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Violencia económica: el control del dinero como forma de sometimiento
Un día Fernanda decidió separarse, pero todo se volvió cada vez más difícil. Su ex marido no lo aceptaba y comenzó a castigarla de distintas formas. Dejó de pasarle dinero, negaba que tenía ingresos y le llevaba solamente cajas de comida. “Era horrible, yo esperando la caja”, cuenta.
Violencia verbal de por medio, abogados estatales: la situación se fue volviendo cada vez peor.
Era difícil comprobar que él tenía ingresos porque trabajaba en negro, pero lo poco que consiguió fue una cuota mínima de alimentos que no se actualiza: sigue siendo la misma desde hace dos años.
Después de meses de sufrimiento económico, el padre de Fernanda murió y le dejó un dinero en una cuenta para que ella pueda subsistir. Pero al intentar retirarlo descubrió que tenía la cuenta embargada. Había sido bloqueada porque su ex marido debía patentes de un auto que estaba a nombre de los dos y que él se había quedado.
Hay distintas formas de violencia en las parejas. Una de las más complejas es la económica. Es una forma de ejercer poder que convierte la relación en asimétrica: quien maneja el dinero termina manejando todo lo demás.
Muchas veces, como es el hombre el que paga, la mujer no puede opinar qué comer o en qué gastar. Y esto sucede en todas las clases económicas, desde las más bajas hasta las más altas. A veces las mujeres no encuentran salida porque no pueden mantenerse a ellas mismas y a sus hijos, y terminan quedándose en un ambiente hostil. Porque, convengamos, si hay violencia económica seguramente hay alguna de las otras: sexual, física o psicológica.
Un gran avance en este tema fue la Ley 26.485, sancionada en 2009 y promulgada por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que reconoce la violencia económica como una forma de violencia de género.
Esta ley define como violencia cualquier relación desigual de poder que afecte la integridad y la dignidad de las mujeres, incluida la limitación o el control de sus ingresos. Además, se sustenta en tratados internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), creada por las Naciones Unidas.
Consultada sobre el tema, la abogada Verónica Flor, especializada en derecho de familia, contó: “Muchas veces la víctima no se reconoce como víctima porque no hay golpes. Están acostumbradas a esas prácticas económicas porque reproducen lo que vieron en sus familias. Entonces se convierte en la violencia más naturalizada. Y no solo ocurre en una clase social, ocurre en todas: como el caso mediático de la modelo a la que el ex marido le puso todo a nombre de él, algo muy difícil de demostrar porque ella le dio su confianza y ella no tenía donde vivir”.
“Tuve un caso de una abogada de clase alta. Él manejaba todo y ella no se podía ir porque quería mantener su nivel de vida. ‘Bueno, tal vez tenga suerte y se muera pronto’, decía. Mientras tanto prefirió vivir en una cárcel de oro. Y desde afuera no se juzga: dicen ‘qué suerte que no trabaja y vive así’, añadió.
“Y también tuve casos de clases bajas en los que ella era golpeada, pero como él era el que pagaba la comida —‘paraba la olla’, así me decía— se quedaba por sus hijos. Me decía que prefería aguantar los golpes para que sus hijos pudieran comer”.
“También hay casos en los que, una vez separados, el hombre dice: ‘yo te pago la cuota alimentaria, pero tenemos relaciones sexuales’. Es lo que se conoce como el débito conyugal”.
El débito conyugal define el deber mutuo de los esposos de mantener relaciones sexuales. Aunque históricamente se consideró una obligación conyugal, no es exigible y el consentimiento es esencial. La falta de consentimiento constituye violencia sexual o violación conyugal.
“Mi consejo es que si una persona quiere separarse realmente y no puede por un tema económico, ahí no hay libertad. Pero la balanza costo-beneficio tiene que cerrar y hay que empezar a reconocerse víctima, si lo es, y pedir ayuda a quien sea, empezando por el círculo más cercano”.
En el libro La mujer y la violencia invisible, de Eva Giberti y Ana María Fernández, la psicóloga Clara Coria escribió: “El dinero es considerado sinónimo de virilidad y masculinidad. Las mujeres administran el dinero chico y los hombres el dinero grande. La sexuación del dinero genera condiciones insalubres para el psiquismo. Por su lugar privilegiado en el intercambio social y su fuerza como instrumento de poder, resulta ser un portador extremadamente sensible de los mandatos sociales y de las distintas ideologías de poder”.
Fernanda me llamó al otro día de haberla entrevistado y me dijo: “Quiero llorar. Me acaba de mandar un mensaje la abogada. La justicia rechazó mi pedido de compensación económica. Le dieron la razón a él y encima tengo que pagar los costos de su abogada. Me dijo que ya no se puede hacer nada. Ya no tengo más fuerzas. Es imposible contra este sistema. Imposible”.
La Oficina de Violencia Doméstica (OVD) publicó en el 2025 un relevamiento basado en 25.119 testimonios entre 2020 y 2024 en la Ciudad de Buenos Aires. El 58% de las denunciantes padecieron violencia física, el 39% violencia económica y patrimonial y el 11% fueron sometidas a violencia sexual.
LS/CRM