Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Música urbana
Perfil

Milo J, un distinto en la era del autotune

Milo J empezó a escribir sus primeras rimas y a rapear a los diez años

Gabriel Plaza

0

Una noche de 2019 un chico de 13 años entra al estudio de grabación a la vuelta de su casa en el barrio de San José de Morón con unos beats armados en la computadora. Hasta ese momento, nadie en el mundo musical había escuchado ese nombre: Milo J. El vecino y productor del estudio casero que tiene lo necesario -una placa de sonido y un micrófono medio pelo- lo ve tan niño que decide bajarle el precio por la grabación de su primer demo, pero cuando Milo se pone frente al micrófono y canta sus primeras barras de trap con un registro tan hondo capaz de caerse adentro del propio agujero que cala su voz, entiende todo. Ese pibe de 13 años no es un chico normal, es un diamante en bruto.

Es la segunda semana de noviembre de 2023 y Milo J, con sólo 17 años, una promesa de la música argentina, está a punto de cerrar un año memorable: fue el artista local más joven en posicionar seis canciones entre las cincuenta más escuchadas a nivel global, lanzó su primer álbum solista 111, y a las pocas horas de anunciar la presentación del disco para fines de marzo de 2024 con dos funciones en el Movistar Arena, recibió la noticia que las entradas están agotadas.

Todo parece que pasó muy rápido desde que cantó en un McDonalds de Haedo y le pagaron con una hamburguesa. Sin embargo, el camino artístico de Camilo Joaquín Villaruel, no fue un golpe de suerte.

La historia es así.

“Tus vueltas”, fue la primera canción que subió el 25 de noviembre de 2021, un corrido tumbado, que se salía de la norma del trap. Con “Morocha”, que salió en julio de 2022, un corte cercano al soul y el r&b, empezó a saborear el destino de un creador de hits. Le siguieron “Milagrosa”, un trap subtropical que se hizo viral en TikTok y llegó a oídos de Duki y Bizarrap, y “Rara vez”, que llegó a las cien millones de reproducciones, pero todavía no recibió dinero por las regalías. Luego la crisis. Cambió de manager, productor, y firmó con Dale Play Records. Entre abril y octubre de 2023, grabó con Yami Safdie en “El bolero”, Nicki Nicole lo sumó a “Dispara”, Khea lo llamó para “Nunca voy solo”, fue bendecido por Bhavi, Duki y Lit Killah en “Aerobic Remix”, y cantó junto a su ídolo YSY A y Bhavi en “Flechazo en el centro”.

Finalmente llegó el sueño hecho realidad cuando el productor argentino Bizarrap lo convocó para grabar la Sessión 57. “Estaba con mi novia en mi casa y recibí un mensaje de Biza. Empecé a gritar como loco”, recuerda Milo J en una nota que le hicieron para el backstage del video de la canción “No soy eterno”, grabado en Mendoza.

Se había especulado con que Bizarrap, mundialmente famoso por sus sesiones con artistas como Quevedo y Shakira, grabaría su sesión 57 con Justin Bieber, pero el productor prefirió hacer una apuesta por un adolescente, el más joven que grabó en una Bizarrap Session, con el que grabó un EP creativo y experimental llamado En dormir sin Madrid.

“Cuando escuché ”Milagrosa“ me pareció muy bueno, un aire fresco. Hace cosas raras, pero les quedan bien”, dice Bizarrap, en el making off de la grabación del EP que grabó junto a Milo J.

“Es un pibe que tiene mucho potencial, que se ve que está haciendo algo distinto y que propone otra cosa desde la música y desde la voz también. Explora una fragilidad distinta y eso lo une un poco a Frank Ocean”, dice Sebastián Chávez, periodista especializado en hip hop y jazz.

Milo canta con la nostalgia y la gravedad de un crooner con el corazón roto. Es la traducción emocional del paso del tiempo, que se desintegra en las bases pulverizadas de un Roland 808, o la ansiedad de ese adolescente, que extraña desear la vida que tiene ahora, acentuado por el repiqueteo frenético del hit hat, como si fuera el pulso de un reloj. Esa voz añosa de la que emana un vibrato natural y genera un efecto reverb como si estuviera adentro de una catedral gótica, siempre está en el centro de las canciones: habitaciones asimétricas de arquitectura digital y beats hipnóticos, que se completan con el vacío del silencio y versos melancólicos. Para su corta edad, Milo J tiene una madurez lírica y emocional que no tienen sus contemporáneos.

“Habla de otras cosas. Escribe como un chabón de ochenta”, dijo Lit Killah, el popular cantante y compositor de trap, en el programa de radio Perros de la calle hace tres meses.

Milo puede escribir sobre la salud mental y la angustia de su generación en “A1re”, canción que cierra su disco 111: “por la madrugada, suelo ahogarme/sin pensar en quién vendrá a salvarme”.

Puede ponerse existencial y hablar de la muerte: “Perdí el pasado pensando el hoy/y aún no sé si soy mejor que ayer/ya fue, disfrutémoslo/porque tal ve' mañana no esté”. 

O puede drenar sus emociones: “Los colores se hacen grises/no hay rincón al que escapar/Ilusiones infelices/mi confort es la soledad”.

Otro de sus rasgos fuertes es la musicalidad. Milo tiene una personalidad capaz de flotar con su flow sobre texturas y beats de trap, bolero, el r & b, folklore, drill, rap, corrido tumbado, o melodías de acordes menores que fácilmente pueden adherirse por sus estribillos pop. Hasta podría ser un payador llegado del futuro con la disonancia de una milonga, o sonar por su tonalidad como un cantor de antes.

“A mí me sorprendió que de tan chico viniera con referencias como Gardel o Spinetta, que lo escucha mucho. Era raro. De eso se nutrió, pero también siempre me decía: ”amigo, tenés que escuchar música nueva“. Fue uno de los primeros en grabar un corrido tumbado cuando acá nadie lo hacía”, dice el productor Marcos Morón, de 25 años, que lo acompañó desde los inicios.

Milo J, que se presentará el 11 de febrero en Cosquín Rock, se define como un melómano, una persona que no puede dejar de escuchar música. Entre sus influencias aparecen artistas como Kid Laroi, Neutro Shorty, Justin Bieber, Myke Towers, YSY- A, y referencias culturales de otros géneros y otras épocas: en “Fruto”, una de las brillantes canciones de su Ep con Bizarrap hay una cita del salsero Héctor Lavoe y el sample de “A estos hombres tristes” de Almendra, disco de 1970.

En noviembre de 2023, abrió su presentación en el festival Primavera Sound en Parque Sarmiento con el audio de un recitado de Facundo Cabral, y su actuación se hizo viral por una versión de “Los Dinosaurios” de Charly García. El tema forma parte del álbum del disco Clics Modernos, cuya tapa está impresa en una mesita, donde Milo J, apoya los pies cuando está jugando a la play en el living de la casa donde vive con sus padres y hermanos. 

Camilo Joaquín Villaruel, nació el 28 de octubre de 2006, en Morón, en un hogar de clase trabajadora sin antecedentes artísticos, donde se escuchaba mucha música. “De bebé me gustaba mucho Intoxicados. Me ponía a bailar cuando escuchaba al Pity”, contó Milo J en un vivo que hizo para sus seguidores.

Empezó a escribir sus primeras rimas y a rapear a los diez años, entusiasmado por su hermana que estaba metida en el ámbito de las competencias de freestyle, a la par que empezaba a soñar con ser jugador de fútbol. “Fue todo progresivo. Jugaba a la pelota en Sacachispas y tenía mis temas. Me di cuenta que era muy difícil y frustrante el camino del fútbol. Ahí tuve que decidirme. Le metí a la música en ese momento y me dediqué al cien”, contó Milo J en una entrevista de hace un año para el programa de stream The Mila Show.

El productor y artista Marcos Morón compartió esos inicios. Recuerda esa tarde de 2021 cuando un Milo J de apenas 13 años llegó a su estudio de la calle Corrientes 4071 del barrio Texalar con un amigo. Marcos recuerda: “Lo había visto en un video y por la voz parecía más grande. Estaba esperando en la puerta del estudio, cuando veo llegar a dos pibitos, dos nenes, y uno me dice: 'soy yo'”.

Ese día, Camilo grabó sus primeras rimas sin fallar ninguna nota. En un descanso, el productor le enseñó como usaba los comandos de la computadora y cuando volvió de fumarse un cigarrillo, Milo J, ya se había grabado solo. Al otro día, volvió para terminar la mezcla de la canción. Se vio reflejado en ese adolescente que estaba necesitando los medios para profesionalizarse y le propuso un trato.

-Si te comprometes, te presto la compu las tardes que no la uso.

-Amigo, no me interesa la calle, sólo me interesa la música.

Milo empezó a ir todos los días a grabar sus maquetas y se hicieron amigos. Marcos fue testigo de ese adolescente que tenía muy claro su camino. Era un alma vieja en el envase de un niño. Cuando llegaba a un estudio nuevo, lo miraban raro, por su sonido -esos bajos bien explotados-, sus melodías, su intuición para producir, su registro grave y su estilo.

En la era del autotune, el chico de Morón es un distinto, un artista destinado a las grandes cosas. En su adn musical tiene una mezcla de pasado, presente y futuro: canciones con las que se pueden identificar personas de diferentes culturas y generaciones

“El no necesitaba nadie que lo dirigiera artísticamente porque todo lo tenía en la cabeza. Lo que tiene distinto es que no se censura y no se limita. Mantiene su esencia y no se adapta a la música que está sonando. Cuando todos sacan discos de trap, él saca un disco acústico”, dice Morón, uno de los fundadores de la comunidad artística Bajo West, de la que surgió Milo J.

En su sólido disco debut 111, producido por Evlay y Tatool, se corre de los ritmos urbanos para poner el foco en la canción. Con las colaboraciones de Peso Pluma, Nicki Nicole, Yami Safdie y Yahritza y su Esencia, da paso al trovador contemporáneo de atmósferas acústicas, para contar todo el proceso de enamoramiento, fragilidad y ruptura de una relación.

“Hace algo muy raro con la música, medio que parece un bolerito, algo folklórico, o medio triste. Es rara la conjunción de cosas. Parece un señor cantando. Frente a lo que sea autotune, es totalmente distinto. Es lo que hace que tenga tanto éxito”, dice la periodista musical Patricia Festa, que sigue de cerca la movida urbana.

En la era del autotune, el chico de Morón es un distinto, un artista destinado a las grandes cosas. En su adn musical tiene una mezcla de pasado, presente y futuro: canciones con las que se pueden identificar personas de diferentes culturas y generaciones.

Hace unos meses, Milo J hizo un vivo en su perfil de Instagram, desde esa misma habitación de la casa, donde escribió sus primeros versos, aprendió a producir con tutoriales en internet y donde le bajaron las melodías que ahora dan vueltas alrededor del planeta. Allí se puede ver la frescura de un pibe de barrio que no olvida su origen (en julio de 2023 dio un show gratuito en Morón para 50 mil personas y tiene una canción con el número postal de su ciudad “1708”), y lleva una vida familiar que lo resguarda del fenómeno y el negocio de la industria que hay a su alrededor. Mientras se ceba el mismo mate que después lleva a todos los conciertos y lo hace sentir en casa, dice desde ese refugio íntimo que es su comunidad, que todo lo que hace tiene que ver con la honestidad.

 ¿Cómo llamarías a tu estilo de música?, le preguntó en el vivo de Instagram un seguidor.

 -Ser yo mismo. Ese es mi estilo

GP/CRM

Etiquetas
stats