En crisis y sin ayuda del Estado
Más de 3.000 clubes de barrio sobreviven de la cuota social sin respaldo de una federación deportiva
El Observatorio del Deporte Metropolitano (UMET) estima que en el AMBA existen más de 3.100 clubes de barrio, de los cuales el 68,2% no está afiliado a ninguna federación deportiva.
Es decir que casi siete de cada diez funcionan por fuera del sistema formal, si bien son el corazón social y deportivo de las comunidades: no compiten en ligas oficiales, no reciben acompañamiento técnico ni forman parte de una planificación deportiva estructurada.
En muchos casos, ni siquiera están plenamente registrados ante el Estado. Para ser considerados oficialmente en esa categoría, reconocida en la ley 27.098, la institución debe tener entre 50 y 2.000 socios.
Esta falta de integración tiene consecuencias directas. Sin información clara ni formalización, a los clubes se les dificulta regularizar su personería jurídica, acceder a herramientas financieras básicas o incluso sostener el pago de servicios.
Relevamiento más amplio
Mucho más amplio fue el último Relevamiento Nacional de Clubes y Entidades Deportivas (RENACED), difundido en agosto del 2023, donde se identificaron 11.870 instituciones en todo el país: 81% definidas como clubes de barrio o pueblo y el resto dividida entre entidades medianas y grandes.
Según relevamientos privados, las cuotas sociales de los clubes de barrio oscilan entre los $1.500 y $12.000, aunque las prácticas específicas, como natación, requieren del pago de un arancel.
Por ejemplo, un abono familiar de pileta climatizada se cobra $195 mil, monto que ya un 20% no puede cubrirlo y dejó de ir.
Los esfuerzos de los dirigentes de esos clubes apuntan a que los chicos no se vayan del club, para que no estén en la calle, y el deporte es un derecho que se debe garantizar.
Sin embargo, desde 2016 en adelante, los tarifazos de luz, agua y gas han venido siendo golpes de gracia para sus escuálidas finanzas.
Ese derecho está respaldado por una ley, la 27.098, sobre el Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo, sancionada en 2015, cuyo objetivo central es proteger y fortalecer a este tipo de instituciones reconociendo su valor como espacios de inclusión social, salud y cultura, más allá de la actividad deportiva competitiva.
Inclusive hasta la llegada del Gobierno de Javier Milei funcionaba el programa Clubes en Obra, que otorgaba 5 millones de pesos para que las entidades deportivas pudieran realizar refacciones, reacondicionar espacios y realizar el mantenimiento correspondiente de las instalaciones.
Retención de socios
A los clubes de barrio cada vez les resulta más difícil retener a sus respectivos socios, muchos de los cuales dejaron de concurrir en los últimos meses producto de la pérdida del poder adquisitivo en el contexto de la crítica situación económica del país.
En algunos clubes se mantuvo la matrícula, pero con muchas dificultades a la hora de poder cubrir las cuotas sociales, con mucha mora.
Los jóvenes, en cambio, se alejaron ante la necesidad de trabajar y no poder afrontar la cuota.
Antes iban al club la madre, el padre y los hijos, pero actualmente están forzados a priorizar la actividad física de los hijos.
Cuotas societarias
Un relevamiento realizado en 2025 por el Observatorio del Deporte de la Universidad Nacional de Rosario, que analizó la realidad de 30 clubes de distintos barrios y tamaños, señala que el 52% de los clubes relevados sostuvo su funcionamiento principalmente con la cuota societaria, que representó al menos la mitad de sus ingresos.
Sin embargo, desde la Red de Clubes de Rosario aseguran que actualmente, a las familias se les hace cada vez más difícil sostener el abono mensual para que sus hijos hagan deportes.
La contracara la muestran algunas experiencias de digitalización.
El Club Bella Vista de Bahía Blanca, por ejemplo, logró duplicar su recaudación en pocos meses al incorporar pagos digitales, mientras que una asociación de bomberos voluntarios incrementó un 55% la puntualidad en los pagos tras implementar débito automático.
A nivel operativo, la ausencia de métricas también juega en contra.
Sin indicadores básicos como el DSO (tiempo promedio de cobro), la tasa de recuperación o el porcentaje de morosos, la gestión se vuelve reactiva.
Los clubes terminan resolviendo urgencias en lugar de anticipar problemas de liquidez.
La cobranza de cuotas
Durante años, muchos clubes dependieron del cobrador puerta a puerta o de pagos manuales en secretaría, un esquema que hoy quedó desfasado frente a una sociedad que ya opera de forma digital.
Mientras Argentina lidera la adopción de pagos electrónicos en la región, gran parte de estas organizaciones sigue sin herramientas de gestión ni canales de cobro acordes a ese cambio.
Cuando un club solo acepta efectivo o transferencias manuales, puede perder entre un 30% y un 50% de sus oportunidades de cobro y cuantas más fricciones enfrenta el socio para pagar, mayores son las chances de que postergue o abandone.
“La mayoría de los clubes no cuentan con sistemas eficientes de organización de sus socios. La falta de financiación y eficiencia en la gestión es consecuencia directa de sistemas de cobro tradicionales que son obsoletos. Además, se trata de un sector un poco olvidado, porque al ser sin fines de lucro todos suponen que ahí no hay dinero”, explicó Danilo Luján.
Casos como el de Sacachispas Fútbol Club reflejan esta fragilidad.
Las cuotas suelen ser simbólicas y no alcanzan para cubrir los gastos, pero aumentarlas implica el riesgo de perder socios en un contexto donde a muchas familias ya les cuesta sostener el pago mensual.
Los clubes cumplen un rol social irremplazable pero sostener ese rol es cada vez más difícil.
El impacto de contar con medios de pago obsoletos se traduce en una morosidad elevada —en algunos casos cercana al 45%— y en una administración que no logra proyectar.
Con información de NA.