Los jóvenes no vuelven al país, pese al discurso libertario: emigración sostenida y desempleo creciente
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, dice que los jovenes están volviendo al país, pero cada vez más argentinos se van y más jovenes dejan de estudiar para buscar trabajo precario y un quinto de ellos no lo encuentran. Hace un mes, Sturzenegger viajó a Austria y contó que antes de que llegara Javier Milei a la Casa Rosada temía que sus hijos emigraran. Incluso confesó que estaba decidido a pedirles que se marcharan al exterior si ganaba el peronismo. Pero después comentó entre lagrimas: “Los jóvenes están volviendo al país”. “Perdón que me emocione”, se disculpó. El problema es que se emocione con lo que sería una fake news.
La Argentina no elabora estadísticas sobre emigración. Ni en este gobierno ni en los anteriores. Por eso, los investigadores que se dedican a estudiar el fenómeno migratorio como Camila Jiménez Zunino, socióloga de la Universidad de Córdoba e investigadora del Consejo de Investigaciones Científicas (Conicet), toma como referencia las estadísticas oficiales de España, principal destino de emigración de los argentinos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de España cada vez más argentinos viven en España: a fines de 2025 sumaban 476.000 nacidos en Argentina, incluidos los que tienen pasaporte europeo.
En los primeros dos años de gobierno de Milei aumentó la cantidad de argentinos en España a razón de 30.000 por año. Se trata de un promedio apenas inferior a los 31.000 que se radicaban cada año en la gestión de Alberto Fernández, cuando se disparó la emigración. En la administración de Macri se iban a razón de 10.000 por año y en los 12 años del kirchnerismo, 4.000. El peor momento fue la crisis de 2001: 58.000 por año. Ahora estamos en la mitad, pero no hay datos para festejar de emoción.
La Argentina es el quinto origen del flujo actual de inmigrantes en España, detrás de Colombia, Marruecos, Venezuela y Perú, según datos de 2025. No son datos de jóvenes argentinos emigrantes en España sino sobre el total de compatriotas de todas las edades en ese país. Pero confirman que el fenómeno de la emigración, que se disparó en el gobierno de los Fernández, continúa. Y ocurre en un contexto difícil para los jóvenes en Argentina, esos mismos que estaban cansados del peronismo en el que se criaron y que encontraron en Milei un presidente.
De por sí en la Argentina y en la mayoría del mundo, los jóvenes sufren más desempleo y más trabajo precario que los demás adultos, pero este problema se agravó en lo que va del gobierno de Milei, según el director del programa Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETID) de la Universidad de San Martín, Matías Maito. En la kilométrica cola de 4.000 personas que hace un mes se formó para conseguir 60 empleos en un frigorífico de Moreno, un joven de 18 años confesaba al canal C5N: “Estoy terminando el secundario online porque dejé en quinto año porque tuve que trabajar. Trabajé de mantenimiento desde los 16 años, en un local, en negro. Trabajé en limpieza también”.
“Desde la asunción del actual gobierno crece mucho la participación de los jóvenes en el mercado de trabajo, es decir, jóvenes que en general interrumpen sus estudios o relegan o destinan una menor cantidad de tiempo en sus estudios para incorporarse al mercado laboral a buscar un trabajo”, advierte Maito. Siempre la tasa de actividad, es decir, la de quienes trabajan o buscan hacerlo, es más baja entre los jóvenes de 18 a 24 años que en el promedio de todas las edades porque están terminando la secundaria o estudiando en un terciario o una universidad. Pero entre el último trimestre de 2023, final del anterior gobierno, y el mismo periodo de 2025, esta tasa subió del 52,8% al 53,7%.
Trabajo precario para los jóvenes
“Muchos de esos jóvenes consiguen trabajo, pero en general se da en condiciones precarias, como subocupados –es decir, trabajan menos horas que las deseadas–, en la informalidad y es un trabajo que en general sirve como una fuente adicional de ingresos para los hogares”, cuenta Maito. “¿Por qué se da esta necesidad de que los jóvenes se incorporen tempranamente al mercado de trabajo? Justamente porque en un contexto en donde los ingresos no logran acompañar el ritmo de la inflación, más personas en un mismo hogar tienen que trabajar y generar ingresos para que ese hogar logre de alguna forma llegar a fin de mes”, prosigue el investigador del Cetyd. Todo sea para ayudar a la familia, que ya no les puede bancar el estudio. Mirado desde lo macroeconómico, esta desinversión en capital humano, al igual que el ajuste presupuestario de la universidad, impacta en el futuro desarrollo del país.
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos marcan que en el primer trimestre de 2026, la desocupación entre quienes tienen hasta 29 años rondó el 15%. Es prácticamente el doble de la tasa general, del 7,8%. “Entre la población más joven, de 18 a 24 años, el problema es todavía más grave, porque la desocupación alcanza al 20%”, señala Ana Rameri, economista del Instituto de Pensamiento y Políticas Publicas (Ippyp). “Es decir, uno de cada cinco jóvenes que busca trabajo no lo consigue.”
“Pero el problema no termina ahí, porque cuando logran insertarse lo hacen de lleno en las formas más precarias del mercado laboral”, coincide Rameri con Maito. “Casi ocho de cada diez jóvenes atraviesan una inserción vulnerable, ya sea por desempleo, informalidad, precariedad contractual o insuficiencia de ingresos. De hecho, los jóvenes tienen una tasa de asalarización superior al promedio, pero con una informalidad mucho más elevada. Mientras el empleo no registrado alcanza el 37% de los asalariados, en general supera el 62% entre los jóvenes. Son trabajos inestables, de bajos ingresos y con escasa protección social, que muchas veces obligan a priorizar la supervivencia cotidiana y restringe las oportunidades de continuar estudiando o formándose.”
En los primeros dos años de gobierno libertario, el empleo privado registrado cayó 1,9% en la Argentina, pero sobre todo cayó entre quienes tienen entre 18 y 24 años, un 8%. Los jóvenes son el eslabón mas débil a la hora de despedir. Con menos antigüedad en las empresas, es más barato echarlos. En cambio, creció 6% entre los de 46 a 55 años porque el mercado ahora valora más la experiencia. Y aumenta hasta 11% entre los de más de 65 años, lo que tiene su aspecto positivo, el hecho de que no se descarta a los más añosos, pero también su flanco negativo, dado que la jubilación no alcanza y hay que seguir trabajando. En el mundo de la inteligencia artificial se reemplazan más los jovenes, que tienen tareas más rutinarias, mientras se requiere gente más madura para controlar que la IA haga bien su tarea.
Pobres y endeudados
Pero encima este desempleo y este trabajo precario juveniles derivan en una mayor morosidad de créditos con bancos, billeteras, tarjetas y casas de electrodomésticos. “Cruzamos datos de morosidad tardía con desempleo y el sector joven es el más castigado por la dificultad de acceso al mercado de trabajo y por el menor ingreso”, apunta Ricardo Delgado, socio de la consultora Analytica. Así como el 27% de los argentinos está en mora, entre los jóvenes el rojo impago llega a casi el 40%, lo que les complica no sólo el presente sino también el acceso futuro al crédito formal.
Encima crecen las sospechas de que algunos se endeudan para apostar online, esta pseudo salida laboral y pseudo entretenimiento que ha llevado a que en los consultorios de ludopatia ya no aparezcan sólo los cincuentones y sesentones sino adolescentes de 15 años hasta jóvenes de 25. Un flagelo que está agravando con este Mundial, el de más partidos de la historia, todos para apostar. En el consultorio del psiquiatra Federico Pavlovsky llegan pacientes endeudados, amenazados por sus acreedores, tanto que hay quieren irse del país.
Obviamente no es el motivo principal de emigración. Pero el flujo al exterior continua. La socióloga Jiménez Zunino comenta que 1,2 millones de argentinos viven afuera, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM). Cuatro de cada diez están en España. Otros están EE.UU., Italia, en países limítrofes o Israel. “Hay una emigración persistente y por goteo”, afirma la investigadora. Los datos de argentinos emigrados a España muestran que todavía para muchos compatriotas la Argentina sigue siendo poco atractiva. Para los jóvenes que deben dejar de estudiar para trabajar porque no les alcanza y consiguen malos empleos o nada, no es país para quedarse.
AR/MG
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