La supervivencia del acuerdo con el FMI, una incógnita de la gestión Batakis

Antes de que Silvina Batakis asumiera frente al Ministerio de Economía; antes incluso de que hiciera una sola intervención en público, el mercado se apuró a mostrar su desconfianza con un salto de cotización en los dólares paralelos. Entre las principales dudas que genera el cambio de gabinete en los inversores aparece la continuidad del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la hoja de ruta con que Guzmán intentó –sin mayor éxito– darles cierta certidumbre. 

Para Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, es un “punto positivo” la continuidad de Sergio Chodos en su cargo de representante argentino ante el FMI, que garantiza cierta preservación de los canales de interlocución vigentes entre el Gobierno y el organismo. “De todas formas, con una Secretaría de Energía sin cambios resulta difícil pensar en un sendero de reducción del gasto compatible con la meta del nuevo acuerdo del FMI”, opinó Giorgio. 

Desde que en 2018 el entonces presidente tomó una deuda de US$44.500 millones con el FMI, la suerte de la economía argentina se encuentra atada a ese organismo. Tras la renegociación, cerrada por Guzmán a fines de enero pasado, el país vive una especie de cogobierno con el Fondo, con una serie de metas establecidas y revisiones trimestrales de cuya aprobación depende la continuidad de los desembolsos. 

Será clave lo que la nueva ministra decida en el frente energético. Si culmina el proceso de segmentación de tarifas que diseñó Guzmán o prefiere demorar medidas que impacten en el bolsillo de los argentinos, en línea con los funcionarios del área. La palanca de la energía, que Guzmán se cansó de pedirle al Presidente, es determinante a la hora de equilibrar las cuentas y cumplir con las metas del FMI. Según el titular del Banco Central, Miguel Pesce, solo en junio el 25% de los dólares que se destinaron a importaciones fueron para energía. 

Para Guido Lorenzo, director de LCG, antes de cualquier pronóstico es necesario “esperar a ver a quién responde” la ministra. “Si responde a la vicepresidenta, ahí se generará más duda y se verá más nerviosismo en el mercado, reflejado en los precios”, sumó. 

Respecto de la posibilidad de que Batakis sostenga el acuerdo pero busque flexibilizar algunos términos, Lorenzo consideró que “no es fácil”. “Entiendo que el Fondo tiene voluntad de que no se caiga el acuerdo, pero tampoco va a permitir cualquier cosa; yo no creo que se pueda modificar mucho. Hay que pensar que no se habla con una persona, sino con un organismo multilateral que requiere del consenso de muchas personas”, precisó.  

Entre los puntos que trazan la diferencia de su perfil con el de Guzmán aparece el hecho de que Batakis es menos “fiscalista”. Según un gráfico elaborado por Francisco Mattig, economista de Consultatio, desde su puesto de secretaria de Provincias del Ministerio del Interior, Batakis propició en los últimos tres meses un aumento del gasto en transferencias a las provincias de aproximadamente de 20 puntos por encima del crecimiento del gasto primario. Las transferencias discrecionales a las provincias son, justamente, uno de los flujos que el FMI sugirió recortar como estrategia para “compensar” los gastos extra en otros frentes. 

También está el archivo. En 2018, tras el cierre del acuerdo de Macri con el FMI, decía en la TV Pública que “un déficit fiscal del orden del 3% es manejable”. “Esto no quiere decir que podemos vivir eternamente con déficit fiscal”, matizaba; el mismo razonamiento que expresó la vicepresidenta el sábado pasado en Ensenada. 

El cumplimiento de las metas acordadas con el FMI se complicaría más si decidiera incorporar dos de las demandas que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner puso directamente sobre la mesa: aumento por decreto para los trabajadores y Salario Básico Universal. Solo el último programa, según cálculos de sus propulsores, insumiría un 1% del PBI. 

Incluso sin avanzar con esas medidas –que el FMI desaconsejó en su último documento– suena difícil que Batakis cumpla con la promesa de Guzmán de corregir en el segundo semestre los desvíos de la meta fiscal permitido en el primero, en el que se debió atender al encarecimiento de las importaciones de energía por la guerra y a impulsar un refuerzo de ingresos para aplacar el impacto de la inflación. 

Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano consideró que es difícil que Batakis se atenga al acuerdo tal como existe, “teniendo en cuenta que el sector que la respalda y que la promovió al Ministerio de Economía tiene un profundo desacuerdo con los términos de ese convenio”. 

Anticipó “cuanto menos ciertas modificaciones”, que ya el propio exministro Guzmán había planteado respecto de las originales. “La incógnita es en qué se traduce ese replanteo de metas o bien si directamente nuestro país se encamina a una ruptura con el Fondo Monetario Internacional. Tratándose de la Argentina, ningún escenario es descartable a priori”, reflexionó. 

Otro economista, que trabaja en la órbita de la oposición, descuenta que Batakis no tomará las medidas necesarias para ir a 2,5% de déficit comprometido, pero tampoco anticipa una “pelea” con el FMI para redefinir metas. Según su perspectiva, se irá hacia un escenario de concesiones mutuas, considerando que el FMI también está interesado en mantener en eje la relación con la Argentina, país al que le dio el mayor préstamo de su historia, y no ser señalado como el responsable de la crisis. 

DTC/MG

Antes de que Silvina Batakis asumiera frente al Ministerio de Economía; antes incluso de que hiciera una sola intervención en público, el mercado se apuró a mostrar su desconfianza con un salto de cotización en los dólares paralelos. Entre las principales dudas que genera el cambio de gabinete en los inversores aparece la continuidad del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la hoja de ruta con que Guzmán intentó –sin mayor éxito– darles cierta certidumbre. 

Para Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, es un “punto positivo” la continuidad de Sergio Chodos en su cargo de representante argentino ante el FMI, que garantiza cierta preservación de los canales de interlocución vigentes entre el Gobierno y el organismo. “De todas formas, con una Secretaría de Energía sin cambios resulta difícil pensar en un sendero de reducción del gasto compatible con la meta del nuevo acuerdo del FMI”, opinó Giorgio. 

Desde que en 2018 el entonces presidente tomó una deuda de US$44.500 millones con el FMI, la suerte de la economía argentina se encuentra atada a ese organismo. Tras la renegociación, cerrada por Guzmán a fines de enero pasado, el país vive una especie de cogobierno con el Fondo, con una serie de metas establecidas y revisiones trimestrales de cuya aprobación depende la continuidad de los desembolsos. 

Será clave lo que la nueva ministra decida en el frente energético. Si culmina el proceso de segmentación de tarifas que diseñó Guzmán o prefiere demorar medidas que impacten en el bolsillo de los argentinos, en línea con los funcionarios del área. La palanca de la energía, que Guzmán se cansó de pedirle al Presidente, es determinante a la hora de equilibrar las cuentas y cumplir con las metas del FMI. Según el titular del Banco Central, Miguel Pesce, solo en junio el 25% de los dólares que se destinaron a importaciones fueron para energía. 

Para Guido Lorenzo, director de LCG, antes de cualquier pronóstico es necesario “esperar a ver a quién responde” la ministra. “Si responde a la vicepresidenta, ahí se generará más duda y se verá más nerviosismo en el mercado, reflejado en los precios”, sumó. 

Respecto de la posibilidad de que Batakis sostenga el acuerdo pero busque flexibilizar algunos términos, Lorenzo consideró que “no es fácil”. “Entiendo que el Fondo tiene voluntad de que no se caiga el acuerdo, pero tampoco va a permitir cualquier cosa; yo no creo que se pueda modificar mucho. Hay que pensar que no se habla con una persona, sino con un organismo multilateral que requiere del consenso de muchas personas”, precisó.  

Entre los puntos que trazan la diferencia de su perfil con el de Guzmán aparece el hecho de que Batakis es menos “fiscalista”. Según un gráfico elaborado por Francisco Mattig, economista de Consultatio, desde su puesto de secretaria de Provincias del Ministerio del Interior, Batakis propició en los últimos tres meses un aumento del gasto en transferencias a las provincias de aproximadamente de 20 puntos por encima del crecimiento del gasto primario. Las transferencias discrecionales a las provincias son, justamente, uno de los flujos que el FMI sugirió recortar como estrategia para “compensar” los gastos extra en otros frentes. 

También está el archivo. En 2018, tras el cierre del acuerdo de Macri con el FMI, decía en la TV Pública que “un déficit fiscal del orden del 3% es manejable”. “Esto no quiere decir que podemos vivir eternamente con déficit fiscal”, matizaba; el mismo razonamiento que expresó la vicepresidenta el sábado pasado en Ensenada. 

El cumplimiento de las metas acordadas con el FMI se complicaría más si decidiera incorporar dos de las demandas que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner puso directamente sobre la mesa: aumento por decreto para los trabajadores y Salario Básico Universal. Solo el último programa, según cálculos de sus propulsores, insumiría un 1% del PBI. 

Incluso sin avanzar con esas medidas –que el FMI desaconsejó en su último documento– suena difícil que Batakis cumpla con la promesa de Guzmán de corregir en el segundo semestre los desvíos de la meta fiscal permitido en el primero, en el que se debió atender al encarecimiento de las importaciones de energía por la guerra y a impulsar un refuerzo de ingresos para aplacar el impacto de la inflación. 

Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano consideró que es difícil que Batakis se atenga al acuerdo tal como existe, “teniendo en cuenta que el sector que la respalda y que la promovió al Ministerio de Economía tiene un profundo desacuerdo con los términos de ese convenio”. 

Anticipó “cuanto menos ciertas modificaciones”, que ya el propio exministro Guzmán había planteado respecto de las originales. “La incógnita es en qué se traduce ese replanteo de metas o bien si directamente nuestro país se encamina a una ruptura con el Fondo Monetario Internacional. Tratándose de la Argentina, ningún escenario es descartable a priori”, reflexionó. 

Otro economista, que trabaja en la órbita de la oposición, descuenta que Batakis no tomará las medidas necesarias para ir a 2,5% de déficit comprometido, pero tampoco anticipa una “pelea” con el FMI para redefinir metas. Según su perspectiva, se irá hacia un escenario de concesiones mutuas, considerando que el FMI también está interesado en mantener en eje la relación con la Argentina, país al que le dio el mayor préstamo de su historia, y no ser señalado como el responsable de la crisis. 

DTC/MG

Antes de que Silvina Batakis asumiera frente al Ministerio de Economía; antes incluso de que hiciera una sola intervención en público, el mercado se apuró a mostrar su desconfianza con un salto de cotización en los dólares paralelos. Entre las principales dudas que genera el cambio de gabinete en los inversores aparece la continuidad del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la hoja de ruta con que Guzmán intentó –sin mayor éxito– darles cierta certidumbre. 

Para Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, es un “punto positivo” la continuidad de Sergio Chodos en su cargo de representante argentino ante el FMI, que garantiza cierta preservación de los canales de interlocución vigentes entre el Gobierno y el organismo. “De todas formas, con una Secretaría de Energía sin cambios resulta difícil pensar en un sendero de reducción del gasto compatible con la meta del nuevo acuerdo del FMI”, opinó Giorgio.