Entrevista Paula Varela. Politóloga

“Las fábricas de neumáticos son picadoras de carne que producen trabajadores rotos”

Paula Varela: "Cuando los trabajadores del neumático metieron en la paritaria de este año el ítem de las horas al 200, pusieron el dedo en una llaga que las patronales no quieren que se toque".

Paula Varela hizo su tesis doctoral sobre FATE a partir de un enorme conflicto en 2007 en el que, entre otras cosas, los trabajadores echaron de una asamblea a su ex secretario general Pedro Wasiejko, quien tuvo que dejar la sede del SUTNA en una ambulancia. Es politóloga, investigadora del Conicet y docente desde hace 24 años en la carrera de Sociología de la UBA. Escribió La disputa por la dignidad obrera (Imago Mundi, 2015) e integra el comité editorial de la revista Ideas de Izquierda. El libro toma las luchas que van desde 2005 hasta 2015, el fenómeno que se dió en llamar sindicalismo de base, y se concentra en las industrias de la zona norte, epicentro de las comisiones internas opuestas a las direcciones sindicales.

Para De Mendiguren, los trabajadores del neumático "tienen muy buenos salarios"

Para De Mendiguren, los trabajadores del neumático "tienen muy buenos salarios"

“Es un proceso también generacional porque inauguró una vida política, militante y gremial en una generación nueva, en mi trabajo de campo entrevisté pibes que tenían entre 25 y 30 y pico de años. Me decían ‘es la primera vez que corto Panamericana’, incluso que poco tiempo atrás criticaban a los piqueteros. Mi tesis empieza con FATE, pero también tomé elementos de conflictos de otras fábricas para entender las condiciones de surgimiento de ese sindicalismo de base, qué rol tuvo la izquierda y qué sucedía con las conducciones peronistas y el tema generacional. En definitiva, qué es lo que se configura como injusto para la generación post 2001 que hace que salgan a reclamar derechos en un marco de crecimiento económico”, dice en una entrevista con elDiarioAR.

-¿Cuál fue su hipótesis y su conclusión?

-Había aumento de salario real, un aumento de firmas de paritarias exponencial, recomposición de la cúpula de la CGT y de las conducciones sindicales, todo eso daba lo que Néstor Kirchner llamó “conflictos del crecimiento”. El inicio de ese proceso fue la recordada huelga de los cuatro días del subterráneo, por la reducción de la jornada por trabajo insalubre a seis horas, que los metrodelegados ganaron. Entonces, en ese contexto la pregunta era por qué surgían luchas muy intensas contra las direcciones sindicales. FATE fue un exponente de eso, porque a diferencia de otras fábricas no estaba muy politizada ni tenía presencia de izquierda a diferencia de lo que sucede hoy. La conclusión fue que había un desfase entre el discurso del primer kirchnerismo y los medios de crecimiento a tasas chinas y doble superávit fiscal que contrastaba con una vivencia de que las condiciones de trabajo no se habían visto modificadas. Había una tensión entre un discurso de que volvía la clase trabajadora y un peronismo de Perón versus el peronismo del menemismo, de los desocupados y la crisis, pero en los lugares de trabajo el ‘dejar la vida en la fábrica’ no había cambiado y eso aparecía como una contradicción.

-¿Cuál es su análisis del conflicto de los trabajadores del neumático?

-Terminó en forma exitosa y con varias cosas para pensar. En primer lugar, ver por qué se volvió un conflicto tan importante y duro, además de largo porque duró cinco meses. Los porcentajes de aumento que pedían no eran descabellados, que finalmente son los que se firman. Son empresas de altísima rentabilidad, que fueron declaradas esenciales desde el inicio de la pandemia con lo cual no pararon nunca la producción, y dados los componentes del neumático a nivel internacional, por ejemplo unas de las proveedoras de caucho son Rusia y Ucrania, trasladaron ese aumento al precio de las cubiertas a dólar blue, no a dólar oficial. Una de las respuestas a esa pregunta nos lleva a la década del noventa y a las condiciones que conquistan las empresas del neumático sustanciales para la forma de producir y la rentabilidad. Concretamente son los turnos americanos y rotativos. Antes se trabajaba de lunes a viernes 8 horas, y mitad de sábado. Si se trabajaba sábados y domingos se pagaban doble, son las famosas horas al 200. A mitad de la década del noventa se pasa a 7x2, 7x2, 7x3: 7 días 2 francos, 7 días 2 francos, y 7 días 3 francos, y cada una de esas semanas turno mañana, tarde y noche. Le llaman ‘la picadora de carne’. Extienden la jornada laboral de 45 a 56 horas semanales, es enorme la ganancia de la patronal en cantidad de horas de trabajo. 

-¿Así es como aparecen ‘los rotos’? ¿Este sistema rompe a los trabajadores?

-Así es. Se dispara el índice de rotos, produce problemas de salud de todo tipo y un desgaste de los cuerpos que afecta el descanso. La rotación y la jornada extendida hace que se rompan muy jóvenes, con hernias de disco a los 30. Tienen un fin de semana libre al mes. Me interesa discutir, incluso en la Superintendencia de Riesgo del Trabajo, que hay un componente que es el desgaste del estado de ánimo, no pueden planificar su tiempo de descanso. No pueden estudiar o tener una vida familiar, porque sus familiares van a contraturno de ellos, y tampoco pueden planificar su vida social. Se rompe el cuerpo y el ánimo, son seres que se quiebran por un régimen de trabajo que se vuelve imposible de sostener a largo plazo. Cuando los trabajadores del neumático metieron en la paritaria de este año el ítem de las horas al 200, pusieron el dedo en una llaga que las patronales no quieren que se toque. Están dispuestas a discutir salarios, todo a la baja que se pueda, porque es parte de las reglas del juego en una economía inflacionaria como la nuestra. Pero no quieren bajo ningún punto de vista discutir condiciones de trabajo, ni las del neumático ni las automotrices. Eso explica por qué se endureció y se extendió este conflicto. El acuerdo salarial es excelente, pero no se mencionan las horas al 200.

A mitad de la década del noventa se pasa a 7x2, 7x2, 7x3: 7 días 2 francos, 7 días 2 francos, y 7 días 3 francos, y cada una de esas semanas turno mañana, tarde y noche. Le llaman ‘la picadora de carne’

-¿Quedarán para otro conflicto?

-Es una enseñanza en un doble sentido. Las horas al 200 traducido en porcentaje de aumento era el 15 por ciento, eso es el 16 por ciento más que acaban de firmar. Es decir, que las patronales están pagando el equivalente al monto anualizado de las horas al 200 pero no permitieron que en acuerdo paritario figuren como horas al 200. La enseñanza para los trabajadores y trabajadoras es que precisamente hay que discutir eso, porque buena parte de la rentabilidad de las empresas está en estas condiciones de trabajo.

-Es decir que tienen el dinero pero el sistema americano y rotativo sigue en pie. ¿Irán por la abolición de ese método?

-Absolutamente. La traducción a salario es comprensible porque estás buscando una mejora de tu vida, porque esta economía te come el salario minuto a minuto. Sin embargo, el conflicto abre la discusión para plantear en los acuerdos paritarios el fin de esos turnos, revisar la duración de la jornada laboral semanal. En Europa no son los zurdos y los troskos los que están discutiendo reducir la jornada, son buenos señores reformistas que les encanta estar en el marco de la ley, mientras que acá estamos con jornadas de 56 horas semanales. Hay que discutir el banco de horas en el sector automotriz.

-¿Qué es eso?

-Es un aumento exponencial de la jornada laboral, los trabajadores van sumando cantidad de horas, pueden llegar a trabajar 12 horas por día los siete días a la semana si la patronal lo requiere. Luego recuperan esas horas si baja la producción. Es móvil según las necesidades de las empresas, parece razonable, pero no lo es en absoluto. Produce cantidad de rotos, cuando están en alza literalmente los trabajadores se matan.

-Cuando recuperan las horas no las pueden disfrutar.

-Claro, y además no se puede imponer a una familia que se adapte a los tiempos de producción. En la llamada década ganada la conquista del salario real fue a costa del mantenimiento de las condiciones de precarización conquistadas por las empresas en los noventa. Los convenios colectivos firmados en esos años no revirtieron eso. Arrastramos una lógica de negociación capital-trabajo concentrada estrictamente en el salario sin tocar la gran victoria de las empresas en los noventa que fueron la precarización y la flexibilización laboral. 

-¿El turno americano está para que la producción no pare nunca?

-Así es. La producción es continua. Son elementos de lo que se llama ‘toyotismo’. Tiene que ver con cuánto cuesta poner en marcha las máquinas. 

-Dentro de la fábrica los flexibilizados ganan menos y encima no pueden usar el comedor ni el transporte de los demás. ¿Es así?

-Sí. En el caso de FATE hubo una derrota muy dura en 1991, asumió la dirección Javier Madanes Quintanilla e impuso estas reformas regresivas. Una de las primeras medidas que tomaron fue contratar jóvenes, luego de casi 300 despidos. Y les impusieron los turnos americanos y rotativos, la tercerización fue clave para introducir estas condiciones. Si en una misma fábrica hay trabajadores de planta y tercerizados es una gran estrategia de división, y es otra de las cuestiones que hay que volver a discutir.

-En 2017 hubo un fallo a favor de uno de los ‘rotos’, Marcelo Andrade, que había sufrido un accidente en FATE y la empresa lo puso en ‘reserva de puesto’ como paso previo al despido, pero una jueza dispuso que fuera reinstalado. ¿Persiste esa maniobra?

-Es un limbo que sigue. A un trabajador que viene de la ART con problemas legales la empresa no lo despide, los pone en ese limbo sin tareas que termina siendo una forma de presionar para que renuncie. Otra conquista de los años noventa en todos los gremios es que el salario está compuesto por un básico y muchos adicionales. Entonces, cuando te dejan sin tareas o te dan licencia con goce es mentira, no es el mismo sueldo en mano que cuando trabajás. Es una reducción salarial de facto que puede llegar hasta el 60 por ciento. El fallo de Andrade fue muy importante porque esto es una forma de fraude laboral.

-¿Este conflicto del neumático marcará el resto de las disputas sindicales?

-Creo que sí. Acá no sólo fue dura la parte patronal. Desde el punto de vista político, la dureza también vino de (Sergio) Massa. Me pregunto por qué salió tan fuerte a decir ‘vamos a liberar la importación de neumáticos’ para boicotear el conflicto. Las patronales, entre ellas Madanes Quintanilla, leyeron bien que para el propio Frente de Todos tenía importancia que saliera derrotado para mandar el mensaje a los trabajadores de que no jodan, no hagan huelga porque necesitamos paz social para recuperar el capital político que perdimos contra la oposición de derecha. Estamos en una carrera de velocidades de acá al 2023, y en medio de la conflictividad social es casi imposible llegar a destino. A las propias patronales el mensaje era ‘podemos hacer el ajuste ordenado’, porque su ala halcón se pasa de rosca. Les están diciendo que necesitan un ajuste ordenado, no un ajuste Bullrich que puede desmadrar la situación. Y también hubo un mensaje para la propia base kirchnerista: ‘Si ustedes se confundieron y compraron el mensaje de Máximo y de La Cámpora contra el ajuste, bueno vean que ahora el kirchnerismo es por acá. Esta victoria es una señal para esos sectores de trabajadores y trabajadoras bombardeados por el discurso de la resignación, que ven que aquellos que los medios transformaron en monstruos logran la cláusula gatillo para ganarle a la inflación en marzo y en junio. Eso es fundamental.

-¿Qué cree que pasó entre la dureza de Massa y la Casa Rosada diciendo que a los empresarios no les va tan mal?

-El conflicto empezó a tener más apoyo de lo que ellos esperaban. En principio quisieron separar las tomas de los secundarios como el conflicto bueno, y el del neumático como el malo, eso no salió. El kirchnerismo tiene un problema con su propia base, que no está dispuesta a ser antiobrera. Vieron un escenario de conflictividad social creciente, que se podía disparar para cualquier lado. Hay huelga docente y acampe en la 9 de Julio, era una escalada impensada pero que hizo retroceder al gobierno que les dijo ‘negocien la parte salarial’. En lugar de quedar como unos troskos locos aislados empezó a ser parte de un escenario de conflictividad más general, de irracionales pasaron a ser razonables los reclamos.

Acá no sólo fue dura la parte patronal. Desde el punto de vista político, la dureza también vino de Massa. Me pregunto por qué salió tan fuerte a decir ‘vamos a liberar la importación de neumáticos’ para boicotear el conflicto

-En la batalla pública se intentó imponer que los trabajadores del neumático tienen sueldos altos. ¿Tampoco prosperó ese argumento?

-No, porque un sector importante del movimiento de desocupados está en la calle. Ese discurso provoca división si el sector que está por debajo de la línea de indigencia se encuentra paralizado en los barrios como una especie de víctima pasiva de un mundo desolador. A esa persona que no llega a juntar 50 mil pesos le decís que los del neumático ganan 140 y tranquilamente respondería ‘de qué se quejan’. Pero esa persona está acampando en la 9 de Julio, no es una víctima que mira como unos que supuestamente tienen todo, luchan y se pasan de rosca. 

-¿Cómo fue el conflicto de 2007 en el gremio del neumático?

-Empezó por salarios pero luego derivó en un conflicto contra la dirección de la comisión interna. Comenzaron a cuestionar cosas que estaban naturalizadas en la fábrica. Por ejemplo, el delegado fabril no iba a la planta el día en que la gerencia cronometraba la velocidad de la máquina, que te fija un estándar que rige para todos. Si queda muy alto, la máquina rola como loca. Entonces nadie miraba si la empresa ponía a alguien medio botonazo, por decir. Empezaron a salir cuestiones de salud en el sector negro de humo, donde se hace la masa de caucho con derivados del petróleo. Salen negros y se tienen que bañar dos o tres veces con jabones abrasivos para sacarse ese polvillo. Por los turnos no podían mantener una relación afectiva, estar con sus familias o ser músicos en su tiempo libre, eran jóvenes que no querían dejar la vida en la fábrica por nada, ni ser un número para la empresa, que te usa y te descarta. Vieron que la organización sindical no hacía nada con todo eso, lo que derivó en la renovación de la comisión interna, la echaron con un frente con diferentes líneas de izquierda aunque aún no existía la lista negra. Sacaron a la violeta de Wasiejko, y terminó perdiendo la dirección de todo el Sutna. Me llamó mucho la atención verlo en la TV dando consejos, porque su salida fue traumática, luego de una asamblea muy dura, se fue de la sede del gremio en una ambulancia. Se reorganizó toda la fábrica. 

-Jorge Altamira dijo que los afiliados al SUTNA en su mayoría no eran votantes del Frente de Izquierda. ¿Es así?

-Es posible. Con todas las críticas que se le pueda hacer, es un sindicato presente en el lugar de trabajo, algo poco habitual. El sindicalismo de base precisamente activa la vida sindical en fábricas donde las dirigencias se habían retirado y no existía la práctica del delegado de base. La cohesión que se vio es producto, en parte, de esa otra forma de hacer sindicalismo. Me reconfortó ver un dirigente sindical que decía ‘vamos a llevar el acta de acuerdo a la asamblea’, y fue una asamblea muy masiva la que lo refrendó. Un trosko viejo la llamó la anomalía argentina: en el lugar de trabajo pueden votar conducciones zurdas y sin embargo a nivel nacional votar al peronismo, al macrismo e incluso alguna versión de la derecha a la carta que hay ahora.

CC

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