante para profundizar la hipótesis sobre el “rol preponderante” que habría tenido la firma dentro del organismo.

El expediente ya derivó en el procesamiento de 18 personas por administración fraudulenta en perjuicio del Estado, negociaciones incompatibles con la función pública y cohecho. El juez federal Sebastián Casanello sostuvo que funcionarios de la ANDIS y empresarios del sector salud habrían integrado una organización destinada a direccionar contrataciones y obtener beneficios económicos indebidos.

Si bien la Droguería Suizo Argentina no fue incluida en la primera tanda de procesamientos, la Cámara Federal de Casación Penal rechazó el pedido de nulidad presentado por los Kovalivker, lo que confirmó que la empresa continuará bajo investigación. La resolución señaló que la firma aparece mencionada en múltiples comunicaciones y registros incorporados a la causa.

Según la fiscalía, entre diciembre de 2023 y octubre de 2025 la ANDIS habría operado como una “ventanilla de pagos millonarios” con procedimientos que no garantizaban principios de transparencia y competencia. En ese contexto, la droguería fue beneficiada en un año con compras por aproximadamente 55.000 millones de pesos, volumen que ahora se encuentra bajo análisis.

En el expediente figuran conversaciones en las que se alude a la necesidad de “tener gente con la bandera correcta”, junto al emoji de la bandera suiza, así como referencias a “el helvético”. De acuerdo con la hipótesis fiscal, a través de ex funcionarios procesados como Pablo Atchabahian Matías Garbellini, la empresa habría tenido influencia en decisiones administrativas internas, incluso en despidos de personal.

El comportamiento de los empresarios durante los allanamientos también quedó bajo escrutinio. Jonathan Kovalivker estuvo cuatro días sin presentarse ante la Justicia tras un procedimiento en su domicilio y entregó posteriormente un teléfono celular reseteado de fábrica. En el vehículo de Emmanuel Kovalivker, interceptado en Nordelta, las fuerzas de seguridad hallaron 266.000 dólares distribuidos en sobres y siete millones de pesos en efectivo. En la vivienda allanada se encontró una caja fuerte abierta con escaso dinero en su interior.

Los investigadores consideran que el análisis técnico del servidor permitirá reconstruir movimientos económicos, comunicaciones y eventuales directivas impartidas desde la empresa hacia el organismo estatal. Con esta nueva instancia probatoria, la causa ANDIS suma un elemento que podría resultar decisivo para determinar el grado de participación de la Droguería Suizo Argentina y de los hermanos Kovalivker en el presunto entramado de corrupción público-privado vinculado a la compra de medicamentos de alto costo.

La fortaleza del dueño de la Suizo Argentina

El edificio vidriado en la esquina de Ramsay y Monroe, en el barrio de Belgrano, es la sede de la droguería Suizo Argentina, empresa cuyo nombre empezó a ser conocido tras el escándalo de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS).

El edificio, una construcción moderna que contrasta con la fisonomía más clásica de la avenida Monroe, tiene continuidad en la esquina de Ramsay y Figueroa Alcorta, donde se encuentra uno de los estudios de diseño más prestigiosos del país.

De alrededor de 20 metros por lado, la sede de la Suizo Argentina, sobre la planta baja con dispositivos electrónicos para el ingreso, suma tres pisos de oficinas con vistas a la calle y en cuyo interior puede apreciarse el movimiento de los empleados, que para las 8 ya están en sus puestos de trabajo. Iluminación uniforme y muebles funcionales, sin demasiados lujos, es lo que puede verse a través de los cristales que, llamativamente, carecen de cortinas que den un poco de privacidad a las más expuestas.

La construcción tiene dos ingresos vehiculares, uno sobre cada arteria, que se comunican por el centro y funcionan, en algunos casos, como entrada y salida. Así, pudo apreciarse ingresar un Volvo de última generación por el portón de Monroe y retirarse, diez minutos más tarde, por la salida de Ramsay.

Esto parece funcionar de manera selectiva, ya que los vehículos que ingresaron por Ramsay estacionaron y volvieron a salir por el mismo portón, siempre asistidos por un efectivo de la Policía de la Ciudad. Una SUV BMW, también de última generación, ingresó por ese lugar y allí permaneció hasta horas de la tarde.

La seguridad es algo que la familia Kovalivker se toma muy en serio: lo primero que se aprecia al llegar por Monroe es la presencia de un móvil, rojo y con al menos dos personas, de la empresa San Miguel; son quienes custodian el ingreso por esa puerta y asisten, también, a quienes deben dejar o retirar mercadería, movimiento más bien escaso durante la jornada.

Además del puesto fijo, la seguridad se ve reforzada por un efectivo de la Comunal 13A —de ronda por la cuadrícula, no fijo— y la presencia alternativa de las diferentes divisiones de la Policía Federal que custodian el Monumento a los caídos, emplazado en el Parque de las Américas. La presencia del cronista fue rápidamente alertada y se hizo saber dentro del edificio, en el que no se apreció la llegada de las principales autoridades en el transcurso de la jornada.

Cámaras fijas apuntando en diferentes direcciones sobre los muros y un domo 360° sobre el poste que se encuentra justo delante del ingreso de Ramsay 2500 completan la seguridad del lugar, donde nada parece librado al azar: desde la primera pregunta del personal privado de guardia hasta los múltiples controles, que incluyen acceso por huella o llaves electrónicas incluidas en los celulares de los empleados para abrir el molinete que, finalmente, da acceso al resto del edificio.

Con información de la agencia Noticias Argentinas.