Estreno de Cine

“How To Have Sex”, la película que redefine el cine adolescente para hablar del consentimiento sexual

Javier Zurro

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El cine adolescente es un subgénero en sí mismo gracias, especialmente, a películas de Hollywood que mostraban a jóvenes salidos, revolucionados por las hormonas. Habitualmente estos personajes estaban obsesionados por perder su virginidad y se centraban en el baile de fin de curso o en las vacaciones todos sus esfuerzos por lograrlo. El sexo como meta, como objetivo de crecimiento. No había aristas en el relato, y todo se reducía a un humor chabacano y a una sucesión de escenas de alcohol, fiesta, sexo frustrado y, finalmente, un acto como paso a la edad adulta.

La lista es larga. De Porky's a Supersalidos pasando por American Pie. Además, todas las industrias intentar trasladar el éxito de esos títulos. En España se encadenaron proyectos como Slam, Fuga de cerebros o Fin de curso. Han pasado casi 20 años desde aquel bum, y también una revolución feminista que ha hecho que se mire de forma crítica la manera en la que se han contado temas como el consentimiento. El Me Too y el caso de La Manada pusieron el foco en un tema que, hasta ese momento, había pasado desapercibido por todos, y que incluso desde el cine se había desvirtuado.

El imaginario que proponían esas películas era el del sexo como logro, el que no lo conseguía era un perdedor y el que tenía mucho era el campeón. Por supuesto, contado por ellos y centrado en ellos. Para las mujeres, la vara de medir era otra. También se incurría en otro tropo preocupante, el del alcohol como liberador, como desinhibidor para que ellas aceptaran.

Para destruir todo aquello llega una película como How To Have Sex, que funciona como el reverso oscuro de aquellas películas adolescentes. Coloca el punto de vista en ellas, en tres adolescentes británicas que van de vacaciones a una especie de Magaluf griego con la premisa de emborracharse, salir de fiesta y tener sexo. Una de ellas es virgen. El punto de partida sería el clásico para una comedia, pero la debutante Molly Manning Walker lo transforma en una radiografía de la presión hacia la mujer para tener sexo, las formas en las que se enseña a los jóvenes a tenerlo y cómo el consentimiento sigue siendo una asignatura pendiente en la sociedad. 

Su retrato de ese tipo de lugares, donde incluso se llega a invitar a una copa de alcohol a las mujeres que le hagan una felación a un joven, es desolador y nace de la experiencia concreta de su realizadora. “Pasé muchas vacaciones cuando era adolescente con amigos diferentes y es una mezcla de muchos recuerdos. Por ejemplo, la escena de la mamada a mitad de película es algo que vi. Todo aquello fue lo que me impulsó a escribir la película”, cuenta Molly Manning Walker. Esos recuerdos los concentra en “un punto de ebullición” como este lugar de vacaciones, aunque sabe que lo que describe “también podría pasar en una fiesta en una casa o en un local”, pero “juntar todo en los tres días de las vacaciones era perfecto para la intensidad de la película”.

Cuando éramos jóvenes nos empujábamos a estas situaciones que eran situaciones de agresión. Pensábamos que estaba bien que ellos hicieran ciertas cosas, y no lo estaba

Uno de los aciertos del filme es observar ese lugar desde fuera. La mirada de una persona ajena, sin estar dentro del grupo, sin beber, lo que le hace darse cuenta de lo que ocurre realmente. “Las vacaciones siguen siendo un recuerdo positivo para mí, pero cuando fuimos a buscar localizaciones, que originalmente fuimos a Magaluf, tuve ese tipo de experiencia extracorporal. Lo vi desde un punto de vista diferente por primera vez, un punto de vista queer y de persona más mayor que no había experimentado cuando tenía esa edad. Me hizo verlo desde una perspectiva completamente diferente. Además, llevaba sin beber seis años, y no estaba allí borracha, sino con una mentalidad totalmente diferente y quería intentar trasladar eso, el mirarlo desde una lente diferente”, explica.

La inteligencia de la directora se muestra desde ese título, que bien podría haber sido de una de esas comedietas teenagers, pero que esconde una intención casi didáctica. Un título que “estuvo desde el principio”. “Se trataba de mostrar que así es como se nos enseñaba cuando teníamos esa edad a tener relaciones sexuales. Realmente pensábamos que esa era la forma en la que había que tener sexo. Nos empujábamos a estas situaciones y, ahora, en retrospectiva, vemos que eran situaciones de agresión. Pensábamos que estaba bien que ellos hicieran ciertas cosas y no lo estaba. Para mí es un título que trata de replantear lo que es el sexo para tanto gente”, analiza.

How To Have Sex pone un espejo de aumento a acciones que durante mucho tiempo se vieron como normales. Un espejo para que ellas las vean, pero también para que ellos sean conscientes de lo que han estado haciendo. Ese efecto de su película lo vio “desde los primeros pases de prensa en Cannes”. “Hubo gente que me preguntó que por qué ella no se levanta y se va cuando todo ocurre, y yo pensaba, ¿por qué hace esa pregunta?, como si ella debiera haber dicho que no para entenderlo, y me di cuenta de que es que mucha gente se estaba viendo reflejada en lo que habían hecho”, subraya. Por ello le apetecía hablar del consentimiento, un concepto que cree que “se ha vuelto binario porque la gente ha tenido que luchar por el ‘sí’ como algo definitivo, pero la naturaleza real y realista de esto es que deberíamos ser dos personas reflexionando sobre cómo se siente el otro y por lo que está pasando el otro”.

Molly Manning Walker también muestra lo en serio que se toma el tema que aborda en su acercamiento visual a la escena de agresión y a los cuerpos de sus protagonistas: “La clave fue que nunca se trató de hipersexualizarlo ni de hacerlo agresivo. Creo que, como mujeres, entendemos esa escena y entendemos lo que está sucediendo. No quería retraumatizar a la gente y tener que ver todos los detalles y su naturaleza gráfica. Para mí, se trataba realmente de experimentarlo a través de sus ojos y ver cómo ella estaba emocionalmente pasando todo eso”.

Con How To Have Sex ha estado dando coloquios en institutos, y hace unos días se encontró a un grupo que le dijeron que no querían estar con chicas que se hubieran acostado con demasiada gente. “Les pregunté que si ellos se habían acostado con más chicas, y ellos me dijeron que es que a ellas no les importaba, y me pareció aterrador. La gente se obsesiona con los números y les gusta hablar sobre quién se acostó con quién y esas cosas, pero nunca lo centramos en el placer. Un chico quiere decir ‘me acosté con 60 chicas’, pero nunca dirá ‘he tenido muy buen sexo con una chica’”.

A la directora le preocupa que estos jóvenes estén viviendo un proceso de retroceso que les opone a movimientos feministas y LGTB: “Es una locura, cuando volví del instituto estuve deprimida todo el día, porque me encontré con adolescentes que son fans de Andrew Tate y me pareció desconsolador. Gente que estaba en contra de las personas trans, del colectivo LGTB, misóginos…”.

Contra ellos, toda una generación de “directoras jóvenes con una actitud punk en muchos países, como aquí en España con Elena Martín, y que están haciendo películas que no hemos visto antes y sobre temas de los que es necesario hablar”. Mujeres que hablan del sexo, del consentimiento, que muestran realidades no vistas, que cambian conciencias y que plantean un futuro, como lo describe Molly Manning Walker, “realmente esperanzador”.