Criptoarte y especulación: ¿lo invisible es arte?

El 11 de marzo, Christie’s vendió por cerca de 70 millones de dólares Everydays de Beepleun un collage digital de las imágenes que el artista había creado  y compartido gratis a diario durante los últimos trece años.

¿Un archivo jpg que se vende por millones de dólares? ¿Cartas digitales de unos pocos píxeles que causan furor entre coleccionistas? ¿Especulación financiera con bienes no tangibles? Si todo esto es simplemente irreal o poco factible, pensá de nuevo. En los últimos años las criptodivisas (de la mano del Bitcoin y el Ethereum, las más cotizadas) se han popularizado y sumado adeptos; pero algo todavía más impensado y novedoso viene ganando terreno en el mundo del arte: el criptoarte. 

La incalculable huella de carbono del criptoarte y los NFT

La incalculable huella de carbono del criptoarte y los NFT

La palabra clave es NFT, las siglas en inglés de Non-Fungible Tokens o sea un vale no fungible. Los nifties como los llaman y que no es más que un archivo digital que, a diferencia de cualquier otro que puede copiarse, es único. En síntesis son activos digitales originales que representan sellos o certificados y que cada vez más artistas, músicos, influencers y hasta franquicias deportivas están usando para monetizar obras o bienes digitales, que de otra manera hubieran sido libres o gratuitos. Pero con la novedosa posibilidad de auto sustentarse llega el peligro de la especulación, las burbujas que crecen tan rápido como explotan y otros problemas.

¿Cuáles son las implicancias económicas, culturales y tecnológicas de este nuevo paradigma que viene a desafiar el status quo del circuito de arte tradicional?, y, ¿qué preguntas habilita sobre el rol del artista, el valor de lo auténtico y los valores de la creación digital en tiempos modernos?

Como comentaba el crítico Jorge Carrión en una editorial reciente, pareciera que la vida pandémica nos ha impulsado a buscar formas de compensar todo lo que hemos perdido en términos de experiencia con la reclusión, reemplazando el vivo, la presencia, lo tangible, con sucedáneos digitales y alumbrando vínculos emocionales con objetos hecho de píxeles. Pero no sólo, además buscamos la singularidad, la exclusividad, por eso, el criptoarte viene a cumplir con todos esos requerimientos, agilizado por las nuevas tecnologías y el siempre voraz capitalismo. “La vida digital tiene que encontrar sus propias singularidades también digitales”, propone Carrión.

Asimismo, algunos autores se proponen ubicar toda esta serie de nuevas “experiencias” digitales que explotaron durante la pandemia, consumibles en plataformas en las que también se realizan transacciones digitales (Clubhouse, OnlyFans, Twitch), bajo el mismo paraguas. Y tiene sentido, ya que todas ellas, sea una transmisión o un audio irrepetible, un contenido vip para fans o transmisiones puntuales de servicios (un recital, un partido, un festival o hasta una fiesta), parecen pensados especialmente para esta época -aunque muchas de estas plataformas sean anteriores al 2020. Es bajo ese mantra de único e irrepetible, que los NTFs están revolucionando el mercado tradicional del arte, y pueden a extenderse más allá.

Ya no se trata solo de que una de las casas más tradicionales de subastas como Christies haya vendido la obra un artista digital (un jpg de Beeple por 69 millones de dólares) dejando a todos atónitos. O que cada vez más influencers como Paris Hilton estén creando sus propios NFTs para comercializar, o inclusive que se vendan casas digitales con NFT. Para darse una idea de la magnitud y al alcance del fenómeno, la bolsa de Nueva York acaba de sacar sus propios NFTs.  

“Los mismos avances tecnológicos que en su momento permitieron nuevas formas de creación cultural como la fotografía, el cine o la grabación de sonidos, luego la desafiaron en los primeros tiempos de la era digital al permitir el compartir masivamente las creaciones, muchas veces sin retribuir a los creadores por ello. Hoy, la aplicación de tecnología de “blockchain” da nuevas oportunidades para mejorar la administración de derechos y también para crear códigos que certifican el carácter único o muy limitado de una copia que hace las veces de un “original”.  Si el mercado está dispuesto a conferirle valor, y de hecho hoy lo está, bienvenidos los NFTs como una forma nueva de generar ingresos que alimentan el círculo virtuoso de la creación. El tiempo dirá si esta percepción de valor perdura o no, o en qué medida” , comenta Pablo Máspero especialista en el tema de activos digitales y propiedad.

NFTs, lógica y plataformas 

Más allá de las posiciones al respecto del fenómeno, cabe aclarar algunas características de estos activos digitales. La idea es que si antes conferíamos valor a bienes tangibles (oro, sellos, obras de arte), ahora lo hacemos con bienes intangibles (un collage en jpg, una carta coleccionable de Pokemon o hasta criptogatitos). La mayoría de estos "tokens" se basan en los estándares de la red Ethereum y de su cadena de bloques (blockchain). Esto permite su comercialización en plataformas de compra venta como por ejemplo MetaMask o MyEtherWallet (monederos que permiten interactuar con Ethereum).

Pero atención, en lo que remite a derechos de autor y propiedad respecto de los NFTs nada es tan lineal, y hay algunas cuestiones a tener en cuenta: existen los derechos de autor sobre la obra con la compra de ese NFT, pero no de cesión de derechos, reproducción, publicidad u otros, motivo porque el que dueño del NFT puede hacer sólo algunas cosas con ese activo digital. Luego, el NFT es un mapa o paquete con los datos de la obra real que certifica autenticidad y propiedad de la misma, aunque ésta pueda compartirse fácilmente en internet (y lo hace). 

Quizás dos de las características esenciales de estos activos es que son verificables e indestructibles: los datos de un NFT se almacenan en la cadena de bloques (blockchain) a través de un contrato inteligente (smart contract), lo que hace que no se puedan destruir, eliminar o replicar. Asimismo la cadena de bloques mantiene un historial rastreable de quién ha comprado o vendido un NFT y quién es su actual propietario (absoluto), incluyendo el creador original a quien se compró ese activo digital. 

A su vez, cada vez existen más plataformas para crear divisas digitales propias o NFTS, como Rally.io, una plataforma de criptomonedas que permite a los creadores desarrollar su propia moneda digital para forjar economías independientes con sus seguidores. Los admiradores pueden adquirir la moneda del creador y usarla para tener acceso a contenido exclusivo o privado. Otras son Stir y Clout Market, un espacio entre comédico y real que ofrece 10 millones de activos digitales que representan a figuras e influencers en cartas (al estilo de las tarjetas digitales de Pokémon). Las tarjetas llevan nombres de parodia por motivos legales y el precio sube o baja según si esa figura pierde o gana seguidores o se convierte en tendencia en Twitter. 

Mercado tradicional vs digital

“Me resultó bastante fascinante encontrar en el arte digital o ahora llamado criptoarte un cierto arte de resistencia (ya planteado por net artists y cyberpunks), que encontró en las posibilidades técnicas del blockchain y la seguridad asociada contra la manipulación, la evolución transparente de los precios y la propiedad, una cierta forma de resistencia contra el sistema, las instituciones y grupos de interés centralizados. Básicamente contra un mercado artístico (conocido como el mercado primario o secundario) que es bastante cruel e injusto con nuestros artistas”, plantea Victoria Tolomei, curadora de arte en proyectos varios como la galería mi_mente y creadora de la plataforma Viralizá Arte. Precisamente ésta última surgió durante la pandemia con el objetivo de hacer del arte algo sustentable para los creadores. Tolomei además hace una salvedad interesante, que es que si bien la palabra cripto está entre nosotros hace ya 6 ó 7 años, en términos de territorio y mercado artístico, es bastante reciente con lo cual hablar de impactos o de hacia dónde va es un poco prematuro.

Dicho esto, los cambios que se avecinan parecen grandes. Un poco de historia muestra que el mundo del arte siempre miró de reojo al arte digital, y que por lo menos desde el 2000 se vienen explorando las posibilidades en términos de mercado digital. En 1999, Ebay invierte 260 millones de dólares para desarrollar una plataforma de subastas online, que luego es abandonada porque lanzan Eyestorm Media, que cierra a los tres años con deudas millonarias. Artnet lanza ese mismo año una sección de subastas online que también cierra y va a pérdida. Esta serie de fracasos comerciales culmina con los 80 millones de dólares que perdió Sotheby’s intentando crear una sección de subastas online con Amazon y posteriormente eBay, entre 2000 y 2003.

Pero luego llega el 2008 y crisis financiera mediante, se genera lo que se conoce como la burbuja del arte contemporáneo. “Vimos volar por el aire a todo y a todxs. Vimos la especulación y el manoseo de precios que hubo en el mercado de arte. Esta crisis financiera tuvo un impacto fuerte: galerías y casas de subastas vieron disminuir sus ventas y empezaron a buscar nuevos mercados, principalmente en países con economías en auge pero también a través de nuevos canales. En este momento vemos aparecer un montón de plataformas de venta de arte contemporáneo en Internet, principalmente en los últimos cinco años, que buscan expandir el mercado tradicional o explorar nuevos formatos. Estas plataformas no sustituyen a las galerías y casas de subastas, sino que contribuyen a ampliar su negocio, es lo mismo pero digital: Saatchi, Gagosian, David Zwirner o White Cube apoyan estas iniciativas, a la vez que Christie’s, Sotheby’s y Phillips cuentan actualmente con plataformas de subastas online”, contextualiza Tolomei. 

El criptoarte viene a poner un poco en jaque este sistema, que offline u online, termina usando el mismo modelo y reglas. “El mercado de arte tradicional se resiste bastante a las nuevas posibilidades digitales, y a crear nuevos mercados porque cuidan su bolsillo, pero la aparición de nuevos canales de difusión y comercialización anclado en modelos alternativos, pueden generar cambios super profundos si se logra conservar el espíritu de resistencia que propone el criptoarte y las posibilidades técnicas de la tecnología blockchain. Esto tendrá un impacto en términos de producción y territorio artístico que puede ser genial”.

¿Cuáles podrían ser esas consecuencias? Tolomei y otros creen que más artistas -o creadores de cualquier tipo- podrán vivir de su arte prescindiendo de terceros. Sería la posibilidad de generar un mercado sin intermediarios, sin comisiones, más transparente y con mayor acceso a la información. Lo que se empieza a llamar el tercer mercado de arte. 

“El valor económico tiende a ocultarse, a excepción de las cifras astronómicas que hacen públicas las casas de subastas y dan lugar a una visión distorsionada de la economía del arte. Pero en general, al menos en nuestro país, y es una realidad latinoamericana, hay mucho ocultamiento de la información. Es injusto porque los artistas reciben un pago por una obra que en muchos casos no supera el 30% del valor de venta real”.

Pero también cabe preguntarse por el afán coleccionista que los NFTs promueven, y no precisamente de forma tímida. Si vamos a cambiar obras enmarcadas originales en nuestras paredes, por dispositivos para mostrar las obras digitales -una empresa japonesa ya está diseñando marcos digitales para poder exhibir estas obras-, ¿realmente se está articulando una crítica al sentido del ownership, el consumo o el funcionamiento del mercado? 

“Así como el coleccionista de arte siente placer cuando invita gente a su casa y muestra su colección, a las personas que hoy viven la mayor parte de sus vidas en un entorno virtual le da placer exhibir sus colecciones en el entorno donde más tiempo pasan. Diría que además del interés genuino en el arte, el Crypto arte es una forma de evangelizar y traer al mundo crypto a una tribu que antes no le prestaba atención a este fenómeno”, acota Miguel Klurfan, CEO del estudio y la productora de animación lecube.tv y finalfrontier.tv.

¿Un futuro brillante?

Si bien se viene hablando mucho de los NFTs y de cómo estos activos digitales plantean una pequeña revolución para los artistas, tampoco pueden dejarse de lado las consideraciones a raíz de la especulación que se está viviendo, así como sus consecuencias culturales, económicas y hasta ambientales; como planteaba en un video reciente sobre el tema el creador digital y animador Tomás García. García habla del gasto energético que conlleva toda la operación de las criptos, y también resalta que el valor de una criptomoneda está vinculado a cuánto energía se gasta en producirse. Es decir, cuanto más se cotiza la moneda, más demanda hay pero mayor es el gasto de energía. 

“Mi impresión es que hoy el mercado de arte digital está muy hypeado y que los números que estamos viendo tienen que ver con una forma que tienen los nuevos ricos digitales de expresar su poder. El movimiento crypto comenzó revolucionando las finanzas, llamando la atención de un sector del mundo financiero y una buena parte del mundo tecnológico internacional. Hay mucha gente que hizo mucho dinero y que hoy vive la mayor parte de su tiempo dentro de una pantalla, con poca vida social, contacto humano real o presencial”, dispara Miguel Klurfan.

Si la lógica del lema “move fast, break things” es lo que suele caracterizar a procesos de disrupción tecnológica (y a las compañías detrás de las grandes transformaciones digitales), no debe soslayarse un análisis integral que contemple también aspectos vinculados a la especulación y el consumismo, cuando lo que se está haciendo es crear escasez de un bien digital de manera artificial para luego poder especular con su valor en un terreno por ahora virgen y bastante desregulado. Y si bien algunos podrían argüir que lo que están haciendo el criptoarte no difiere de lo que hacía el mercado tradicional de arte, en el que por ejemplo se sacan series o piezas únicas de fotógrafos a valores altísimos cuando en verdad ese fotos se podrían replicar de forma masiva, este nuevo paradigma adiciona una gran velocidad y magnitud de impacto.

“Que se arme una burbuja y se especule con esto es inevitable. La diferencia entre la especulación con arte tradicional y con arte digital viene dada por la velocidad de circulación de la obra. En el arte tradicional es mucho más difícil transaccionar mientras que en el arte digital se puede transaccionar rápido, una misma obra puede pasar de manos varias veces en un mismo día mientras que en el arte tradicional hay una logística propia de los bienes físicos que hace que los procesos de compra venta sean mucho más lentos y engorrosos”, sigue Klurfan.

De este modo el cripto arte nos invita a hacernos numerosas preguntas, sea sobre los aspectos caducos de la cultura artística tradicional, en términos del rol del artista, pero también del valor de lo auténtico e irreproducible hoy y nuestro vínculo con eso. Dado que hoy la mayoría de los artistas utilizan herramientas digitales en alguna de las etapas de su producción o proceso creativo, y la digitalización es un hecho, pareciera que el análisis recaerá no tanto sobre el cripto en tanto recurso creativo o método de expresión, sino más bien como forma de producción (¿tokenización?) y comercialización del arte. Al final del día, puede que se trate de una lucha de recursos y concentración de poder, más que de formatos y expresividades.

LM

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