El martes se enfrentará a Egipto

Miedo y alivio en Miami: Argentina derrotó a Cabo Verde y pasa a octavos de final

Miami —
3 de julio de 2026 21:55 h

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Como el sargazo que se instaló en la orilla de estas playas: así de molesta fue la resistencia de Cabo Verde, la sorpresa del Mundial. Con zozobra, sin sobrarle nada, lejos de su nivel, Argentina se clasificó para los octavos de final del Mundial luego de derrotar 3-2 a Cabo Verde en el suplementario. También como el sargazo, lo del equipo africano resultó una resistencia impensada, un escollo líquido y movedizo que por momentos pareció oscurecer el destino del campeón.

Miami no fue una fiesta, al menos en el campo de juego. Es probable que los 30 grados y la humedad asfixiante conspirasen contra el rendimiento del campeón, que nuca estuvo a gusto en la cancha. Apático y por momentos anodino, el rey de Qatar se va de la Florida preocupado y sin que le sobre nada. Algo quedó claro: si quiere avanzar, el once de Scaloni debe mejorar en su funcionamiento, en la producción de fútbol.

Cuando el murmullo de la impaciencia comenzaba a emerger, llegó la primera situación de peligro. Fue a través de Messi, como no podía ser de otra manera. Tras una larga secuencia de pases, esos fragmentos de tiempo en los que nada parece transcurrir, un pase interior de Enzo Fernandez culminó con el crack rosarino pateando algo mordido, cruzado. Fue la primera llegada, a los 15 minutos de juego. Dos minutos más tarde, un tiro libre suyo fue controlado por Vozinha.

Llegó el cooling break y había pasado poco. La atmósfera era de expectación, con poco aliento de la hinchada argentina. Hasta que el mejor defensor se combinó con el mejor delantero. Un pase exquisito de Lisandro Martínez, un poco cruzado, un poco combado, digno de un enganche, fue controlado por Messi como si estuviera jugando al fútbol 5. Su definición, al lado del hombro izquierdo del arquero, fue de un jugador total.

Para entonces, Cabo Verde no había pateado al arco. Su plan consistió en desplegar un dispositivo defensivo, un catenaccio a la africana que implicaba que cincos de sus volantes se pegaran a sus cuatro defensores, la última línea liderada por Roberto López, el capitán que fue convocado por Linkedin.

Luego volvió la calma. Acaso el calor tropical transformaba esa calma en algo tedioso, denso. En lo que va de su aventura en Estados Unidos, el vértigo no ha sido un atributo del campeón del mundo, y eso a veces conspira contra la calidad de su juego. Esa falta de brillo en su circuito de pases –son pases rutinarios, sin que nadie desequilibre en el uno contra uno– determina también que, ante un rival limitado, el partido carezca de interés, languidezca.

El comienzo del segundo tiempo mostró lo peor del campeón del mundo en lo que va del Mundial. Una especie de desconcierto generalizado, una desactivación llamativa. Un mal pase de Medina culminó con la pelota en los pies de Ryan Mendes, quien asistió con mucha lucidez a Deyroy Duarte, cuya definición, de primera entre las piernas de Lisandro Martínez, viajó hasta el segundo palo del otro Martínez.

Fue el momento más bajo del equipo hasta aquí. Es cierto, el rival no había hecho nada hasta entonces, pero es llamativo la falta de chispa del equipo.

Argentina había sentido el gancho inesperado de Cabo Verde. ¿Reaccionaría el monarca? En cualquier caso, esos, los instantes de zozobra, son en los cuales un campeón debe demostrar de qué está hecho.

Enseguida, como también ha sido usual hasta aquí, Scaloni apeló a los cambios. Antes de dejar la cancha Lautaro Martínez habilitó a Messi, quien definió de derecha al cuerpo de Vozinha, cuando estaba mano a mano. Dueño total del peligro argentino, a los pocos minutos otra vez Messi, siempre Messi, fue derribado en la puerta del área. Su tiro libre fue descolgado con brillantez nuevamente por Vozinha, que de a poco se convertía en héroe. Luego volvió a detener otro tiro libre del crack rosarino. Antes, los ingresos de Nico González y de Julián Alvarez habían intentado inyectar de savia nueva al once titular, cuya ingravidez parea entonces era llamativa.

Llamativo también fue ir al complementario con este rival, la cenicienta africana. Pero ha quedado demostrado que su categoría no está tan alejada de la élite.

El gol de Lisandro Martínez pareció traer el alivio anhelado, pero el golazo de Sidny Lopes Cabral –un gol de jugador de élite– volvió a agitar los fantasmas. El estupor se había instalado en el Hard Rock Stadium de Miami

Hasta el gol salvador de cabeza de Cuti Romero, un pararrayos para detener la tormenta de dudas que parecía desatarse en el horizonte. Ahora llega Egipto en Atlanta. Lo que viene es más duro. Es obligatorio levantar el nivel.

PP/MG