Cefalea, migraña o jaqueca: ¿cómo se distinguen estos dolores de cabeza?

Una persona que padece un dolor de cabeza

Mercè Palau


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Muchas personas sufren dolor de cabeza de forma ocasional en algún momento. De hecho, el 51% de la población europea afirma sufrir dolor de cabeza de manera habitual y un 4% cefalea crónica, es decir, con dolor más de 15 días al mes. Las mismas cifras se repiten a nivel mundial según un informe de la Organización Mundial de la Salud.

El término cefalea es el nombre técnico que suele usarse para el dolor de cabeza, una afectación neurológica muy habitual y comuna sobre todo en mujeres. Pero a menudo solemos confundir términos que designan realidades distintas.

Jaqueca, cefalea o migraña son algunas de las denominaciones que acostumbramos a usar como sinónimos para referirnos al dolor de cabeza. Sin embargo, no son lo mismo (al menos no todos). ¿Cómo podemos diferenciarlos? ¿Qué síntomas debemos considerar? ¿Cuáles son los factores desencadenantes?

Dolor de cabeza o cefalea

Cuando analizamos la cefalea como síntoma, sea cual sea la intensidad, la prevalencia es muy alta, constituyendo el primer motivo de consulta en los servicios de neurología, según el Manual de Práctica Clínica de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), 

Dentro de lo que conocemos comúnmente como dolor de cabeza, los expertos han descrito un amplio conjunto de cefaleas. La lista es larga, pero si nos fijamos en la clasificación de la International HeadacheSociety (IHS), que distingue más de 200 formas distintos de dolor de cabeza, los resume en 13 apartados según su etiología. 

En líneas generales, los dolores de cabeza suelen dividirse en dos grupos, una clasificación que, a falta de un marcador que determine claramente el tipo de dolor, se fundamenta en los síntomas que cuentan los pacientes: las cefaleas primarias, entre las que se encuentran sobre todo las migrañas o jaquecas y las cefaleas tensionales; y un segundo grupo que incluye las cefaleas secundarias, en las que sí existe una causa que las genera y que puede ser el síntoma de otra enfermedad, como alteraciones oculares y fiebre o el uso inadecuado de medicamentos.

En la mayoría de los casos, la sensación de dolor se localiza en la frente, en los dos lados de la cabeza y, en ocasiones, en la nuca y el cuello. De inicio gradual, suele empeorar con el paso de las horas, con una intensidad de ligera a moderada.

Migraña, más allá de un simple dolor de cabeza

La migraña o jaqueca, un trastorno serio del sistema nervioso, afecta a un 13% de la población española, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). De hecho, se trata de una de las consultas más frecuentes que tienen que atender los neurólogos. 

La migraña, que es de dos a tres veces más frecuente en las mujeres, es una de las cefaleas más frecuentes que suele provocar un dolor que se localiza en un lado de la cabeza, en la zona de la sien, es un dolor que se siente como “martillazos”; se suele acompañar de ganas de vomitar, con malestar ante la luz y el ruido (ambos a la vez). Se calcula que, de las personas que sufren migraña, el 60% tiene antecedentes familiares. Por tanto, aunque el dolor de cabeza es el síntoma más conocido y el más visible, no es el único. 

De hecho, la migraña constituye un proceso constitucional, es decir, nacemos con varios genes que nos hacen propensos a tener este tipo de cefaleas, y crónico porque no tiene cura. “La migraña es un síndrome, es decir, tiene varias causas”, matiza el doctor Jaime S. Rodríguez Vico, especialista del Servicio de Neurología y Coordinador de la Unidad de Cefaleas de la Fundación Jiménez Díaz y responsable de Cefablog. “Nosotros heredamos un conjunto de genes ‘migrañosos’” de nuestro padre y madre, que aumentan las posibilidades de sufrir migraña.

Por tanto, la migraña va mucho más allá de un simple dolor de cabeza y de un proceso pasajero y benigno. En general, los ataques de migraña, que pueden tener efectos también en la memoria, el lenguaje e incluso en la conducta, son limitados en el tiempo, con una duración de entre cuatro horas y tres días.

Puede repetirse con una frecuencia variable. Si superan los 15 días al mes, hablamos de migraña crónica. Las crisis de migraña suelen desencadenarse por varios motivos, como factores emocionales como el estrés; hormonales como la menstruación; alimenticios; o ambientales como olores fuertes, luces brillantes o cambios atmosféricos bruscos. 

De naturaleza crónica y discapacitante, el dolor está causado por una inflamación alrededor de las arterias situadas en las meninges, la única parte dolorosa que envuelve el cerebro, lo que provoca que la persona no pueda llevar a cabo las actividades rutinarias del día a día. Es tal la discapacidad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha categorizado como una de las diez causas principales de años vividos con discapacidad.

A pesar de la complejidad a la hora de hablar del proceso migrañoso, la epigenética aporta un poco de luz para entender los distintos sistemas neurales (serotoninérgico, dopaminérgico, glutamatérgico, etc.), clave a la hora de poder llegar a un diagnóstico.

MP

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