Trabajos cada vez más precarios

Una década de desintegración laboral: uno de cada dos trabajadores argentinos hace changas

Desde hace más de una década que en Argentina no es noticia la desocupación. Salvo en años excepcionales, como el 2020 de pandemia, el indicador que supo ocupar titulares y placas de televisión no supera los dos dígitos. De hecho, se redujo de 7,4% al 6,3% entre 2010 y 2025, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC).

“El deterioro del mercado de trabajo no se expresa en la falta de empleo, sino en un deterioro de las condiciones laborales”, explica Ramiro Robles, investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA que, junto con Julieta Vera y Alejo Giannecchini, presentaron este miércoles un documento de trabajo sobre el resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en el país.

En números, a la vez que la desocupación cayó en los últimos quince años, el sector microinformal –como las changas, trabajadores en comercios o talleres de hasta 5 empleados, cuentapropistas sin oficio calificado y servicio doméstico– pasó a ocupar del 46,4 a 48,3% del empleo total. El lado más favorecido de la pirámide –los trabajadores del sector formal, tanto privado como público,– redujeron poco más de un punto cada uno su participación en el mapa del empleo total.

Es decir, más gente consiguió alguna changa, se hizo cuentapropista o encontró un trabajo informal, pero cada vez menos gente accedió a empleos formales, protegidos y bien pagos. Los autores llaman a esto absorción laboral regresiva y sostienen que constituye la mutación más importante del mercado de trabajo local en la última década y media.

Los motivos detrás del fenómeno

“Reconocemos que es un problema estructural, no se manifestó en las gestiones recientes, pero sí se agravó en la última década y media en un contexto de estancamiento económico, baja productividad, inestabilidad macroeconómica, la fragmentación regulatoria de instituciones que protegen las relaciones laborales”, explica Robles.

El factor más intuitivo y de amplio consenso entre analistas que explica el deterioro del mercado laboral es el estancamiento económico. En los últimos quince años Argentina creció menos y de manera más inestable que en la década anterior.

Pero, además, cambiaron los motores de crecimiento. La industria manufacturera, que entre 2010 y 2015 aportaba positivamente casi un 25% al cambio del Valor Agregado Bruto, pasó a restar en magnitud similar (-25,1%) entre 2023 y 2025. En sentido inverso,

minería y canteras pasó de un aporte negativo de 3% al VAB a sumar 24,6% en el último tramo, con el empuje de los hidrocarburos no convencionales, mientras las finanzas explicaron otro 35,1% del cambio reciente. Son sectores de alta rentabilidad pero poco empleadores, a diferencia de ramas como la industria o la construcción, intensivas en mano de obra.

La otra gran causa es institucional. Es que incluso dentro de los puestos de trabajo formales, cada vez hay más trabajadores por fuera de los convenios colectivos. En 2025, la mayoría de los puestos en blanco (53%) todavía se rige por una negociación por actividad, pero la porción de trabajadores formales sin ese paraguas, que incluye a monotributistas y autónomos, subió 4,5 puntos porcentuales -de 5,8% a 6,3%- entre 2010 y 2025. A la par, viene subiendo el peso de los puestos no asalariados dentro del universo registrado, que pasaron de representar poco más de una cuarta parte a casi el 30% de ese total.

Este proceso de fragmentación regulatoria potencia el problema dado que, incluso dentro del empleo formal, cada vez hay más porciones de la fuerza de trabajo que quedan fuera de los mecanismos que históricamente ordenaron salarios y condiciones laborales en la Argentina.

Finalmente, los investigadores identifican la importancia de la baja en la productividad de la economía argentina, medida como el valor agregado por ocupado, que está estancada desde 2010 y comenzó a deteriorarse de manera más marcada a partir de 2016-2017. Para el ODSA, esa pérdida de productividad es una de las claves que explican por qué, incluso en los años de rebote económico, el mercado de trabajo no logró generar empleos de mejor calidad en volumen suficiente.

Nivelando para abajo

El deterioro del mercado laboral no se agota en la pérdida de derechos, estabilidad y la poca perspectiva de movilidad ascendente. También golpea el bolsillo, aunque de manera pareja en el universo laboral.

El salario real de los asalariados privados registrados en 2025 es casi idéntico al de 2010, con altibajos hasta 2015 y una caída sistemática hasta tocar piso en 2020 y nunca recuperar.

La brecha entre los dos extremos de la escalera –los asalariados formales en una punta, y los trabajadores del sector microinformal en la otra– se mantuvo prácticamente intacta a lo largo de los quince años. Un trabajador del sector microinformal gana, en promedio, entre 30% y 40% menos que el total de los ocupados, en cualquier año de la serie. En el otro extremo, tanto el sector público como el privado formal pagan sueldos entre 30% y 40% por encima de ese promedio.

Los investigadores encontraron un cambio de composición dentro de los sectores con mayores ingresos en los últimos dos años. Por primera vez en la serie, el sector público formal dejó de ser el más ventajoso –cayó a 25% por encima del promedio– y quedó por debajo del privado formal (33%), hecho que coincide con el ajuste salarial aplicado en el empleo público por la gestión actual.

“Difícilmente esto se revierta”

Dado el escenario actual de profundización del modelo económico anclado en el crecimiento de actividades basadas en recursos naturales y financieras, la economista Julieta Vera, que participó de la presentación, fue categórica: Si continúa esta dinámica de crecimiento de estos sectores, difícilmente esto se revierta”. Para que el proceso cambie de signo, explicó, hace falta la articulación de una macroeconomía estable con crecimiento sostenido en el tiempo, una matriz productiva que favorezca a sectores intensivos en empleo y una recomposición de las instituciones laborales capaz de ampliar la protección en lugar de seguir erosionándola. Ninguna de las tres, aclaró, alcanza por sí sola.

Sobre el rol de la Ley de Modernización Laboral en este escenario, Robles aseguró que es la “cristalización de la trayectoria previa. Es decir, profundiza un proceso que ya venía de atomizar y disolver los mecanismos colectivos de negociación, y de correr el eje de la relación asalariada hacia vínculos puramente contractuales entre privados. Para el investigador, la pregunta de fondo es si ese tipo de reforma puede, dado el escenario productivo actual y los problemas crónicos de la economía argentina, generar empleos nuevos y más productivos. “Nosotros creemos que no”, sentencia.

NR/MG