Berlinale

Paul B. Preciado destruye los géneros con su brillante revisión al ‘Orlando’ de Virginia Woolf

Javier Zurro

Berlín —

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El canal Arte le propuso a Paul B. Preciado realizar un documental sobre él. Una autobiografía filmada. El filósofo español pensó que para qué iba a escribir y hablar sobre una vida que ya se había contado mejor. La vida de Paul B. Preciado y la de tantas mujeres y tantos hombres trans la contó Virginia Woolf en 1928 en Orlando. La autora habló casi un siglo antes de que la Ley Trans se aprobara en España de la transición, de lo queer, de los prejuicios, del juicio de una sociedad, de la presión de unas instituciones para las que todo es binario, para las que no tener un papel que diga si eres hombre o mujer es motivo de marginación y burla.

Orlando es una obra icónica para el colectivo trans y ya tuvo una versión cinematográfica, la que realizó Sally Potter en 1992 con Tilda Swinton como protagonista. Los tiempos cambiaron, y el momento actual de cambio y de activismo del colectivo pedía a gritos una revisión. No tenía sentido una visión académica y protagonizada por una actriz cis. Por eso se antoja importante, necesaria y valiente la nueva mirada de Paul B. Preciado sobre el clásico en Orlando, ma biographie politique, su debut en la dirección que se pudo ver en la sección Encounters del festival de Berlín.

Este Orlando es la biografía del filósofo y ahora director, pero es mucho más, es la biografía de tantas personas que no han tenido dónde contar su historia. Que no han sido escuchadas. Que han sido sometidas a la tortura de unos psicólogos que tenían que dejar por escrito que estaban enfermos para que se les hiciera caso cuando pedían cambiarse de género. Para Preciado el género es un constructo, una ficción, igual que una ficción es su película, e igual que una ficción es el pasaporte o el DNI que dice si somos hombre o mujer, sin que haya nada en medio. Categorías estancas que dejan a mucha gente fuera.

En su película hay muchos Orlandos. Muchas historias reales que miran a cámara, dicen su nombre y dicen que en esta película ellos serán Orlando. Su historia real se intercala con fragmentos del libro de Virginia Woolf, y de su mezcla surgirá un nuevo libro, una nueva ficción que toma los mimbres del clásico y las miradas de los Orlandos reales. “Toda vida individual es una historia colectiva”, se escucha en la película. Y estas vidas individuales se convierten en collage colectivo para representar a todas y todos. 

Trabajadoras sexuales, jóvenes a los que les dijeron que su problema era que no aceptaban su obesidad para no dejarlos ser quienes eran realmente. Todos ellos son Orlando y todos ellos reescriben la obra original con sus testimonios. Preciado los viste de época, muestra el artificio del rodaje, pero nunca deja de innovar y crear. Hay números musicales sobre la hormonación, momentos de una belleza que impresiona y decisiones estéticas (y éticas) originales y brillantes, como esa operación del libro de Virginia Woolf en la que se sustituyen las ilustraciones originales por fotografías de las personas reales. Personas que han decidido operarse, personas que han decidido no operarse. 

En ese instante se produce un momento único, cuando el propio Paul B. Preciado pone una imagen de cuando era una niña en Burgos delante de dos cabezudos, un hombre y una mujer, símbolos del binarismo que él quiere derribar. Símbolos de una España reaccionaria donde ella no encajaba. Como deja claro el título esta es una biografía política, porque toda biografía lo es, pero también es un canto de esperanza. Lo es en forma de final emocionante, con esos niños y niñas que escuchan el discurso de Elsa, la niña trans que en 2019 en la asamblea extremeña pidió leyes que impidieran la marginación y el bullying a su colectivo.

Preciado también hace una defensa de esa etiqueta, trans. Las personas a las que da voz la reivindican. No quieren ser solo un hombre o una mujer, sino que quieren ser una ‘mujer trans’, porque en su camino ha habido mucha lucha, mucho sufrimiento, y quitarla sería eliminar todo lo luchado hasta ese momento.

En su biografía política hay espacio para el humor, para la emoción, para la crítica y hasta un recuerdo para Godard. Una destrucción de los géneros cinematográficos por parte de un filósofo que quiere destruir los géneros (masculino y femenino). Su Orlando termina con un cameo a la altura de la propuesta, el de una Virginie Despentes, que ya prologó su libro Un apartamento en Urano, que aparece como jueza que otorga, en la película, ese papel que acredita una identidad que el estado les niega y que los convierte en centro de ataques. “Por los poderes que me han confiado Virginia Wolf y la literatura, otorgo la ciudadanía y la no binaridad”, dice la jueza Despentes en un momento luminoso, feliz y, cómo no, político.

Cine libérrimo, arriesgado y que golpea con la palabra de todos esos Orlandos que, como reza la sinopsis oficial “arriesgan su vida a diario al verse obligado a enfrentarse a las leyes gubernamentales, la historia y la psiquiatría, así como a las nociones tradicionales de la familia y el poder de las compañías farmacéuticas”, porque “el cambio ya no se trata solo de género, sino también de poesía, amor y color de piel”.

JZ