EL AUMENTO DE LA LUZ ARTIFICIAL

El fin de la “bolita negra”: los datos muestran que nos dirigimos hacia un planeta “sin noche”

Antonio Martínez Ron

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Los datos actualizados del proyecto “Bolita negra” (“Black Marble”) de la NASA muestran de forma inequívoca que la noche en nuestro planeta es cada vez más brillante, con un aumento neto del 16% en la radiancia total de la luz artificial nocturna entre 2014 y 2022. Esta luz artificial, procedente de las ciudades y diferentes actividades humanas, está produciendo “una aceleración de los procesos que modifican el entorno nocturno, impulsada por fuerzas cada vez más potentes”, dice el estudio. Y lo más preocupante: a pesar de que muchos países han emprendido políticas para intentar atenuarlo, el aumento de la luminosidad crece a un ritmo más rápido que el número de habitantes del planeta.

Estos datos proceden del análisis de más de un millón de imágenes satelitales diarias de alta resolución capturadas por el proyecto Black Marble de la NASA entre 2014 y 2022, publicado hace unos días en la revista Nature. En el trabajo, los científicos han descubierto que la noche terrestre sufre fluctuaciones constantes que hasta ahora no se habían detectado porque los mapas de la luz nocturna del planeta se construían promediando datos de meses o incluso años enteros en una sola imagen compuesta. 

La gran novedad de este estudio es que analiza imágenes satelitales tomadas día a día, una resolución temporal que ha permitido detectar variaciones abruptas y efímeras que antes quedaban invisibles en los promedios anuales, como el apagón por los huracanes en Puerto Rico, los cortes de luz por la guerra de Ucrania o el oscurecimiento súbito de las ciudades durante la pandemia. “La Canica Negra de la Tierra no solo se está volviendo más brillante, está pulsando con una volatilidad cada vez mayor, haciendo eco del latido amplificado de la actividad humana”, dicen los autores.

El equipo de investigación, liderado por Tian Li y Zhe Zhu de la Universidad de Connecticut, ha utilizado un nuevo algoritmo para analizar 1,16 millones de imágenes satelitales recopiladas diariamente durante nueve años, aproximadamente a la 1:30 a. m. (hora local), por el conjunto de radiómetros de imágenes visibles e infrarrojas (VIIRS). Según la NASA, estos sensores, del tamaño de un refrigerador y que orbitan la Tierra a más de 25.750 km/h, pueden detectar fuentes de luz “a la escala de una caseta de peaje en una carretera oscura”.

Asia resplandece y Europa está azul

Los datos estadísticos indican que la intensidad de los eventos de aumento de luz (“brightening”) está creciendo a un ritmo constante por año y que la aparición de zonas donde se atenúa no compensa el aumento de las que empiezan a emitir. Ese 16% de aumento neto de la luminosidad es el resultado de restar el 18% de atenuación al 34% de brillo añadido en otros lugares, siempre respecto a 2014.

En cuanto a las regiones, Australia muestra tendencias de aumento exclusivamente al alza en esta intensidad, igual que Estados Unidos, donde destaca el fuerte brillo emergente de la Costa Oeste y la expansión horizontal suburbana. El África subsahariana también emite una contundente señal de progreso iluminando vastas regiones previamente oscuras. Pero el epicentro de este crecimiento lumínico, según los autores del estudio, se encuentra en Asia, con China e India a la cabeza, que acumulan la mayor superficie de cambio de todo el planeta.

Este aumento de la luz en Asia responde a una combinación sin precedentes de rápida urbanización, expansión industrial y agresivos programas de electrificación rural. En el caso de China, la explosión de luz se concentra intensamente en sus regiones orientales y centrales, emitiendo señales de alta intensidad que reflejan una estrategia de “urbanización vertical” y conversión masiva del territorio. Por su parte, la India exhibe un patrón dual: mientras el sur del país mantiene un brillo sostenido impulsado por su pujante desarrollo económico, las zonas del norte han experimentado un fuerte aumento lumínico gracias a los planes nacionales para instalar alumbrado público y llevar la red eléctrica a poblaciones que históricamente permanecían a oscuras

En Europa, los autores consideran que las luces LED y las medidas de ahorro energético son la causa de una menor contaminación lumínica en París y en toda Francia (una reducción del 33%), el Reino Unido (una reducción del 22%) y los Países Bajos (una reducción del 21%). Durante este periodo de observación también se registró cómo las noches europeas se oscurecieron drásticamente en 2022, durante una crisis energética regional que siguió al estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Sin embargo, y aunque los autores señalan que Europa presenta “un patrón de atenuación particularmente claro y estructurado”, el astrofísico español Alejandro Sánchez de Miguel, uno de los mayores expertos mundiales en contaminación lumínica, lo pone en duda, ya que el propio trabajo reconoce que el instrumento satelital con el que toman los datos es menos sensible a la luz azul que emiten los LED.

“Europa se está haciendo más azul y el satélite es ciego al azul”, argumenta el experto. “El ejemplo clásico es Milán. Cambiaron el alumbrado y, aunque para el ojo humano la intensidad del suelo era la misma, para el satélite hubo una reducción del 50%. Ellos dicen que desde 2014 la luz ha aumentado un 16%, pero eso es solo el mínimo; ha tenido que aumentar más”. 

“El fracaso de la revolución LED”

Para Sánchez de Miguel, estas cifras oficiales son solo una subestimación y, aunque los satélites reportan incrementos de luminosidad del 16%, esta cifra es solo el mínimo absoluto o la cota inferior. Además, señala, existen intereses comerciales e industriales vinculados a monopolios de fabricantes que han priorizado la venta e instalación masiva de luces blancas frente a alternativas más cálidas y sostenibles. “Por otro lado, pasar de la luz naranja a la blanca tiene un impacto gravísimo en la melatonina de muchas especies y fomenta problemas epidemiológicos como el mosquito tigre”, recuerda. “Todo esto es un fracaso de la revolución LED. Prometían reducir la contaminación, pero es contraproducente por el efecto rebote de esta tecnología, como es más barata, iluminamos más”, afirma este experto.

Todo esto es un fracaso de la revolución LED. Prometían reducir la contaminación, pero es contraproducente por el efecto rebote de esta tecnología, como es más barata, iluminamos más

El astrofísico Salvador Jose Ribas, director del Parc Astronòmic Montsec (PAM) y experto en contaminación lumínica de la Universidad de Barcelona (UB), destaca que el hecho de caracterizar la luz artificial con datos diarios tiene mucha relevancia desde el punto de vista geográfico e incluso sociológico, porque se ven las consecuencias de guerras, pandemias y diferentes actividades humanas. Sobre la supuesta reducción de luminosidad de Europa, comparte el escepticismo de su colega: “Con otras técnicas no se acaban de apreciar estas reducciones que ellos ven, simplemente porque el satélite es muy poco eficaz a la hora de detectar las componentes más azuladas”. 

“La conclusión es que vamos hacia la desaparición de la noche, cada vez más la noche va desapareciendo”, subraya Sánchez de Miguel. “Estamos con una tendencia a crecer la luz en la noche y eso desemboca a que cada vez menos lugares tendrán cielos prístinos y en muchos de ellos cada vez serán menos excepcionales”, coincide Ribas. “Sobre todo si no se apuesta por un uso racional de la luz y se usa solo cuando se necesita”, concluye.