Bronca con los medios y preocupación por el día a día: la palabra de quienes conducen los comedores del Polo Obrero

Noel, delegada de un comedor en El Porvenir

Cada 15 días, los delegados de los 85 comedores que tiene Polo Obrero en La Matanza asisten a las sede central de la organización para descargar los alimentos que envía el Municipio y distribuirlos. ElDiarioAR participó de la jornada y, mientras se sacaban las cuentas para el reparto, dialogó con los referentes en el primer piso de la sede, en plena construcción. A continuación, algunos de sus testimonios: 

“Bajada” de alimentos y reparto en 85 comedores de La Matanza: un día de actividad en una de las organizaciones sociales que desafían al Gobierno

“Bajada” de alimentos y reparto en 85 comedores de La Matanza: un día de actividad en una de las organizaciones sociales que desafían al Gobierno

Andrés - Barrio Atalco 

“Te quieren dar herramientas para trabajar pero la gente necesita algo para comer, necesita un sueldo. Hay 17 millones de pobres, dale algo para que puedan comer a fin de mes y después dale herramientas. Porque si no van a terminar vendiendo la herramientas para comer, ¿y después qué van a hacer?”. 

Claudio Cáceres - Barrio Ramón Carrillo 

“Soy viudo, tengo dos hijos. Yo trabajaba bien como ayudante de encargado de edificio hasta que hace 5 años mataron a mi esposa en un tiroteo narco y me quedé con mis dos hijos, ahora tienen 11 y 9. Muchos de los que estamos acá trabajábamos bien y hoy estamos en esta situación. Yo escuchaba cuando trabajaba en el edificio personas que eran abogados, ‘otra vez estos vagos de mierda’, ‘otra vez estos que vienen con sus tambores y haciendo los choripanes’ y yo no entendía, pero hoy trabajando acá entiendo cuáles fueron las necesidades de esas personas”. 

Eli - Barrio 11 de marzo 

“A nosotros vienen a entrevistarnos y a tratarnos de delincuentes, ¿por qué no ven un poco el lado de ellos? Acá si sos conocido de alguien vas a entrar en el Municipio; si sos familia, tenés derecho a una vivienda. Pero si no te conocen no te van a dar una vivienda o un trabajo”. 

Lorena - Barrio El Porvenir 

“Yo prefiero llevar a mis hijos conmigo y no dejarlos en mi casa, porque tengo la seguridad de que mi hijo está bien conmigo. Es cierto que en el acampe hacía frío, pero los chicos tienen frío en la casa también, eh. ¿Ustedes saben que a veces cuando hace frío se hacen fueguitos acá en las casas? ¿Saben cuántas casas se incendiaron por los braseros? La gente que tiene plata en eso no se fija. Además ahí en el acampe los ponemos en las carpitas, los contenemos, les damos todo para que estén calentitos”. 

Jorge Cuello - Barrio La Bastilla  

“Nosotros veníamos cocinando con dos ollas para todo el comedor, pero en un período muy corto pasamos a no llegar. Estamos tratando de incorporar otro anafe más, otra olla más, porque siguen llegando familias con tres, cuatro criaturas. Yo gracias a Dios tengo mi changa, pero realmente no alcanza. Y si ahora perseguimos el plan es porque es lo único que podemos agarrar en este momento. Nosotros lo que queremos es un trabajo”.

Macarena García - Barrio Los Pinos 

“Escuché a un periodista ayer que decía que nosotros solo cocinamos. No es verdad;  hacemos el trabajo que la municipalidad no quiere hacer. Los compañeros arreglan cosas del barrio, lo tienen limpio, hacen zanjas para que no nos inundemos. Igual nos inundamos. A mi el plan me ayudó. Yo con eso me recibí de enfermera universitaria y aun así no dejé la lucha, sigo. También para alentar a los chicos a estudiar, que hay muchos que quieren, pero no tienen las herramientas. En la pandemia pasó eso: no tenían celular, wifi, computadora”.

Camila Troncoso - Barrio Kilómetro 33

“Tenemos que salir al acampe con los chicos porque no te queda otra opción, no tenés con quién dejarlos. Lastimosamente tenemos que salir porque otra opción acá no hay y necesitamos comer. Yo trabajo en una zapatería, pero igual: no llegás, el sueldo no alcanza teniendo dos chicos. Acá la gente lucha y sale a la calle porque tiene necesidad. Nosotros no obligamos a nadie, la necesidad te obliga a ir a la calle”. 

Pablo - Barrio 1001 

“Yo trabajé 20 años en custodia, hasta 2018. Cumplí 51 este año y ya es imposible conseguir trabajo. Al perder el trabajo se pierden un montón de cosas, hasta la familia porque la economía genera pleitos. Yo antes tenía una cuenta en el banco, tarjeta, una economía bastante bien y de repente me quedé sin nada. En mi barrio veo mucha juventud que no tiene trabajo. Ahora mi hijo me dijo que voy a ser abuelo, ¿cómo hago para ayudarlos a tener una casa, para ayudarlos? Por eso salimos a la calle”.

Angelina - Barrio Sarmiento  

“En mi barrio ahora hay muchas personas mayores, muchos abuelitos que vienen a los comedores a buscar la comida. Y la miseria de alimentos que nos dan a veces no da para hacer la cantidad que necesitamos. Son personas mayores que ya no tienen un trabajo, que con el ajuste que les vienen haciendo no  les alcanza ni para los medicamentos. Nosotros como delegados sacamos un poquito del plan que tenemos para ir a comparar y no dejar un día sin comer a esos abuelitos”.

Christian - Barrio Urkupiña

La prensa dice 'quién los mandó a tener tantos hijos' y yo quiero decir que es una decisión personal de cada uno. Si yo tengo cinco hijos, trabajaré más horas para sustentarlos, pero necesito que esté el trabajo necesario para poder desempeñarme, que hoy no hay”.

Noel - Barrio El Porvenir

“La pandemia me ha dejado prácticamente en la calle. Aprendí a costurar y vine a La Matanza a vivir en una toma. Antes yo pagaba alquiler y no podía más porque llegó la pandemia y fue un caos el trabajo. Gracias a la organización y mi pago mensual pude terminar mis estudios. Soy auxiliar en enfermería. A los niños que vienen al barrio les enseñamos lo que es el estudio, los ayudamos con las tareas diarias del colegio”. 

Yamila - Barrio Villa Scasso

“Hay muchas familias que dicen ‘no puedo pagar el micro, pero quiero ir a la marcha’. Entonces se junta plata para esos compañeros. A las mamás que quieren ir a luchar por sus hijos, por el hambre, les pagamos el micro y les prestamos una carpa, así los chicos no sufren. Les decimos: ‘si están las cámaras, diga su situación, que no tiene trabajo, que no tiene esto, que no tiene lo otro: diga la verdad’. No cuesta nada decir la verdad, aunque ellos no lo vean o no lo escuchen”. 

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