Bolsonaro recibió el apoyo de un asesor de Trump para impugnar el resultado electoral

La justicia electoral rechazó la demanda presentada por el Partido Liberal de Jair Bolsonaro para que se procediera a revisar los resultados de las elecciones del 30 de octubre, ante sospechas de “mal funcionamiento de las urnas electrónicas”. Pero en esta trama, que busca recolocar a JMB en el Palacio del Planalto en 2023, no solo intervinieron personajes locales. Hubo una participación directa de figuras internacionales como el ex presidente norteamericano Donald Trump y su asesor de estrategias Steve Bannon

Así lo informó el Washington Post, al relatar hace dos días que el diputado Eduardo Bolsonaro estuvo en Miami y otra ciudad de Estados Unidos, donde se entrevistó con ellos después de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. Bannon confirmó la conversación con Eduardo, donde ambos abordaron cómo debía manejarse “la fuerza de las movilizaciones pro Bolsonaro” así como “los potenciales desafíos que presenta el resultado de los comicios”. Según el Washington Post, también Jason Miller –otro de los ex asesores de Trump—discutió con el diputado Eduardo el tema referido a “la libertad de expresión y la censura digital”. En la entrevista con el ex presidente norteamericano, ocurrida en un lujoso hotel,  Bolsonaro hijo recibió un consejo: abordar en forma  inmediata la impugnación de los resultados electorales. 

Al impugnar la petición, el magistrado Alexandre de Moraes la calificó con términos de alto voltaje: “Inconsecuente, ilícita y que atenta ostensivamente contra el Estado Democrático de Derecho”, dijo.

Las movilizaciones pro Bolsonaro continúan aún por estos días, solo que se trasladaron a las puertas de los cuarteles en las principales capitales del país, donde disconformes con el desenlace de los comicios, los manifestantes siguen con la exigencia de la intervención militar. Lo cierto es que el jefe de Estado, ante el rebote judicial de su requerimiento para inhabilitar 279.000 urnas electrónicas, por presuntos desperfectos no comprobados, hoy decidió discutir los nuevos pasos a dar en los próximos días con la cúpula de las Fuerzas Armadas. Estuvo reunido en el Palacio de la Alvorada, la residencia oficial, con los comandantes del Ejército, Marco Freire Gomes; de la Marina, Almir Garnier y de la jAeronáutica Carlos de Almeida Baptista.

 A ellos se sumó el general Walter Braga Netto, candidato a vice de la fórmula derrotada. Todo indica que pesó fuerte en el debate de este mediodía la estrategia seguida por el juez de Moraes, titular del Tribunal Superior Electoral. Ocurre que el magistrado aplicó, además, una multa al Partido Liberal de 4,4 millones de dólares, por haber creado un litigio “de mala fe”. Junto al PL también fueron sancionados otras dos agrupaciones que formaron parte de la coalición oficialista: el Partido Progresista y el Republicanos.

En el Planalto, la secretaría de prensa presidencial informó que ministros y generales habían conversado sobre la participación de Bolsonaro en una reunión de la Academia Militar de las Agujas Negras, el próximo sábado en Río de Janeiro. Trascendió, además, que en esa cita algunos jefes militares cuestionaron la actitud punitiva de Moraes y sugirieron que el próximo paso debe ser poner el caso en manos del Supremo Tribunal Federal. Es difícil suponer, sin embargo, que algo podrá cambiar cuando intervenga la Corte; primero, porque Moraes forma parte de esa máxima instancia judicial. Pero además, las relaciones de Bolsonaro con los 11 miembros de la institución fueron de constante hostigamiento a lo largo de sus cuatro años de gobierno.

De acuerdo con distintos medios, los altos mandos de las FFAA critican el accionar del tribunal electoral. Juzgan que el TSE “no realizó ningún esfuerzo de comunicación para explicar en forma clara el rechazo de la presentación judicial del oficialismo”. A juicio de los oficiales, “los manifestantes bolsonaristas no confían en el Poder Judicial, al que ven como parcial” y, deducen, que deben continuar las protestas.

En el grupo de transición del próximo gobierno, el que comanda el vicepresidente electo Geraldo Alckmin, presumen lo mismo: que  los episodios no cesarán. No le otorgan con todo un papel decisivo para el devenir del cambio de gestión, pero sí juzgan que habrán de perturbar las tareas a que obliga la ley, sobre los mecanismos de traspaso de mando del gobierno saliente al que está por venir. No obstante, no todo es obstáculo. El equipo de transición percibió señales positivas procedentes de los cuerpos de Ejército, Marina y Aeronáutica, en el sentido de acelerar el cambio de mandos en las tres fuerzas antes que termine el gobierno de Bolsonaro en diciembre. Así darían lugar al ingreso de nuevos jefes nombrados por Lula. 

EG/MG