ENTREVISTA
La extrema derecha global: el libro que radiografía las redes que conectan a Trump, Bolsonaro y Milei
La ola progresista que inundó América Latina en la década del 2000 fue conocida como la Marea Rosa. Dos décadas después, la reedición de El desorden del mundo, publicado por UNSAM Edita, actualizada y traducida del portugués al español, se propone analizar los mecanismos de la red internacional de la extrema derecha, su avance en el mundo –con un carácter marcadamente transnacional– y el tsunami que implicó el regreso de Donald Trump al poder. Y por supuesto, la participación que en este escenario tiene Javier Milei.
“Nos enfrentamos a un mundo multipolar en transición, caracterizado por una marcada parálisis y una creciente fragmentación,” destaca en el prólogo el excanciller Jorge Taiana.
Con la colaboración de una treintena de investigadores, diplomáticos y politólogos, Mónica Herz y Giancarlo Summa, directora y presidente del Instituto Latinoamericano para el Multilateralismo (ILAM), proponen una visión común e internacionalista que va más allá de la famosa cita de Gramsci que inspiró el título de esta obra colectiva: “El mundo viejo se está muriendo, y el nuevo mundo lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos.”
Con motivo de la Feria del Libro, del 23 de abril al 11 de mayo, Giancarlo Summa, coautor, investigador y exdirector de comunicación de las Naciones Unidas en Brasil, México y África Occidental, viajó a Buenos Aires para presentar el libro y defender la necesidad de fortalecer y repensar las herramientas de un multilateralismo, ahora debilitado por una “operación global de sabotaje”.
–¿Cómo surgió este proyecto que se gestó en un grupo de investigación brasileño?
–Este libro nació de una inquietud. Tuvimos la “suerte” de ser los primeros en América Latina que experimentamos un gobierno de extrema derecha, con (Jair) Bolsonaro en 2018. Yo trabajaba con los Estados Unidos y me di cuenta, observando, que había una cuestión. Esos señores de Bolsonaro, y después de Trump, tenían varios puntos en común: uno era la hostilidad total con relación a las organizaciones multilaterales, las Naciones Unidas en primer lugar, porque es la más relevante y importante. Ellos no quieren saber de lo que es el multilateralismo, o sea encontrar caminos, terrenos comunes para intentar resolver o adelgazar problemas que ningún país, solo pueda enfrentar.
–¿La política exterior de Javier Milei también se rige por esos mecanismos?
El gobierno Milei no solo tiene, internamente, una política de extrema derecha. Hizo lo que podía para destrozar el Mercosur y los BRICS. En la ONU se alineó completamente con Trump, votando en contra de todo. Anunciaron la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud. Lo cual es absolutamente loco: no fue Europa, fueron las Américas que inventaron la cooperación médica multilateral, con la Organización Panamericana de la Salud de 1902. Hay mucha rabia. Le tiene asco a cualquier mediación diplomática y la cuestión multilateral. Hay un capítulo del libro, de Bernabé Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian, titulado Colérica, que es muy bueno, sobre exactamente la política externa de Argentina. Es una visión casi filosófica del mundo –de mala filosofía– pero que tanto Milei como Trump intentan presentar con una cierta racionalidad. En realidad, hay mucha ideología, es realmente una visión casi religiosa. Estamos hablando de tirar por la ventana, en el caso de Argentina, una tradición diplomática de siglo y medio…por razones de una visión del mundo.
–En el libro, se habla de la agenda interméstica…
–Se publicaron bibliotecas sobre la extrema derecha, poco sobre su impacto en la política internacional. Era un concepto crucial de la agenda interméstica, cuando una agenda se pone al medio del camino entre la agenda política doméstica nacional e internacional. Significa que para alcanzar objetivos políticos internos, reducir los derechos de pobres, mujeres, LGBT, después tiene que hacer cosas para darle satisfacción a los que te votaron. Esto tiene consecuencias internacionales porque estos actores de la extrema derecha trabajan en red, de forma coordenada, para influenciar los mecanismos internacionales donde hay discusión sobre los derechos y las reglas.
Hay un trabajo de estos actores para reducir la ONU a casi nada, cortándole la plata. Hay una campaña global para sabotear las discusiones sobre una reforma fiscal para hacerles pagar impuesto a las multinacionales y a los más ricos y contra la agenda 2030, contra los objetivos de desarrollo sostenible, reducir el analfabetismo, el hambre, la desigualdad de género, derechos ambientales, intentar no hundir el planeta. No es la revolución bolchevique global...
–¿En qué medida la situación en Argentina alimentó este libro?
Es muy triste lo que pasó en Argentina. Pero en este sentido: la experiencia del gobierno Milei se demostró muy didáctica, de todo lo peor que yo imaginaba, fue hasta peor. Cada país tiene sus tragedias, sus problemas, pero las razones profundas son casi siempre las mismas: un sentimiento de abandono, de resentimiento con relación a una sociedad, un sistema que no contesta más a las necesidades de la gente. Es muy eficaz atacar a la “casta”, aunque, naturalmente, hay una visión ideológica en esto, porque él entiende a la “casta” como los políticos, el Estado, y no considera a la “casta” como la verdadera casta, que son las élites económicas.
–¿Quiénes forman parte de esa “casta económica”?
–Es un punto central en el que no entramos mucho en el libro : el mundo nunca fue tan desigual como hoy. Cuando hablo desigualdad, no es el índice de Gini, que el país aumentó 2 o 3%. Es que, en el mundo, hay una élite de hiper ricos, no son muchos, 3.000 y algunas centenas, que tienen patrimonio de más de mil millones de dólares. El más rico de todo, debe llegar a un trillón de dólares. Y ellos son también los dueños de corporaciones, accionistas principales de grandes multinacionales, etc. Estamos hablando de poca gente, que se conoce prácticamente uno por uno, que tiene un poder económico absurdamente grande, como nunca antes en la historia de la humanidad. Tienen intereses que son completamente transnacionales. A ese nivel de plata, el hecho de que uno sea argentino, de Estados Unidos o de India, es muy relativo. Y si calculamos de forma un poquito más amplia, los que tienen más de 100 millones de dólares, ya tienen un impacto más sobre el gobierno nacional, porque dependen todavía un poco de él.
–¿Cómo explican sus investigaciones la paradoja entre la disminución de las cifras de pobreza e inflación y la situación de precariedad de los argentinos?
–Argentina tiene problemas económicos y estructurales desde mucho tiempo. La inflación no es un problema en sí, la inflación es provocada por la crisis del modelo. Hace décadas, que los gobiernos acaban gobernando, defendiendo los intereses de las élites económicas. Los que no son tan pobres de recibir ayuda social, tampoco hacen parte de las élites, se encuentran en el medio, teniendo que intentar ganarse la vida. Hay más precariedad y mucha más incertidumbre en relación al futuro. Comprar un departamento, la jubilación…hay la sensación difusa y correcta de que la vida de los hijos será peor que la vida de los padres, en términos materiales, por lo menos. Entonces eso creó globalmente un nivel de miedo existencial, a lo cual la extrema derecha supo de forma muy eficaz y muy cínica, capturando este sentimiento. Porque después, cuando llegan al poder, hacen que la vida de la gente empeore.
Cuando Milei por un lado, dice que no es nacionalista por la abertura economica total y que el mercado gane, él siempre habla de que “Argentina tiene que regresar a su pasado glorioso antes que la casta lo destrozara”. Hace una operación bastante típica de la extrema derecha, crear el imaginario de una época fantástica, dorada. En eso hay un cortocircuito lógico. No hay un único ejemplo en la historia económica del mundo en el cual un país se desarrolló para la mayoría de su población, sin defender su industria y su producción nacional con incentivos, subsidios, protecciones, etc. Entonces lo que dice Milei, evidentemente, nunca va a funcionar.
Fue muy eficaz, encontrando los culpables de la situación. Depende de cada país, pero la “casta”, los migrantes, los pobres que reciben subsidios sin trabajar porque son vagos, los zurdos, la población LGBT, etc.
–El libro dedica varios capítulos al medio ambiente ¿encajan los activistas ecologistas y la economía en lo que usted denomina la retórica de “amigos/enemigos”?
–Si, no es solo en Argentina. Es la idea que cualquiera que conteste el modelo extractivista –la prevalencia total de la economía sobre la gente y el medio ambiente– esto es en contra del interés nacional. Hay una convergencia en todo el “sistema de derecha” de considerar la evidencia científica sobre la crisis climática como una tontería, una fake news. Por un lado negar la evidencia científica y por otro minimizar la consecuencia.Hay cada vez más inundaciones, incendios, eventos climáticos extremos, este año llovió mucho, hizo mucho calor, como si fuera...siempre una casualidad. Hay un panel de científicos, 99,9%, que coinciden. Los otros son los que trabajan para los lobbys del tabaco, de la industria ultra procesada, etc.
–¿Qué le responde a quienes califican sus investigaciones de alarmistas?
La situación es alarmante, no es alarmismo. Por nuestras historias, con relación a períodos autoritarios, hay una tendencia de querer minimizar el peligro. Son diferentes, pasaron décadas. Era el Ford Falcon acá, los fascistas de Mussolini con sus camisas negras, Hitler con la SS…no es eso lo que está pasando. Lo que es impresionante, pero no muy sorprendente para mí, es que las experiencias más recientes del gobierno de extrema derecha como la de Milei en Argentina tuvieron una aceleración del proceso autoritario.
Bolsonaro y el primer mandato de Trump respetaron las formalidades democráticas. Hubo una aceleración. “Acabamos con esa tontería de respetar porque siempre fue la red. Ya basta”. Y cuando después llega Milei, ellos están mucho más en la línea de Trump II. O sea, aprendieron. Hay que hacerlo todo y rápido. Porque, si uno respeta las reglas, después pierdes las elecciones, tienes que irte, y no logras hacer todo lo que quieras. Hoy la forma del autoritarismo es la erosión de la autonomía del Poder Judicial, la marginalización del Poder Legislativo, la concentración del Poder Ejecutivo, la persecución contra lo que sobra de medios independientes, la criminalización de los periodistas, de todos los momentos sociales, y de reivindicación de derechos.
Cuando se cortan beneficios sociales, o en el caso de la legislación, el sistema de derecho con Trump, seguidos por varios países también no autoritarios. Los cortaron, de más de la mitad de la ayuda internacional, humanitaria y de desarrollo. Y, eso significa que muere gente, no pocas, estamos hablando de millones de personas. Entonces, no hay nadie que le está disparando el gatillo, no lo están tirando de los aviones al Río de la Plata, pero lo están matando igual. Sería equivocarse y estúpido decir que entonces es fascismo como lo de Mussolini o Videla. Pero hay una cuestión. ¿Por qué? ¿Para qué existe un gobierno? ¿Para defender cuáles intereses? Y esos intereses no cambian.
–¿Cómo funcionan estas redes internacionales de extrema derecha?
–Otra parte es cómo la extrema derecha se organiza en sus redes. Ahí hay dos tipos de acción. Una es la red política. Todos pasaron por acá. La CPAC, la Conferencia de Acción Conservadora, el Foro Madrid de Abascal, también la Conferencia de los Valores…son encuentros donde se conocen, se coordinan, se ayudan, se abrazan, se visitan. Otra red es donde circula un poco de plata. Por ejemplo, Atlas Network, más de 500 institutos en el mundo, una centena de América Latina. Acá en Argentina, la Fundación Libertad. Fueron los que trabajaron ayudando a lanzar a Milei, a transformar a este economista, conocido por su aparición televisiva, no por la calidad de su obra teórica, académica, o tampoco por su experiencia política, ayudándolo, dándole inmediatamente un palco y una referencia global, aun durante la campaña electoral.
Milei, no era nadie sino un tipo que había hecho una campaña electoral muy bizarra, muy sugerente: “yo soy el león”, “la motosierra”, son cosas impresionantes no en sentido positivo. A esta cosa, la red Atlas Network y otros empezaron a darle el espacio. En lugar de decir ¿quién es el loco, a ver qué va a hacer?, lo ayudaron los mismos que ayudaron a Kast, a Bolsonaro. Un think tank estadounidense progresista siguió la pista de las reuniones organizadas por la extrema derecha desde el año 2000. Entonces estamos hablando de miles de reuniones, seminarios, encuentros, donde la derecha se conoció, elaboró ideas y creó esos lazos de cooperación. Hablamos de un último capítulo de los Estados Unidos y Trump, junto con otros de la derecha, que están intentando copiarse del sistema Interamericano de Derechos Humanos, cambiar la composición de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para que sea mucho más conservadora, y el nombramiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto es otro tipo de pelea que nadie se da cuenta.
–¿Cómo se reconstruye un país tras un gobierno de extrema derecha?
–Lo vamos a descubrir. No hay experiencia todavía. Antes de ver cómo reconstruirnos, hay que parar el tsunami. Entonces, se puede imaginar un escenario diferente. Uno, la catástrofe en Mad Max; o un escenario de reducción de la velocidad de colapso. Pero, si no se invierte la tendencia, llega el Mad Max igual; o, ya que tenemos que poner la energía, a partir del fracaso de esos, que reconstruyamos diferente ¿Vamos a lograr un nuevo sistema sin pasar por un colapso violento como la Segunda Guerra Mundial? Espero que sí.
LPV/MG