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Medios y política

El caso Canosa y todas las pieles de América

Viviana Canosa tomó dióxido de cloro en cámara como tratamiento preventivo contra el coronavirus

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En el siglo veintiuno, en países con gobiernos democráticos, intentar que un contenido deje de circular muchas veces es garantía de amplificarlo. Por eso, no siempre es fácil identificar víctimas y victimarios cuando una denuncia de censura irrumpe escandalosamente en la escena. 

Tal es el caso de la acusación de Viviana Canosa y su equipo: denunciaron que el canal no les dejó pasar un escrache a Sergio Massa en Santa Fe, en donde un grupo de cinco o seis personas llamaron al Ministro para insultarlo y lo grabaron con un celular. Ante eso, Canosa se quejó de “censura previa” y decidió romper su vínculo con A24, la señal de noticias del Grupo América en donde se emitía su programa. El efecto fue, desde ya, el contrario: todos los medios y las redes se hicieron eco de la prohibición y, por ende, del escrache. Pero además, posaron un manto de sospecha sobre la interferencia política de Sergio Massa en la línea editorial del grupo, propiedad, entre otros,de Daniel Vila y José Luis Manzano, en donde también entró como accionista de peso en 2017 Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical Group. Vila -especialmente- y Manzano son amigos de Massa y estuvieron presentes en su festiva asunción. El primero giró por algunos medios durante la semana explicando su punto de vista. Le dijo a Ernesto Tenembaum en Radio con Vos que estaba sorprendido del revuelo que había tomado la decisión: “Creo que es un conflicto que no encuentro donde está porque yo con Viviana he tenido siempre la mejor relación, siempre hemos tenido un gran diálogo. Hace tiempo que trabajamos juntos, que ella trabaja en el canal y se tomó una decisión editorial que tenía que ver con la cantidad de escraches que se habían hecho a personas públicas. Y, en lo personal, me parecía que eso generaba un estado de conmoción y de violencia que no era necesario mostrar”. Fuentes internas del programa también adscriben a la hipótesis sobre un “malentendido”. Mientras, se especula con la próxima empresa que albergará a Viviana Canosa, devenida en referente mediático de la derecha que hace de su furia con el presente una línea editorial y política.  

La novedad de las declaraciones de Vila no es necesariamente el llamamiento a la moderación sino la explicitación de una flamante decisión de tipo editorial que no pocos vincularon a la asunción de Sergio Massa como Ministro de Economía con un paraguas que agrupa a otros ex ministerios. Vila, por supuesto, lo niega. 

La relación Vila-Massa es una amistad blanqueada y conocida, a diferencia de otros vínculos entre empresarios de medios y políticos. Permanentemente aparece como un palpable o potencial condicionamiento de la línea editorial del Grupo América y de los negocios que el grupo Vila-Manzano tiene con el Estado (como la propiedad de Edenor, junto con el empresario Mauricio Filiberti). Ante esto, la lectura puede ser muy simple: Massa agranda su poder en el gobierno del Frente de Todos, el gobierno es más “su gobierno” que antes, y América, como en espejo, corta los contenidos que lo perjudican. Renueva su pantalla al ritmo del Frente Renovador y así es como el programa A río revuelto, conducido por Gonzalito Rodríguez, reemplaza los escraches de la crispada y dramática Canosa.

Pero la línea editorial de América es algo más sinuosa. De hecho, durante el macrismo, sus pantallas alojaron cómodamente a María Eugenia Vidal y fueron plataforma del caso del falso abogado Marcelo D’ Alessio –un experto en narcotráfico acusado de articular una red extorsiva de espionaje–. Pero luego de las PASO de 2019, Daniel Vila utilizó su propia pantalla para denunciar que Mauricio Macri lo había extorsionado para que devolviera una franja del espectro radioeléctrico. Macri le devolvió gentilezas en su libro Primer tiempo, en donde se refirió a Vila como un claro ejemplo del círculo rojo “que considera que la ley debe aplicarse a todos los demás menos a sí mismo”. Ahí lo acusó de querer apropiarse de una frecuencia sin pagar. En reuniones privadas, un año y medio después de haberse ido del gobierno, Macri lo seguía ubicando entre los pasajeros indispensables del cohete a la luna que se llevaría a los indeseables de la Argentina.

Entre los argumentos de Daniel Vila para negar un giro oficialista en el affair Canosa o una interferencia de Massa, rankea alto la diversidad de miradas y perfiles periodísticos que ciertamente confluyen en el continente de América. Tan diversificada está la línea editorial que durante la Fase 1 de la pandemia, uno de los dueños del grupo, Claudio Belocopitt, también presidente de la Unión de Entidades de Salud, pasó horas en los estudios de sus canales. Mientras que gritaba por la pantalla que la gente tenía que respetar la cuarentena, en otro canal, el 9, Viviana Canosa tomaba dióxido de cloro y se hartaba histriónicamente de las prohibiciones. Pocos meses después de ese evento, la conductora se acomodó en el prime time de A24. Así como hoy Vila no quiere contribuir al “estado de conmoción”, en ese momento el grupo convocó a una referente en eso de llamar a desoír las restricciones oficiales por la pandemia para reemplazar a Jony Viale y Eduardo Feinmann, ambos exportados de América a LN+ como punta de lanza del traspaso de Juan Cruz Ávila al canal de los Saguier. La crispación trae rating pero el grupo prefiere diversificar negocios y también su propuesta periodística. En 2021, Belocopitt fue entrevistado cordialmente por Canosa en la pantalla de A24.

Aun con Canosa en su versión ignífuga y con Baby Etchecopar picanteando la pantalla en un turno más vespertino, coexisten con ellos Antonio Laje, Maximiliano Montenegro, Rolando Graña, Catalina D'Elía, Edi Zunino o Marcela Pagano, un crisol de cosmovisiones y carreras periodísticas pero también de decibeles y tonos. Ni hablar de que mientras Viviana Canosa llama a boicotear a Disney por “romper las pelotas con la ideología de género” al anunciar que el 50% de sus personajes va a ser de la comunidad LGBTQ+, Flor de la V conduce Intrusos por la pantalla de América.

Vila -y tantos otros- ven en ese abanico una cualidad plural en sus medios. La del pluralismo, en un contexto de medios más homogéneos, es una lectura posible. Pero esa versatilidad también le ha permitido al grupo adaptar con agilidad su perfil más oficialista o más opositor y calibrar la intensidad de su moderación respecto del gobierno de turno en distintos momentos de su mandato, en función de sus intereses y los de las empresas bajo su órbita. Ese aspecto camaleónico, y no solo una amistad entrañable, une al Grupo América con el líder del Frente Renovador.

Durante esta semana convulsionada, Mauricio Macri habló de censura (también de buenas intenciones) y de libertad. No fue el único que utilizó la ocasión para reeditar su inquina contra Vila, aunque no lo nombró en su tuit. De parte del Grupo Indalo, propiedad de Cristóbal López y Fabián de Sousa, aprovecharon la exposición de las costuras de los medios después del conflicto con Canosa para acusar al mendocino en un editorial sin firma en Ámbito de haberse querido quedar con los de Indalo durante el macrismo, cuando sus dueños habían sido encarcelados: “Vila está acostumbrado al juego de la política interviniendo en lo que debería ser el normal desempeño de la prensa y la libertad de expresión. De hecho, trató de sacar rédito económico de ese juego”, lanzó el editorial. 

A diferencia de lo que pasaba durante los gobiernos de Cristina Kirchner, cuando los medios con más vinculación con el gobierno mostraban un oficialismo nítido y en bloque, en un gobierno de coalición ahogado en internas, los medios cercanos a las diversas facciones tampoco ocultan sus rispideces. La interna del Frente de Todos, incluyendo el avance del Frente Renovador y sus efectos internos, también se mira por tevé.

NS

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