Debate sobre el ajuste fiscal

En la mayoría de los países desarrollados existe el impuesto a la herencia y los patrimonios tributan como en la Argentina

Inspecciones de ARBA a embarcaciones deportivas.

En tiempos en que se discute un plan de ajuste fiscal con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Alberto Fernández impulsa dos impuestos que provocan urticaria entre los que más tienen. Uno es Bienes Personales, cuya alícuota subirá del del 1,25% al 1,5% para los patrimonios de más de $ 100 millones y se mantendrá en el 2,25% para los activos en el extranjero, si el miércoles próximo se aprueba en el Senado. Otro es el de la herencia, que las provincias podrán imponer a partir del consenso fiscal que firmarán hoy lunes con la Nación.

¿Es posible hacer el ajuste fiscal que pide el FMI sin afectar a los pobres y a la clase media?

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Pero más allá de las quejas, los países desarrollados, a los que la Argentina seguramente pretende parecerse, cuentan en su mayoría con gravámenes a la herencia y cobran tantos impuestos a los patrimonios como nuestra nación. Veamos los datos.

En un informe de este año titulado "Fiscalidad a la herencia en los países de la OCDE", la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico relevó los datos de 36 de sus 38 miembros, casi todos desarrollados, otros de ingresos medios altos como los de Europa del Este y algunos de ingresos medios como Chile, Colombia, Costa Rica, México y Turquía. De esos 36 países, 24 cobran el impuesto a la herencia: Bélgica (la región Bruselas-Capital, con una alícuota del 30%), Chile (25%), Finlandia (19%), Francia (45%), Alemania (30%), Grecia (20%), Hungría, Islandia (10%), Irlanda (33%), Italia (4%), Japón (55%), Lituania, Luxemburgo, Países Bajos (20%), Polonia (7%), Portugal, Eslovenia, España (34%), Suiza (el cantón de Zurich, 7%), Turquía (10%), Dinamarca (15%), Corea del Sur (50%), Reino Unido (40%) y Estados Unidos (40%). Por ejemplo, la superpotencia grava la residencia principal y las otras que haya tenido el fallecido, otros inmuebles, activos financieros, seguros de vida, vehículos, activos intangibles como patentes o marcas, fondos de pensiones, obras de arte, joyas, muebles y, con una tasa menor, campos usados en agricultura o actividad forestal y negocios familiares. Cada país puede gravar la herencia en sí o a los herederos, con alícuotas diferenciales según el parentesco.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de 2021 señala que, además de Chile, también Brasil, Ecuador y República Dominicana cobran impuesto a la sucesión en la región. Sólo en el caso de Brasil se trata de un tributo estadual y la tasa llega hasta el 8%. En este país recauda el 0,12% del PBI. En Chile, el 0,07%; en Ecuador, el 0,03% y en Dominicana, apenas el 0,01%, los tres con un gravamen nacional.

Algunos países de la OCDE dejaron de cobrar este impuesto. Unos hace mucho tiempo, como México, en 1961, otros más recientemente, como República Checa, en 2014. El grupo que desgravó sucesiones incluye a Australia, Austria, Canadá, Israel, Nueva Zelanda, Noruega, Eslovaquia y Suecia. En las últimas décadas neoliberales en el mundo los más ricos han conseguido librarse de tributos, pero en los últimos años esa desgravación se ha puesto en tela de juicio.

Otros países también gravan las sucesiones. Son los casos de Bermudas, Ghana y Letonia. Además están los que se sumaron a abolir este impuesto, como Hong Kong, India, Kenia, Malasia, Rusia, Singapur, Serbia, Estonia, Bahamas, Macao, Liechtenstein y Brunei.

Pero el impuesto a la herencia es sólo uno de los mecanismos que tienen los estados para gravar los patrimonios. Otros son los tributos a los patrimonios de las personas, como Bienes Personales; a los automóviles, como la patente; a las transferencias de inmuebles (ITI) y a las transacciones financieras, como el gravamen al cheque y otros giros.

El informe de la CEPAL indica que en 2018 (último año con datos disponibles de todos los países latinoamericanos) los impuestos a la propiedad recaudaban el 0,8% del PBI regional. En cambio, entre los países de la OCDE la recolección llegaba al 1,9%. La Argentina superaba entonces el promedio latinoamericano y el de los países desarrollados, con el 2,44%, pero no por Bienes Personales (entonces representaba sólo el 0,1% del PBI porque el gobierno de Mauricio Macri había bajado la alícuota al 0,5%) sino por efecto del tributo a las transferencias financieras, un invento de Domingo Cavallo cuando era ministro de Economía en la crisis de 2001 y que hace tres años recaudaba el 1,61% del PBI, cuatro veces más que en las naciones ricas. Sin ese impuesto, los gravámenes al patrimonio llegaría al 0,83% en la Argentina de Macri, al 0,4% en toda Latinoamérica y al 1,5% en las naciones desarrolladas. El 0,83% estaba compuesto por un 0,4% del impuesto provincial inmobiliario; un 0,29% de la patente, también provincial; y un 0,04% del ITI, que es nacional.

Pero en la Argentina actual los patrimonios (excluidas las transacciones financieras) tributan cerca del promedio de la OCDE, un 1,4% del PBI, según calcula el economista Nadin Argañaraz, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). En 2021, Bienes Personales recaudará el 0,7% del PBI, es decir, siete veces más que en la era Macri; el inmobiliario sigue en 0,4% y la patente, en 0,3%. Además se juntó otro 0,6% por única vez del aporte extraordinario de las grandes fortunas para atender gastos de la pandemia. La Fundación Libertad y Progreso calcula que Bienes Personales aportó 0,6% en 2021, menos que el 0,8% en 2020, aunque por encima del promedio del periodo 2004-2015, años kirchneristas, cuando rondaba entre 0,3% y 0,4%.

Sin el distorsivo impuesto al cheque, el 1,44% del PBI que aportan los patrimonios en la Argentina actual -incluido el ITI- resulta inferior al 1,59% que recauda Brasil entre el inmobiliario, la patente y los gravámenes a la herencia y a las transferencias de inmuebles. En cambio, por esos conceptos Chile recauda sólo el 1,07%; Colombia, el 0,92%; Costa Rica, el 0,91%; Ecuador, el 0,35%; Guatemala, el 0,3%; Honduras, el 0,08%; México, apenas el 0,33%; Nicaragua, el 0,22%; Panamá, el 0,37%; Paraguay, el 0,3%; Perú, el 0,28%; Dominicana, el 0,29% y Uruguay, el 1,4%, casi igual que la Argentina, según el reporte de la CEPAL.

Si se incluye el impuesto a las transferencias financieras, la Argentina grava no sólo más que cualquier país latinoamericano sino también que la mayoría de las naciones de la OCDE. Si en nuestro país esta carga tributaria subió del 2,4% en 2018 al 3% en 2021, estaríamos por encima de 29 integrantes de ese club de naciones. Tendríamos el mismo nivel que Estados Unidos y sólo por debajo de Grecia (3,1%), Bélgica (3,5%), Luxemburgo (3,8%), Reino Unido (3,9%), Francia (4%), Corea del Sur (4%) y Canadá (4,2%). Claro que esos países gravan sobre todo los patrimonios y no tanto las transacciones financieras. Por ahí debería caminar un reforma hacia un esquema tributario más justo y menos distorsivo.

AR

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