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La turbulenta vida de la productora que inventó el éxito de Pocoyó y lo dejó escapar

Imagen del dibujo animado de Pocoyó - Zinkia.

Cristina G. Bolinches

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Pocoyó tiene 20 años. No vive los altibajos de llegar a la edad adulta, sino que sigue siendo el dibujo tridimensional de un niño de dos o tres años vestido de azul de pies a cabeza que trata de descubrir el mundo junto a sus amigos, un pato llamado Pato y Elly, una elefanta rosa.

Mientras en su vida no pasaron demasiadas cosas imprevisibles, la casa que vio nacer a Pocoyó, la productora Zinkia, es todo lo contrario. En dos décadas experimentó desde tormentosos cambios en su equipo directivo −procesos en los tribunales incluidos−, entrar y salir de un concurso de acreedores por problemas financieros hasta disfrutar de las mieles de estrenar un mercado bursátil y tener que salir de él porque no salían los números. 

La última de esas aventuras de la creadora de Pocoyó lleva al muñeco azulón a Francia. La pasada semana, Zinkia comunicó que va a vender la marca del popular dibujo animado a la compañía francesa Animaj. Va a transmitir los derechos de propiedad industrial e intelectual de Pocoyó y sus compañeros de aventuras, los contratos de distribución y licencia, las aplicaciones y casi todos los activos vinculados con esta línea de negocio.

Son casi todos porque Zinkia se queda con los derechos ligados a la explotación de Pocoyó dentro del mundo educativo, con una licencia para explotarlo en todo el mundo. Además, Zinkia tampoco desaparece por completo de la vida de Pocoyó, porque se quedará con el 7,99% del capital social de Animaj SAS, la matriz de la compañía francesa, según los detalles de la transacción que comunicó la propia productora.

En la actualidad, Zinkia no solo tiene a Pocoyó en su cartera, porque tiene en producción otros dibujos, como Shuriken School, que seguirá las vivencias de Eizan Kaburagi, un niño de 10 años, en una escuela Ninja; y de Mola Noguru, más cercana al público objetivo de Pocoyó porque está enfocada a niños y niñas de hasta cinco años, “animándolos a pensar a través de lo que ellos mismos ven, sin adoctrinamientos y, sobre todo, enfatizando lo mágico y único que es ser un niño”, según explica Zinkia en su propia página web. Mientras, Animaj tampoco es ajena a los dibujos con bebés como protagonistas. Está detrás de Hello Tiny, canciones para preescolares con más de tres millones de suscriptores en Youtube en su versión en inglés.

Las mieles de ser la primera en el MAB

Zinkia tendrá que buscar, a partir de ahora, un nuevo éxito animado tras la marcha de Pocoyó. Es otra vuelta de tuerca para una compañía que vivió sus momentos más dulces tras el éxito del dibujo infantil hace casi dos décadas y, sobre todo, con su debut en el MAB, el Mercado Alternativo Bursátil. Fue la primera compañía en salir a cotizar en una bolsa pensada para las compañías en expansión y que hoy ya ni se llama así, porque hace tres años se rebautizó como BME Growth. 

Su debut en el MAB, en 2009, situó el valor de la compañía en 60 millones de euros. Entonces, la empresa estaba controlada por José María Castillejo de Oriol, que años después salió de la empresa en un terremoto accionarial. En su debut bursátil, Castillejo aseguró que “los inversores que entraron en la OPS (la oferta pública de adquisición de acciones) harán un gran negocio. Detrás de Zinkia hay un equipo de más de 70 profesionales de primer nivel, un conjunto de propiedades y contratos firmados en territorios por todo el mundo: esa es nuestra mayor garantía de éxito”.

Desde entonces, Zinkia vivió altibajos casi continuos. Entre los primeros, ver cómo el MAB suspendía su cotización por no presentar información sobre la actualización de sus planes de negocio. Más tarde, comprobar cómo la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) lanzaba una advertencia por una emisión de bonos, en la que prometía una rentabilidad del 11%, al entender −allá por 2013− que la productora “podría incurrir en alguno de los supuestos previstos en la normativa concursal”. 

De hecho, la propia compañía tuvo que reconocer que no contaba “a corto plazo con liquidez suficiente para atender sus deudas”. Eran los momentos de la crisis financiera y la restricción del crédito bancario. En ese contexto, en febrero de 2014, Zinkia presentó una solicitud de concurso voluntario de acreedores, al no poder llegar a un acuerdo para refinanciar su deuda, que rozaba los 11 millones de euros. Tardó más de un año en salir del concurso, pero lo consiguió, tras el compromiso de que pagaría su deuda −ya de 13 millones− en un plazo máximo de 20 años. 

La productora de Pocoyó volvió a cotizar, pero no por demasiado tiempo. A finales de 2018, Zinkia anunció que dejaba el MAB, entonces con un valor de mercado −capitalización− de algo más de 17 millones de euros. “El principal motivo para tomar esta decisión es que la cotización en este mercado no representaba ninguna ventaja para la compañía ni sus accionistas, debido a la reducida liquidez de los títulos y al coste adicional que ocasionaba la gestión de la actividad, tanto en términos económicos como de estructura”, reconoció. 

La batalla accionarial

La evolución financiera de Zinkia no puede entenderse sin la batalla paralela en su accionariado, tribunales incluidos. Los protagonistas principales, José María Castillejo, quien tenía el control accionarial en el momento de salir a Bolsa; y el mexicano Miguel Valladares, quien tomó su relevo.

Una pelea que no fue precisamente secreta, porque se narró casi en directo en los medios de comunicación. “Mi objetivo no es la guerra, mi objetivo es la paz. Y mi objetivo es encontrar un acuerdo para que esto se pueda resolver de manera satisfactoria, pero no parece el objetivo de las otras personas”, aseguró Castillejo, cuando aún tenía el 64% de las acciones de Zinkia, en una entrevista con la agencia EFE.

El empresario mexicano entró en el capital de la productora en 2010, un año después de la salida a bolsa, en una operación fuera de mercado, compró el 1% de Zinkia por cerca de un millón de euros.

Valladares fue escalando en el capital hasta superar el 10% y, tras el concurso de Jomaca 98 −la sociedad con la que Castillejo participaba en Zinkia−, un juzgado mercantil de Madrid le adjudicó otro 33% y el control de la sociedad. Cambió a toda la alta dirección y se convirtió en presidente con el objetivo de reflotar la compañía.

Fue una guerra nada disimulada entre accionistas, que tuvo derivadas. Hacienda llegó a embargar más de 845.000 euros a Ana María Chico de Guzmán y March, esposa de Castillejo y bisnieta del banquero de la dictadura franquista, Juan March Ordinas.

De sus ancestros habló el propio Castillejo, a través de su blog. En su primer post, 'La Pata del Cid', menciona que es descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar. “Algunos de mis antepasados fueron honrados con títulos nobiliarios y algunos de estos títulos, años después, o más bien siglos después, recayeron en mi persona”, aseguraba en 2011. Siete años después, El Confidencial publicó un perfil del directivo muy diferente. “Ahora vivo en Vallecas de la caridad de mis hermanos”, afirmó.

En ese mismo blog, en la última entrada de julio de 2021, el exdirectivo de Zinkia señala el archivo de las causas que sus sucesores en la productora emprendieron contra él. Carga también contra la CNMV.

En el otro lado del ring, las críticas tampoco fueron veladas. En febrero de ese mismo año, Alberto Delgado, consejero delegado de la inventora de Pocoyó, criticó en Expansión a los anteriores gestores: “Han pasado ya los años y solo hay un elemento que nos sigue condicionando, la deuda que heredamos. Aproximadamente ya hemos pagado siete millones y estamos cumpliendo los plazos asignados, pero es una mochila que nos va pesando”.

Con mochila o sin ella, la historia de Zinkia da un nuevo giro, con la mudanza de Pocoyó a Francia, pero el dibujo animado y la productora que lo inventó aún no han terminado de dibujar su historia.

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