Las sociedades que crecieron bajo controles estrictos suelen tener dificultades para modificar hábitos cuando la situación cambia. En el caso de China, el intento de alterar un patrón demográfico arraigado puso al país ante un problema que pone en jaque la economía por culpa de una severa planificación estatal.
La política que durante décadas limitó los nacimientos se transformó en una estrategia desesperada para impulsarlos, aunque los resultados hasta ahora fueron mínimos. Lo que antes se consideraba un exceso de población se convirtió en una escasez que amenaza la estructura misma del país, y con ello la sostenibilidad de su modelo productivo.
Pekín intenta revertir la caída de la natalidad con medidas que apenas funcionan
El gobierno chino intenta revertir una fuerte caída de nacimientos tras años de control de la fertilidad, de acuerdo con Fortune. En 2024 y 2025 la tasa descendió un 17%, el nivel más bajo desde 1949. Pekín eliminó ventajas fiscales para anticonceptivos, condones y píldoras, buscando desincentivar su uso y animar a las familias a tener hijos. Xi Jinping llegó a pedir públicamente a las mujeres que aumenten la natalidad, pero las políticas no lograron resultados. La población envejece, y el número de muertes supera al de nacimientos.
Otros países de Asia vivieron un proceso similar. Corea del Sur, que registra la tasa de fertilidad más baja del mundo con 0.7 hijos por mujer, lleva dos décadas ofreciendo ayudas a los padres. Desde 2006 el Gobierno invirtieron más de 200.000 millones de dólares en programas para promover los nacimientos, sin éxito.
En Singapur, las autoridades probaron bonificaciones fiscales, permisos de maternidad pagados y campañas públicas. Incluso una marca de caramelos, Mentos, lanzó un anuncio para fomentar la “noche nacional” como iniciativa para aumentar los embarazos. Nada cambió: la tasa sigue en 1.2.
Los cambios sociales complican aún más el aumento de nacimientos
China, mientras tanto, tuvo que girar por completo su política. Pasó de la imposición del hijo único, establecida en los años 70 y mantenida durante décadas, a la autorización de dos hijos en 2015 y tres en 2021. La medida pretendía provocar un repunte en los nacimientos, pero no lo consiguió. La natalidad continuó bajando hasta 1.0 hijos por mujer en 2024. Entre tanto, el coste de criar un niño subió hasta unos 538.000 yuanes, que viene a ser poco más de 65.500 euros, hasta los 18 años, lo que disuade a muchas parejas.
Un padre entrevistado por la BBC explicó que el nuevo impuesto del 13% sobre los anticonceptivos apenas cambia nada: “Una caja de preservativos cuesta cinco yuanes más, a lo sumo veinte. En todo un año no supone ni mil yuanes, es asumible”, dijo.
Los cambios sociales también influyen. La modernización ha ampliado la formación y el empleo de las mujeres, lo que lleva a retrasar la maternidad o renunciar a ella. Muchos matrimonios prefieren centrarse en la estabilidad económica antes que en formar una familia. Las parejas urbanas, en especial, valoran el coste de vivienda, educación y sanidad como barreras casi infranqueables. Según el sociólogo Wang Feng, de la Universidad de California, “las pruebas de otros países muestran que los incentivos económicos apenas influyen en el aumento de la natalidad”, una idea que repitió en declaraciones al New York Times.
El envejecimiento rápido ya afecta al mercado laboral y al sistema de pensiones. Cada año disminuye el número de personas en edad de trabajar, lo que obliga a cubrir la demanda con mayor productividad o con automatización. Las cifras oficiales apuntan a un desequilibrio que va a más: más de 11 millones de muertes frente a 7,9 millones de nacimientos en el último año contabilizado. Además, la tendencia arrastra consecuencias económicas y sociales que se acumulan con el tiempo.
La demografía se convierte en un freno que puede cambiar el modelo chino
Los especialistas en demografía, como Dudley L. Poston Jr., profesor de Sociología en Texas A&M University, consideran que China ha caído en la llamada trampa de baja fertilidad. Según explicó en su análisis, una vez que el índice baja de 1.5 hijos por mujer, resulta casi imposible subirlo de forma sostenida. La transformación del país durante la industrialización redujo voluntariamente la natalidad, y ahora ese proceso es difícil de revertir. Las medidas actuales, como los subsidios de 3.600 yuanes por niño menor de tres años, tienen un alcance limitado frente al peso de los factores culturales y económicos.
La población china ha comenzado a reducirse desde 2022, y los expertos creen que el descenso continuará. Aunque el crecimiento económico todavía ronda el 5% anual, la demografía amenaza con dejar al país con millones de trabajadores menos en pocos años. Es un cambio estructural que ya no depende de impuestos ni de campañas, sino de una decisión conyugal difícil de alterar una vez fijada.