Miedo
Miedo a ver un bot metiendo llave en la puerta de la redacción.
Miedo a escribir.
Miedo a no poder escribir.
Miedo porque sé quién acepta el sobre y de quién.
Miedo a este presente, que más que instante es una línea: siempre igual.
Miedo al celular que oye todo lo que digo.
Miedo a las noches oscurecidas por un corte de luz.
¡Miedo a que nadie expropie Edesur!
Miedo a los entrevistados que dicen “preguntame lo que quieras, yo hablo de todo”.
Miedo a la intensidad.
Miedo de saber cuál ropa quiero llevar cuando me toque el ataúd.
Miedo a no saber sobre qué escribir.
Miedo a tener que responder.
Pánico a los consagrados que frustran a los recién llegados.
Miedo al desinterés.
Miedo a mi letra, mi letra imposible, cuando tomo nota de lo que alguien dijo.
Miedo al ascenso de los traidores.
Miedo a convencerme de que es una cuestión de actitud, cuando que es un estado: un estado de las cosas.
Miedo a malinterpretar.
Miedo a esforzarme para que no se me note...
Miedo al punto seguido porque eso indica que el punto final está cerca.
Miedo a no escuchar lo que el texto me pide, y que por eso el texto me abandone.
Miedo a lastimar con las palabras que uso, palabras que uso porque creo justas.
Miedo a no darme cuenta.
Miedo a olvidar tu piel blanca, como de talco.
Miedo a no poder escribir.
Ah, somos muchos los que decimos eso.
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