Damián Stazzone: “Para los pibes y las pibas, el futsal puede ser una herramienta de trabajo"

Damián, junto a sus cuatro pasiones futbolísticas: la cancha de Futsal, la pelota y las camisetas de la Selección Argentina y de San Lorenzo.

Germán Lagger

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El 1° de octubre de 2016, en Colombia, Cali, la Selección Argentina derrotó a Rusia por 5 a 4 en la final de la copa del mundo de Futsal, terminando con la hegemonía de Brasil y España. Desde ese entonces, el tiempo de expectativa para defender el título del mundo era el de siempre: 4 años. ¿Destino? Lituania 2020. Sin embargo, esa vida que acontece entre mundiales se vio modificada por un hecho que cambió el calendario deportivo: la pandemia del Coronavirus. Esto provocó que el mundial de Futsal en Lituania se postergara un año más y que la ilusión mundialista del seleccionado argentino se aplazara. 

La larga espera terminó el 14 de septiembre de 2021. La Argentina abrió su participación en la copa del mundo derrotando 11 a 0 al rival más accesible del grupo F: EEUU. Grupo que también está integrado por Serbia e Irán. El conjunto argentino dirigido por Matías Lucuix se caracteriza por desplegar su don de equipo. Toques, movimientos, desmarques, circulación de la pelota, ofrecimientos de pase y remate. Uno de los jugadores que encarna esta versatilidad es Damián Stazzone. El futbolista de 35 años, campeón del mundo en 2016 y que en Lituania está jugando su tercer mundial, reconoce la responsabilidad de jugar siendo campeones del mundo e interpreta el nuevo contexto de repercusión que tiene el futsal: el público está pendiente e interesado sobre un deporte que antes no tenía la misma reputación.

Sabe del impacto social que tuvo el mundial de Colombia, la bisagra que fue para la divulgación del deporte y espera que el mundial de Lituania no sea la excepción. “La copa del mundo de 2016 marcó un antes y un después en cuanto a la llegada a la gente. No sólo porque íbamos avanzando partido tras partido, sino también porque a partir de la TV Pública, se pudo brindar un gran espectáculo televisivo y la gente se enganchó. La idea con este mundial es que más personas se sigan acercando y atrapando con el Futsal”, sostiene Stazzone, quien en un diálogo extendido con elDiarioAr, habló sobre su compromiso social con San Lorenzo, la relevancia de los clubes de barrio como espacio de contención y la madera que aún falta tallar para transformar al Futsal en una herramienta de desarrollo deportivo y social mucho más consolidado en la Argentina.

Más hincha que jugador

Era el año 1999 cuando Damián arribó a las categorías infantiles del Ciclón, a los 13 años. Allí, su crianza se fue sellando en los típicos rincones de un club de barrio. Un poquitito de fútbol y otro poquitito de amistades, reuniones y buffet. En esos rincones, su respeto por cada paso formativo fue ley: recorrió todas las divisiones inferiores hasta llegar a Primera en 2004. Nunca jugó en cancha de fútbol 11. Su hábitat siempre rondó entre las dimensiones que caracterizan una cancha de Futsal: 40x20. El parquet, los espacios reducidos, la pelota bajo la suela, el pensar y tocar rápido, son su zona de confort.

Es en ese contexto donde fue forjando su oficio de líbero, los secretos del defensor y su lugar de representatividad, donde Boedo y San Lorenzo pasaron a ser su segunda casa. “Soy hincha antes que jugador”, remarca con orgullo Stazzone. No es por nada que su decisión de jugar en Italia la temporada que viene, va de la mano de su anhelo de retornar a San Lorenzo.

“Estoy seguro de que voy a volver. Todavía me queda un sueño por cumplir: retirarme con esta camiseta jugando en el Pando (lugar donde juega la Primera de Futsal)”, expresó Damián en un posteo en Instagram, reflejando su sentimiento de arraigo hacia el Ciclón. Sentimiento emparentado con el disfrute de la dinámica del club, de la cual no se desprende fácilmente, sino que se toma su tiempo para escuchar y dialogar con la gente que se encuentra ligada a la institución.

Con la participación de actividades sociales como la distribución de viandas en el barrio o la donación de comida al Oratorio San Antonio con el fin de alimentar a los sectores populares. Con ser parte de la organización societaria que se movilizó para que San Lorenzo vuelva a recuperar el territorio del Viejo Gasómetro de la Avenida La Plata, expropiado por el gobierno militar a fines de la década del 70 y que luego adquirió Carrefour para construir su primer hipermercado en el país. Es de esta manera que se van comprendiendo los signos identitarios de una persona que no se desliga de la vida del club de barrio, sino que se sostiene y se involucra en el tiempo.

La decisión de Damián de irse a jugar a Italia no es su primera experiencia en el Viejo Continente, sino que ya posee un antecedente. En 2011 migró hacia el mismo destino para jugar en equipos como 'Sala Consilina Italia' y 'Latina Calcio Italia'. Tras su paso por el fútbol del Calcio, regresó a San Lorenzo en 2014. Por ese entonces, el club se encontraba en reestructuración y en situación de descenso. Fueron tiempos de supervivencia y de obstáculos por superar, hasta que en 2017 se modificó el plan estructural al edificar una base presupuestaria y de inversión hacia el Futsal, que posibilitó el ascenso deportivo.

Inversión que, en el ideario de Stazzone, era un compromiso que debía ser retribuido tarde o temprano con títulos. Es así, que el crecimiento económico - deportivo empezó a materializarse en 2018 y 2019 al ganar la Copa Argentina y la Liga de AFA, culminando en la consagración tan deseada, la Copa Libertadores 2021, que implicó una larga trayectoria de dedicación y talento en pos de una identidad colectiva.

“Disputé mi primera Libertadores en 2007. La verdad que la veía muy lejos. Pero el desarrollo colectivo del Futsal con el tiempo hizo que empezara a soñar. Soñaba con ganarla. No quería dejar el fútbol sin cumplir ese deseo”, sostiene el capitán de la primera de Futsal de San lorenzo, y agrega que ese campeonato lo rememora y lo guarda con una carga afectica muy particular, ya que su pasión también es compartida en familia.

“La Copa del Mundo obtenida en Colombia en 2016 fue el torneo más importante, pero la Libertadores fue el logro más especial. Ver a mis papás llorando hicieron de ese momento algo increíble”, recuerda Stazzone, mostrando cómo su pertenencia hacia el club, en parte, se debe a la herencia pasada de generación en generación dentro de su seno familiar.

Entrenador, el don de formar

Esta vida de identificación con San Lorenzo atraviesa no sólo el involucramiento de Damián como jugador sino también como entrenador de juveniles. Sus inicios como formador coinciden con épocas donde San Lorenzo no tenía el presupuesto para que los futbolistas de primera puedan vivir sólo del Futsal. Esto desencadenó que su recorrido como formador tuviera que saltearse etapas y así acelerar su proceso de adaptación para formar a jóvenes de 14 a 15 años.

Este tema lo remonta al pasado a Stazzone, donde se realiza preguntas, revisa errores y recalca la importancia de la instancia pedagógica. “Yo vivía de dos sueldos: el de jugador y el de entrenador. Ahora, lo que veo es que es un error gravísimo. No por ser jugador me basta con sólo saber cuestiones técnicas para que los chicos sepan perfilarse, recepcionar, usar la pierna inhábil, dejarlos ser a través de la gambeta y la improvisación. Hay millones de cosas que yo no tenía ni idea, como el gestionar un grupo, el acompañamiento de los padres en el hacer deporte de los chicos y el desarrollo psicológico. Yo ahora me digo: “¿cómo acepté hacer eso?”. Esto pasa mucho con los jugadores de Primera. Debería estar estipulado de que, si vas a trabajar con chicos, tenés que estar formado”, reflexiona.

Cuando se escucha el relato de Damián, se va percibiendo que muchas de sus respuestas están compuestas por preguntas. Preguntas que llevan a iniciativas concretas, que le sirven de trampolín para encabezar luchas individuales y colectivas. ¿Qué es lo que le falta al Futsal para ser mejor? Cuestión que encuentra como respuesta un proyecto nacional. Para Stazzone, el salir campeón con la Selección Argentina (Copa América 2015 y Copa del Mundo 2016) y con San Lorenzo (Copa Libertadores 2021), no debe estancarse en slogans heroicos como: “a pesar de todas las dificultades pudimos salir campeones’ o ‘el más débil le ganó al más fuerte’.

La idea de Damián parte de un objetivo, que es el despliegue de estrategias para que estos logros del futsal argentino dejen de ser tomados como hazañas y se conviertan en un hábito. “Lo que se busca es que los resultados comiencen a ser vistos como un trabajo a largo plazo y planificado. A nivel deportivo, nosotros logramos posicionarnos y competir contra países que tienen desarrollado el Futsal en todo su territorio, como Brasil, Portugal, Italia, España. Por ejemplo: en la liga de Brasil vos jugás un fin de semana en Jaraguá y el otro fin de semana jugás en Barbosa. Recorrés todo el país. Acá, la liga profesional es en Buenos Aires, principalmente en Capital. La búsqueda es generar un desarrollo nacional porque es lo más justo. Mejorar en estructura y en la cantidad y calidad del personal dentro de los clubes. Y también partimos de la idea de romper con esta burbuja del Futsal y acercar este deporte a cada vez más gente”, expresa.

Sin embargo, Damián no se queda ahí y da un paso más. Subraya la importancia de que el jugador profesional no se desentienda y se comprometa con algo que va más allá de la misión deportiva, que es el potencial que tiene el Futsal como misión social dentro de los clubes de barrio para comprender el contexto que rodea a los jóvenes y así, llevar a cabo propuestas que mejoren su posición socioeconómica.

“Hay que seguir mejorando desde el plano profesional. A nivel social, estamos trabajando para que pibes y pibas puedan vivir en sus etapas más maduras del Futsal. Darles la posibilidad de que el deporte sea una herramienta de trabajo. Desde ahí podemos hacer mucho desde los clubes con el entorno social”, sostiene quien también jugó en América del Sud y Alvear, y puntualiza que trascender en la escena pública es indispensable para librar estas luchas que poseen como fin fortalecer la calidad de vida de los jóvenes. “Hay que difundirse y no conformarnos. Para mejorar no nos debemos quedar en el ámbito privado”, remarca con convicción.

En ese pasaje de lo privado a lo público, a Stazzone le produce curiosidad la frase: ‘vos sos futbolista, sólo tenés que dedicarte a jugar’. Recientemente recibido de Licenciado en Comunicación Social, la divulgación de la realidad de los clubes de barrio es un aspecto fundamental en el pensamiento de Damián. En ese recorrido, de adentro hacia afuera, busca romper con ese micromundo del profesionalismo y de esta forma situarse en los sectores sociales más llanos como son los sectores populares. “¿Por qué el futbolista no puede entrometerse sobre lo que sucede a su alrededor? Para mí es vital interesarse sobre lo que sucede socialmente, culturalmente, políticamente. Te puede servir en tu carrera como futbolista y también para crecer como persona. Permite conectarte con la gente, con otros conflictos, con otras realidades”, sostiene.

En los clubes de barrio, la realidad de los jóvenes está atravesada por la marginalidad y las necesidades básicas insatisfechas. Ante este entorno, pibes y pibas conviven con las condiciones más desfavorables, donde el hambre es la principal problemática social que se presenta en los clubes.

“Tenemos esta situación de que los chicos ingresan a los clubes con un panorama donde comen lo que pueden, lo que tienen o lo que las familias le permiten. Hasta inclusive tienen problemas de vivienda, como la falta de gas o agua”, reflexiona Damián, que señala que esta realidad social posee como consecuencia un padecimiento en cadena, donde el hambre produce desnutrición y la desnutrición deriva a perjuicios corporales en los jóvenes.

“Los chicos llegan a entrenar con una mala alimentación y eso les ocasiona a la larga enfermedades y lesiones musculares a la hora de realizar actividad deportiva”. Sumado a esto, la situación marginal obliga a pibes y pibas a transformar rápidamente su vida infantil en vida adulta, al iniciar búsquedas de trabajo con el objetivo de conseguir recursos de subsistencia para sus hogares. Esto provoca que los jóvenes se adentren al mundo del trabajo infantil, dificultando su tiempo de permanencia en los clubes y por lo tanto el desarrollo de su etapa recreativa y de niñez.

Además, la obligación de obtener bienes para subsistir también termina repercutiendo en la estadía de los padres en sus hogares y en su vínculo cercano con los hijos. “Suele pasar que los chicos ingresan a laburar para obtener bienes o se quedan solos porque sus padres se ausentan de sus casas gran parte del día para salir trabajar y así poder llevar comida a la mesa. Es acá donde se ve la parte humana de los clubes que pueden mejorar la vida de los sectores más relegados. No sé si solucionarla, pero es ahí donde los chicos logran sentirse parte, donde no pierden la instancia del juego, donde se encuentran con compañeros o con los padres de sus compañeros que tienen una mejor posición económica y les brindan ayudas como la compra de botines, comida o la invitación a comer a sus casas. También están los propios buffet que les dan una mano a los chicos, les dan de comer y si no tienen para pagar no pasa nada. Los clubes son de gran ayuda como entorno social”, expresa Stazzone.

Otra de las problemáticas que se presenta en los clubes de barrio son las demandas exacerbadas que poseen los jóvenes en su proceso de formación. Según Damián, este tema debe tener una propagación de mayor alcance social con el fin de concientizar, ya que termina derivando en un fondo de olla, donde los pibes terminan conviviendo con momentos de vulnerabilidad y depresión.

“Los chicos deben vivir con la presión de ganar, con los entornos que están lejos, su alrededor como representantes, managers y dirigentes que les exigen. Es difícil de sobrellevar todo eso, especialmente en un deporte donde los chicos lo piensan desde lo lúdico”, agrega el libero de San Lorenzo, que va más allá y encuentra la explicación a través de dos lógicas: la machista y la capitalista. “El fútbol es un deporte de machos y mercantilista: los chicos no pueden sentir angustia, miedo y además tienen que seguir produciendo, generar interés y cumplir con mandatos. Ser una máquina”, responde con firmeza.

Asimismo, la lógica machista y capitalista es transversal a otro tipo de conflictividad que atraviesan los clubes de barrio como es la exclusión de las mujeres dentro de las prácticas futbolísticas. Ante esto, Stazzone plantea por un lado la manera en que el imaginario del “macho” tiende a apartar lo “femenino”, y por el otro, lo esencial que es que las mujeres logren una participación inclusiva dentro del deporte para mejorar su posición formativa.

“El fútbol es un deporte machista y se percibe en los clubes, cuando se relega a la mujer del deporte. Hay que romper con ese prejuicio de que las chicas no pueden integrarse, ni tener acceso. En el Futsal las pibas no tienen las posibilidades de iniciar su formación como si los varones. Si desarrollás un gesto técnico a los 14 o 15 años, no es lo mismo si lo haces a los 6 o 7 años. Le quitás años de desarrollo. Es bueno salir un poco de este pensamiento de que todo tiene que ser redituable. Tal vez al principio no. Lo que hay que mejorar son los buenos formadores, los buenos materiales de entrenamiento, etc., para luego potenciar lo vendible. El crecimiento es puertas adentro y también la generación de estrategias para hacerlo más rentable, como por ejemplo la transmisión televisiva”, dice Stazzone.

Dentro de este contexto, Damián pone el foco en los clubes de barrio como base de contención que regula las conflictividades sociales de los jóvenes. Para ello plantea una doble solución. Por un lado, anclar el Papi Fútbol con el Futsal para evitar deserciones en los clubes. “En muchas provincias de Argentina tenemos muy instalado el Papi Fútbol. Pero al Papi Fútbol vos jugás hasta los 13 años y desde ahí los chicos dejan de estar en un club de barrio. Por eso creo que hoy por hoy debería complementarse con el Futsal, porque permite mantener a los chicos en un club y en el deporte hasta cualquier edad”, explica Damián. Y por otro lado, integrar a los clubes con la función estatal.

“Las posibilidades de los jóvenes siempre se van a ampliar si se articula con el Estado y no sólo queda en manos de los clubes. A partir de esto, hay que aprovechar la atracción que tiene el fútbol para generar propuestas sociales que impulsen otro tipo de políticas como la alimentación, el acompañamiento familiar, presiones, capacitaciones y talleres de género, etc.”, remarca alguien que subraya a los Torneos Evita como el evento que refleja la importancia que tiene el deporte como instrumento social cuando trabaja mancomunadamente con el Estado.

“En los Torneos Evita compiten chicos de todo el país. Ahí hacen un trabajo social enorme para sustentar a los jóvenes en los clubes. Me acuerdo de una situación que fue una locura. Porque en esos torneos no sólo competís, sino que para participar debés realizarte chequeos médicos. A un pibe le habían diagnosticado ceguera. Cuando le hicieron los chequeos, apareció que tenía otro tipo de problemática. Entonces a través de ese diagnóstico que le realizaron de primer nivel a través del Estado, le resolvieron el problema a través de una operación y logró ver. Es ahí donde está la clave. Hacer valer la atracción del fútbol y la relación clubes – Estado para impulsar el desarrollo de otras políticas”, enfatiza.

El poder convocante y entusiasta del fútbol es imprescindible para los sectores populares. Usar ese poder para captar a los jóvenes hacia los clubes de barrio, es un acto que se vuelve fundamental para amortiguar las problemáticas sociales de los mismos. “Ir a jugar al fútbol para los chicos es algo sagrado para ellos. Quieren ir igual, aunque tenga los botines rotos. Hay que utilizar esto como excusa para cambiar la realidad social de los pibes y las pibas”, sostiene quien con su voz y su cuerpo lucha para que los jóvenes logren superarse a través del deporte. 

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